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Hora Santa: Febrero 2010

1 febrero 2010

«Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”» (Mt 4, 4)

por  Miguel Ángel Arribas, Pbro.

Monición de entrada:

La vida del cristiano en la tierra es una peregrinación hacia la casa del Padre. Nacemos y morimos. En esa peregrinación, el Señor nos llama a la continua conversión: «Se ha cumplido el plazo; está cerca el Reino de Dios; convertíos y creed la Buena Noticia» (Mc 1,15).

Cada año, el tiempo de Cuaresma actualiza esa llamada a la conversión: que el Señor nos cambie el corazón de piedra por un corazón de carne, semejante al suyo; un corazón lleno del Espíritu Santo, purificado de todo afecto desordenado, deseoso de alimentarse de la Palabra, libre de toda atadura, disponible a la voluntad del Padre, perdonado de todos sus pecados; un corazón que grita: ¡Sólo Dios!

La Cuaresma es tiempo de preparación para el Triduo Pascual, centro y cumbre del Año litúrgico, celebración intensa del acontecimiento esencial de nuestra fe: la muerte y resurrección de Jesucristo. Esta Hora eucarística, en este Año Sacerdotal, al inicio del tiempo de Cuaresma, queremos vivirla adorando a Jesús Sacramentado y escuchando su Palabra: el Cristo vivo que contemplamos en su presencia eucarística es el mismo Cristo-Palabra que nos habla en su Evangelio. El Cristo que nos habla es el Cristo que se parte y se queda con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

El mismo Jesús nos enseña a rechazar el mal cuando somos tentados, a rechazar el mal con la fuerza y la verdad de su Palabra. Así nos lo muestra en su combate en el desierto: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,4).

Canto: Tu Palabra me da vida.

Palabra de Dios

Escuchemos con paz y hondo silencio las palabras de Jesús.

«Cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve lo secreto, te lo pagará» (Mt 6,3-4).

«Cuando tú vayas a rezar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará» (Mt 6,6).

«El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo» (Lc 9,24).

«No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan» (Lc 5,32).

«Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40).

«Perdónanos nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido» (Mt 6,13).

«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre» (Mt 7,7).

«Si cuando vas a llevar tu ofrenda al altar, te acuerdas de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda» (Mt 5,25).

Silencio meditativo

Puntos de oración

• La Cuaresma, camino hacia la Pascua, nos pide desprendimiento, olvido de uno mismo, cargar con la cruz de cada día, seguir en todo a Jesús. Ayuno, limosna y oración son los gestos concretos del cristiano, movido por la gracia, que le ayudan a mantenerse en espíritu de conversión, en austeridad penitencial y con fortaleza para el combate cristiano.

• Ofrezcamos nuestros sacrificios y signos de austeridad, nuestra escucha de la Palabra y oración en favor de la santidad sacerdotal de todos los ministros del Señor.

• El camino de conversión de la Cuaresma está acompañado, sostenido e iluminado por la Palabra de Dios. Ella nos ayuda a vivirnos en verdad, a revisar nuestra vida con su luz, a morir al hombre viejo y renacer al hombre nuevo, en Cristo y por Cristo.

• Oremos por los sacerdotes que están en oscuridad, o les cuesta pedir ayuda, o bien encerrados en sí mismos o son muy críticos con la Iglesia, o viven con dificultad su celibato, o les atan las riquezas de este mundo… para que vuelvan a los brazos del Padre, como el hijo pródigo, y experimenten que Jesús ha venido a buscar a los pecadores y les colma de misericordia por el sacramento del Perdón.

• Caminando hacia la Pascua, Fiesta de la Vida, escuchando a diario la Palabra y alimentados de ella, concretamos nuestra conversión en el servicio real y humilde al hambriento, al sediento, al desnudo, al emigrante, al encarcelado, al enfermo… pidiendo la gracia de practicar siempre el bien y atender a cuantos nos necesitan.

• Pidamos a Dios Padre que todos los sacerdotes, al modo de san Juan María Vianney, sean desprendidos y generosos, serviciales con los que sufren, acogedores de los pobres, solícitos en la atención a los enfermos, ardientes en la predicación, profundos y orantes en la presidencia de la Eucaristía, constantes en meditar la Palabra, fieles a las verdades de la fe, sintiendo con el «sentir» de la Iglesia, obedientes a su Obispo… verdaderos pastores del Pueblo de Dios, que dan la vida por las ovejas, como lo hizo el Buen Pastor, Jesucristo.

Silencio meditativo

Escuchemos al Beato Manuel González

«El Evangelio no es sólo la historia de las mayores generosidades divinas, sino la de los mayores abandonos humanos.

¡Eucaristía! ¡Evangelio siempre nuevo y siempre vivo! ¡Historia viviente de generosidades divinas, pero sin fin! ¿Será también la Eucaristía la historia de los grandes abandonos?» (OO.CC. I, n. 155).

Canto: A elección.

Padrenuestro por la santidad de los sacerdotes

Oramos por nuestros pastores:

– Padre nuestro, que estás en el cielo: Danos sacerdotes santos.

– Padre nuestro, santificado sea tu Nombre por todos los bautizados: Danos sacerdotes santos.

– Padre nuestro, venga a nosotros tu Reino de justicia y salvación, de amor y paz: Danos sacerdotes santos.

– Padre nuestro, hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo, en cada corazón que se abre a la gracia, en cada hijo tuyo que escucha la Palabra: Danos sacerdotes santos.

– Padre nuestro, danos hoy el Pan de cada día, el pan del alimento diario de nuestro cuerpo, el Pan eucarístico que diviniza nuestra alma: Danos sacerdotes santos, que sirvan en la Iglesia el Pan vivo bajado del cielo.

– Padre nuestro, perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden: Danos sacerdotes santos, que impartan el perdón sacramental en tu Nombre para que Tú nos llenes de misericordia.

– Padre nuestro, no nos dejes caer en la tentación: de la soberbia y el orgullo, de la ira y el odio, de la tristeza y la desesperanza. Danos sacerdotes santos, que nos ayuden a rechazar los engaños del maligno y a vivir en esperanza.

– Padre nuestro, líbranos del mal, de todo mal, de todo miedo y cobardía: Danos sacerdotes santos, que nos lleven a ti, Padre Eterno. Amén.

Canto: El Señor es mi Pastor.

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4 comentarios leave one →
  1. esther cuaila permalink
    19 junio 2010 15:53

    excelente, justo lo que buscaba. porq a partir de julio vamos hacer la hora santa sacerdotal
    muchas bendiciones. Dios y la Virgen lo ilumine.

  2. esther cuaila permalink
    19 junio 2010 15:51

    excelente, justo lo que buscaba. porq a partir de julio vamos hacer la hora santa sacerdotal
    muchas bendiciones. Dios y la Virgen lo ilumine.

  3. alexander permalink
    18 febrero 2010 15:29

    muchisimas gracias por esta hermosa hora santa que seguramente la ha inspirado el Espiritu Santo.

  4. Teresa permalink
    5 febrero 2010 18:19

    Gracias por la Hora Santa y por todo. Sois maravillosas. y gracias a D. Miguel Angel que hace el esfuerzo de darnos cada mes una Hora Santa tan santa.

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