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Un tiempo para profundizar en el conocimiento de Cristo

21 febrero 2010

El Papa impone las cenizas.

La Cuaresma… «un tiempo de auténtica conversión y de intenso conocimiento del misterio de Cristo», es la exhortación que nos hace Benedicto XVI en el Mensaje para la Cuaresma. Un Mensaje que comienza recordándonos que cada año, con esta ocasión, «la Iglesia nos invita a una sincera revisión de nuestra vida a la luz de las enseñanzas evangélicas».

Conocer mejor y vivir con mayor plenitud las riquezas inagotables del misterio de Cristo… Este es el camino de la Cuaresma. Un camino que tenemos ya entre nosotros… y libremente estamos invitados a seguirlo.

Acerca de este tiempo litúrgico el Santo Padre habló el día 17 en su catequesis de los días miércoles y en la homilía durante la misa del Miércoles de Ceniza. No dudó en recordarnos el sentido de este tiempo para no perder el rumbo en el «conocimiento del misterio de Cristo». Se trata de caminar, sí, pero no como un paseo a la deriva, pues «en este itinerario espiritual no estamos solos, porque la Iglesia nos acompaña y nos sostiene desde el principio con la Palabra de Dios, que encierra un programa de vida espiritual y de compromiso penitencial, y con la gracia de los Sacramentos». Un camino, un itinerario, una ruta que «nos lleva a la alegría de la Pascua del Señor».

El Santo Padre -lo dice en el Mensaje para la Cuaresma y lo retoma en la catequesis del Miércoles de Ceniza- nos ayuda a caer en la cuenta que «hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo “mío”, para darme gratuitamente lo “suyo”. Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía».

Al referirse al signo de la ceniza, sigue el Papa, afirma que se trata de «un gesto de humildad, que significa: reconozco lo que soy, una criatura frágil, hecha de tierra y destinada a la tierra, pero hecha también a imagen de Dios y destinada a él. Polvo, sí, pero amado, plasmado por su amor, animado por su soplo vital, capaz de reconocer su voz y de responderle; libre y, por esto, capaz también de desobedecerle, cediendo a la tentación del orgullo y de la autosuficiencia».

En un tiempo que la Iglesia nos recomienda momentos más prolongados de oración, ayuno, abstinencia, la práctica de la caridad concreta, acercarnos a los Sacramentos, el Papa nos recuerda que «la verdadera “recompensa” no es la admiración de los demás, sino la amistad con Dios y la gracia que se deriva de ella, una gracia que da paz y fortaleza para hacer el bien, amar hasta a quien no lo merece, perdonar a quien nos ha ofendido».

La Cuaresma, un tiempo favorable… «Os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios… Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de salvación» (2 Co 6, 1-2). Comentando la carta a los Corintios, el Papa recuerda que «en la visión cristiana de la vida habría que decir que cada momento es favorable y cada día es día de salvación, pero la liturgia de la Iglesia refiere estas palabras de un modo totalmente especial al tiempo de Cuaresma». Por lo que afirma «que los cuarenta días de preparación de la Pascua son tiempo favorable y de gracia». Se trata del momento favorable de la conversión, a lo que Benedicto XVI no duda en decir que «convertirse significa cambiar de dirección en el camino de la vida: pero no con un pequeño ajuste, sino con un verdadero cambio de sentido». Es más, la «conversión es ir contracorriente, donde la “corriente” es el estilo de vida superficial, incoherente e ilusorio que a menudo nos arrastra, nos domina y nos hace esclavos del mal, o en cualquier caso prisioneros de la mediocridad moral. Con la conversión, en cambio, aspiramos a la medida alta de la vida cristiana, nos adherimos al Evangelio vivo y personal, que es Jesucristo. La meta final y el sentido profundo de la conversión es su persona, él es la senda por la que todos están llamados a caminar en la vida, dejándose iluminar por su luz y sostener por su fuerza que mueve nuestros pasos».

Mientras «aspiramos a la medida alta de la vida cristiana», en Cuaresma estamos invitados a dar a Dios la mejor parte… «aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo “mío”, para darme gratuitamente lo “suyo”». Ese es nuestro granito de arena que ayudará a abrir «la tierra a la luz del cielo, a la presencia de Dios entre nosotros».

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2 comentarios leave one →
  1. UNER permalink*
    26 febrero 2010 23:41

    Ana María: Tienes las ponencias de la apertura del centenario en:

    http://eucaristia.wordpress.com/asamblea-2009/

    Espero que te sea de utilidad

  2. ana maria permalink
    26 febrero 2010 19:19

    por caridad quisiera se me mande material sobre el tema Eucaristia un grito de vida en una cultura de muerte

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