Partícula para eucaristizarnos. Febrero 2012
Trabajar, andar, descansar, reír, llorar, de cara al Sagrario, mirando a Él, como si estuviera ante Él (El abandono de los Sagrarios acompañados, 8ª ed., p. 147).
Jesús es el único Maestro. Alguien que puede enseñarnos una sabiduría única. Quien ha experimentado la seducción de Jesús se pone en camino. Pero no se trata de un camino terrestre sino de un camino interior, que se hace realidad en una aventura exterior y que nos impulsa a no quedarnos recluidos o acomodados en nuestra tienda en un lugar, en una situación. Mirarlo es ponerse en camino, porque a Jesús, que seguimos, le vemos en la medida que caminamos, pararse significa perderlo de vista.
Estar ante Jesús Eucaristía llena de dinamismo, siempre hay algo nuevo que conocer y realizar. Jesús impulsa a seguirlo porque hace correr aventuras, porque nunca deja quietos en el mismo lugar. Quien está dispuesto a recorrer ese camino, a estar con Jesús, sabe que «sale» pero no sabe dónde pasará la noche. La voluntad del Padre es quien marca cada paso. Se va de sorpresa en sorpresa. Con Él no hay paradas definitivas. Siempre surge un proyecto, pero no a largo plazo, porque no sabe si le quitarán la vida. Vive cada día con intensidad.
Cada día nos impulsa a entregarnos a Jesús, a confiar en Él, a permanecer en Él, a compartir su estilo de vida, a aprender de Él el amor verdadero, a seguirlo en el cumplimiento diario de la voluntad del Padre, la única gran ley de vida (Benedicto XVI, Audiencia general, 17 de febrero de 2010).
No podemos olvidar que ser cristiano es vivir aprendiendo desde Jesús, descubrir desde Él cuál es la manera más auténtica y gozosa de enfrentarse a la vida. Mostrar a la gente que nos rodea que Él es el único motor de nuestra existencia, que hay un vínculo entre Jesús y lo que vivimos cada día, que solo Él puede transformar nuestra vida.
Él nos enseña a ser de una manera más gratuita y menos egoísta, a arriesgarnos más por todo lo que es bueno y justo, a no medir todo por la eficacia y el interés económico, a querer a las personas como las quería Él.
Como ocurre a todos los hombres, nuestra vida depende de muchos factores, pero como creyentes el camino de la plenitud depende, sobre todo, de nuestra docilidad a quien es o tiene que ser nuestro Maestro, el que se nos da en la Eucaristía, el que encontramos día a día en el Sagrario: «Aquí Dios se hace tan cercano que se convierte en nuestro alimento, aquí Él se hace fuerza en el camino con frecuencia difícil, aquí se hace presencia amiga que transforma» (Benedicto XVI, Homilía, 11 de septiembre de 2011).
En aquellos atardeceres al pie de su Sagrario, el Bto. Manuel González, en la soledad de la parroquia, llegan a sus oídos los gritos de aquellos niños de Huelva. Ayer le apedrearon, hoy le han insultado… ¿Dónde aprenderá el secreto de atraerlos? Donde lo aprendía él todo, al pie de su Sagrario ¡en las páginas del Evangelio! ¡Cómo atraía el Maestro Jesús! (Testimonio, en J. Campos Giles, El Obispo del Sagrario abandonado, 6ª ed., pp. 70-71).
Hna. Mª Leonor Mediavilla, m.e.n.

estoy de acuerdo lo que se nos dice en la partícula, la comunión con Jesús Eucaristía “nos enseña a ser de una manera más gratuita y menos egoísta, a arriesgarnos más por todo lo que es bueno y justo,a querer a las personas como las quería Él.”
En este tiempo marcado por la crisis económica, por lo que nada es gratis; la fuerza de la Eucaristía que es Don nos enseña a darnos, a querer a las personas a verle desde su dignidad y no desde su eficacia.