Saltar al contenido

Canonización de los papas Juan XXIII y Juan Pablo II

24 abril 2014

Artículo publicado en la revista “El Granito de Arena” de abril de 2014.

Cauces de la verdad y la vida verdadera

«Solo gracias a ese encuentro con el amor de Dios, que se convierte en feliz amistad, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y de la autorreferencialidad. Llegamos a ser plenamente humanos… cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero. Allí está el manantial de la acción evangelizadora. Porque si alguien ha acogido ese amor que le devuelve el sentido de la vida, ¿cómo puede contener el deseo de comunicarlo a otros?» (EG, 8).

En estas palabras de la exhortación Evangelii gaudium, el papa Francisco, con sencillez y claridad, nos ofrece los rasgos que caracterizan a los «amigos de Dios»: encuentro con su amor, relación de amistad, liberación del yo autorreferencial y compartir el don recibido. Rasgos que reconocemos en los compañeros de peregrinación que la Iglesia nos propondrá como modelos el próximo 27 de abril.
Ese día celebraremos con gozo y gratitud la canonización de dos hombres particularmente cercanos al mundo entero, dos amigos fuertes de Dios que nos serán propuestos como guías seguros: el papa Juan XXIII y el papa Juan Pablo II. En ellos, simbólicamente, quedan entrelazadas la generación de los más mayores, que vivieron la novedad del Concilio Vaticano II, y la de los más jóvenes, que se convirtieron en ciudadanos del mundo con las Jornadas Mundiales de la Juventud.

Juan XXIII, la caricia de Dios

¿Cómo no evocar la histórica noche del 11 de octubre de 1962, día en que se inauguró el Concilio Vaticano II? Juan XXIII se asoma a la ventana y, al contemplar el espectáculo de miles de fieles con antorchas encendidas reunidos en la plaza de San Pedro, conmovido, les regala el famoso Discurso de la luna:
«Queridos hijitos, escucho vuestras voces. La mía es una sola voz, pero resume la voz del mundo entero. Aquí, de hecho, está representado todo el mundo. Se diría que incluso la luna se ha apresurado esta noche, observadla en lo alto, para mirar este espectáculo. Es que hoy clausuramos una gran jornada de paz; sí, de paz: “Gloria a Dios y paz a los hombres de buena voluntad”…
Mi persona no cuenta nada; es un hermano que os habla, un hermano que se ha convertido en padre por voluntad de nuestro Señor. Pero todo junto, paternidad y fraternidad, es gracia de Dios. ¡Todo, todo! Continuemos, por tanto, queriéndonos bien, queriéndonos bien así: y, en el encuentro, prosigamos tomando aquello que nos une, dejando aparte, si lo hay, lo que pudiera ponernos en dificultad…
Regresando a casa, encontraréis a los niños; hacedles una caricia y decidles: esta es la caricia del papa. Tal vez encontréis alguna lágrima que enjugar. Tened una palabra de aliento para quien sufre. Sepan los afligidos que el papa está con sus hijos, especialmente en la hora de la tristeza y de la amargura. En fin, recordemos todos, especialmente, el vínculo de la caridad y, cantando, o suspirando, o llorando, pero siempre llenos de confianza en Cristo que nos ayuda y nos escucha, procedamos serenos y confiados por nuestro camino».
Seguramente algunos os emocionaréis al recordar esa escena de vuestra juventud… y ahora contempláis el fruto de lo que entonces comenzaba a vislumbrarse.

Juan Pablo II, el sembrador

Desde el 22 de octubre de 1978, día en el que inició su misión como Sucesor del Apóstol Pedro y nos dijo: «¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo! ¡No tengáis miedo! Cristo conoce “lo que hay dentro del hombre”. ¡Solo Él lo conoce!», intuimos que una nueva etapa evangelizadora se estaba inaugurando.
Su capacidad para llevar una agenda desbordante y convertir el avión casi en la moto que aparcas a la puerta para tomarla en cualquier momento, nos mostraron a un sembrador incansable. Solo le faltó pedir que le grabasen en la espalda de su blanca sotana, con caracteres rojos: «La caridad de Cristo nos apremia» (2Cor 5,14).
En uno de sus viajes, al proponerle un tiempo de descanso en medio de la intensa jornada, con naturalidad y humor respondió: «Puedo hacerlo en el cielo».
Sus gestos y sus palabras, en plena armonía, son un himno al amor de Dios por el hombre manifestado en la entrega de su Hijo. No ha dejado de resonar su primera encíclica: «El Redentor del hombre, Jesucristo, es el centro del cosmos y de la historia. A Él se vuelven mi pensamiento y mi corazón. (…) A través de la Encarnación, Dios ha dado a la vida humana la dimensión que quería dar al hombre desde sus comienzos y la ha dado de manera definitiva» (Redemptor hominis, 1).
Y más adelante añade: «El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente. Por esto precisamente, Cristo Redentor revela plenamente el hombre al mismo hombre. Tal es la dimensión humana del misterio de la Redención» (RH 10).

Enraizado en la Eucaristía

Con vistas a la canonización, el periodista polaco Wlodzimierz Redzioch ha entrevistado a varias de las personas que se relacionaron más directamente con Juan Pablo II. Entre ellas destaca el que fue su gran amigo, fiel apoyo y, también, su sucesor, Benedicto XVI.
Una de las preguntas fue cuáles de sus catorce encíclicas considera más importantes. Respondió que destacaría tres: primero, la Redemptor hominis, en la que Juan Pablo II ofreció su personal síntesis de la fe cristiana; en segundo lugar, la Redemptoris missio; y en tercero, la Veritatis splendor, que requirió varios años de maduración y sigue siendo de plena actualidad.
Además, añadió que son particularmente significativas la Fides et ratio, en la que ofrece una nueva visión de la relación entre fe cristiana y razón filosófica, y la Evangelium vitae, que desarrolla uno de los temas fundamentales de todo su pontificado: la dignidad intangible de la vida humana desde el primer instante de su concepción.
Al pedirle que trazase los rasgos característicos de su espiritualidad, Benedicto XVI subrayó que la espiritualidad de Juan Pablo II, de intensa oración, estaba profundamente enraizada en la Eucaristía, y el sacramento del orden sacerdotal determinó su vida y pensamiento. Por ello, su devoción estaba siempre imbuida de solicitud por la Iglesia y por toda la humanidad. Y añadió que era evidente su gran amor a la Madre de Dios.
La valentía de la verdad

Al afrontar el tema del Proceso de Canonización, que Benedicto XVI permitió se abriese de modo anticipado, el periodista le preguntó en qué se apoyaba su convicción acerca de la santidad de Juan Pablo II.
Estas fueron sus palabras: «Que fuese un santo, en los años de colaboración con él, llegó a ser cada vez más claro para mí. Ante todo hay que tener presente su intensa relación con Dios, su estar inmerso en comunión con el Señor. De ahí venía su alegría en medio de las grandes dificultades que debía afrontar. (…) Actuó desde su fe y sus convicciones, y estaba dispuesto a padecer por ello golpes. La valentía de la verdad es para mí un criterio determinante en orden a la santidad».
También destacó «su extraordinaria bondad y comprensión», que experimentó de modo personal durante los años que fue prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe.
Y son inolvidables sus palabras durante la misa de exequias que presidió: «el Papa ha sufrido y amado en comunión con Cristo y, por eso, el mensaje de su sufrimiento y de su silencio ha sido tan elocuente y fecundo… Podemos estar seguros de que nuestro amado papa está ahora en la ventana de la casa del Padre, nos ve y nos bendice» (Card. Joseph Ratzinger, 8 de abril de 2005).

Verdadero amigo

En 2008, con ocasión del tercer aniversario de su partida, mons. Konrad Krajewski, miembro de la Oficina de las Celebraciones litúrgicas pontificias, en un artículo publicado por L’Osservatore Romano, compartió su experiencia personal junto a Juan Pablo II.
Estas son algunas de sus palabras: «A través de mi sencillo servicio al papa, también yo he llegado a ser mejor, como hombre y como sacerdote. Él nos ha enseñado que “el verdadero amigo es aquel gracias al cual llego a ser mejor”. Por eso puedo decir que Juan Pablo II era mi verdadero amigo. A través de su testimonio me he acercado aún más a Dios. He visto cómo él, durante su vida, se dedicaba y se abandonaba totalmente en Dios durante las celebraciones litúrgicas, y en esa entrega se ha apagado».
Su viva fe en la presencia de Cristo en la Eucaristía era impresionante. Incluso cuando su salud le impedía el movimiento, pedía y hasta exigía que le ayudasen a arrodillarse. «El apa ha mantenido siempre que ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento hay que ser muy humildes y expresar esta humildad también con gestos externos».
En 2011, evocando de nuevo lo que experimentó junto a Juan Pablo II, escribió: «El Papa permitió a Dios respirar a través de él: cada día pasaba mucho tiempo frente al Sagrario. El Santísimo Sacramento era el sol que iluminaba su vida. Y él, frente a aquel sol, iba a calentarse con la luz de Dios».
Y continúa, «estar con Juan Pablo II quería decir vivir en el Evangelio, estar dentro del Evangelio. En los últimos años de servicio junto a él me di cuenta de que la belleza está siempre ligada al sufrimiento. No se puede tocar a Jesús sin tocar la cruz: el Pontífice estaba tan probado, se puede decir martirizado por el sufrimiento, pero tan extremadamente bello, en cuanto que con alegría ofreció todo esto que había recibido de Dios y con alegría restituyó a Dios todo lo que de Él había tenido. La santidad, de hecho, no significa solo que nosotros ofrecemos todo a Dios sino también que Dios toma de nosotros todo aquello que nos ha dado».

Gratitud de la FER

La Familia Eucarística Reparadora tenemos especial deuda de gratitud hacia Juan Pablo II. Han sido varias las ocasiones en las que sus labios pronunciaron el nombre de nuestro fundador, Manuel González García.
Durante su primer viaje a España, en la celebración que presidió en Granada, el 5 de noviembre de 1982, lo definió como «maestro de gran talla» en la educación en la fe. El 17 de julio 1985, al final de la Audiencia general en la plaza de San Pedro, nos dijo: «Vaya ahora mi más cordial saludo a todos los peregrinos de lengua española… En particular saludo a los miembros de la Obra “Unión Eucarística Reparadora”, que celebra el 75° aniversario de su fundación por el benemérito Obispo Don Manuel González. Os aliento a seguir difundiendo y haciendo vida en vosotros la devoción eucarística».
Momento particularmente destacado fue el 49º Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Sevilla en 1993. De nuevo Juan Pablo II viajó a España y, precisamente en su tierra natal, en la catedral que le vio bailar como seise, dijo de él: «Aquí, en Sevilla, es obligado recordar a quien fue sacerdote de esta archidiócesis, arcipreste de Huelva, y más tarde Obispo de Málaga y de Palencia sucesivamente: Don Manuel González, el Obispo de los Sagrarios abandonados. Él se esforzó en recordar a todos la presencia de Jesús en los Sagrarios, a la que a veces tan insuficientemente correspondemos. Con su palabra y con su ejemplo no cesaba de repetir que en el Sagrario de cada iglesia poseemos un faro de luz, en contacto con el cual nuestras vidas pueden iluminarse y transformarse» (12/06/1993).
Fecha emblemática, especialmente para la Familia Eucarística Reparadora, pero no solo, fue el 29 de abril de 2001. Ese día Juan Pablo II presidió la beatificación de D. Manuel González en la plaza de San Pedro, y ese día lo presentó a toda la Iglesia como «modelo de fe eucarística». ¿Podía definir mejor lo que fue la vida del obispo del Sagrario abandonado?
Celebremos con gozo y gratitud la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, gozo y gratitud que invita a ser, como ellos, cauce adecuado de la Verdad y la Vida verdadera manifestada en Cristo Jesús.

ANA Mª FERNÁNDEZ, M.E.N.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: