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Cordialmente, una carta para ti (noviembre 2015)

11 noviembre 2015

Artículo publicado en la revista “El Granito de Arena” de noviembre de 2015.

La heroicidad oculta

Apreciado lector: Como seguramente sabrás, astrónomos de la NASA han descubierto recientemente el Kepler-452 b, un planeta situado fuera del Sistema Solar, a una distancia de nosotros de 1.400 años luz y que posee unas dimensiones parecidas a las de la Tierra.

Estimado lector: Estarás de acuerdo conmigo en que casi todas las audiencias generales del papa Francisco tienen un carácter entrañable, familiar, pese a la enorme multitud que acude a la Plaza de San Pedro. Sin embargo, es cierto que pocas audiencias se pueden comparar a aquella del pasado verano en la que se centró en la enfermedad.

Destacó entonces que cuando llega la enfermedad la familia sufre intensamente esa situación adversa. Incluso dijo que muchos padres sufren el dolor del hijo con mayor intensidad que si se tratara de un dolor propio.

Por la anterior circunstancia aseguró el santo padre que «la familia ha sido siempre el hospital más cercano, porque aún hoy, en muchas partes del mundo, el hospital es un privilegio para pocos, y a menudo está distante». Con razón considera a la familia como el «hospital más cercano».

Jesús y los enfermos
Seguidamente, el papa hizo referencia a los Evangelios. Afirmó que en ellos encontramos muchas páginas que relatan los encuentros de Jesús con los enfermos. «Él se presenta públicamente –recordó– como alguien que lucha contra la enfermedad y que vino para sanar al hombre de todo mal: el mal del espíritu y el mal del cuerpo».

Jesús nunca rehusó el contacto con los enfermos, jamás pasó de largo a su lado, jamás se negó a curarlos cuando salían a su encuentro. Todo lo contrario, la curación del enfermo era para Él algo prioritario, algo más importante que la ley, incluso más importante que una ley tan sagrada para los judíos como era la de respetar el descanso del sábado. En este sentido, hizo referencia el pontífice a lo que narra san Marcos sobre la curación del hombre que tenía una mano seca. Pese a que aquel día era sábado, Jesús obró el milagro en presencia de los fariseos, lo que le acarreó su odio.

Encuentro con la cananea
Otro claro ejemplo de que Cristo jamás se negó a curar a los enfermos –recordó el papa Francisco– lo tenemos en el episodio de la mujer cananea. Se trata de una mujer pagana, que no pertenecía al pueblo de Israel, la que le suplica que cure a su hija. En un principio Jesús se resiste y le dice: «No es bueno tomar el pan de los hijos y arrojarlo a los perrillos». Ella le contesta: «Cierto, Señor, pero también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». Ante tanta humildad y tanta fe, Jesús cura a la hija de la mujer cananea.

Hay otros muchos Evangelios, apreciado lector, que narran curaciones de enfermos, lo que pone de manifiesto que Jesús jamás rehusó el contacto con los que padecían alguna enfermedad, jamás se negó a curarlos cuando se le acercaban y se lo pedían con fe. Es más, manda a sus discípulos que hagan lo mismo y les otorga el poder de curar enfermos.

No olvidó el papa Francisco el importante papel de la educación para que la familia se sienta unida y con fuerzas ante la enfermedad. Hay que educar a niños y jóvenes para que sean solidarios cuando llegue la enfermedad de algún familiar. «Y pienso –destacó el papa– cuán importante es educar a los hijos desde pequeños en la solidaridad en el momento de la enfermedad».

La educación en la solidaridad, ante la enfermedad de un familiar, hará que desaparezca esa frecuente falta de sensibilidad ante el dolor ajeno, ante la enfermedad de los demás. Esa falta de sensibilidad –precisó el santo padre– «hace que los jóvenes estén anestesiados respecto al sufrimiento de los demás». Hay, pues, que «educar a los hijos y a los nietos en la comprensión de esta cercanía en la enfermedad en la familia».

Los verdaderos héroes
Antes de finalizar esta audiencia el papa Francisco hizo una hermosa y entrañable referencia a lo que él llama la «heroicidad oculta», es decir, a esa heroicidad que tiene lugar en el seno de la familia y que los de fuera desconocen. Con ese tono afectuoso, cercano y familiar que tanto le caracteriza recordó a la mujer o al hombre que acude al trabajo agotado, cansado y, al preguntarle qué le sucede, responde: «He dormido solo dos horas porque en casa hacemos turnos para estar cerca del niño, de la niña, del enfermo, del abuelo, de la abuela». Esta es, amigo lector, la verdadera, la auténtica, heroicidad. Esa heroicidad que no entiende de aplausos ni de medallas… Es la heroicidad de quienes aman a su familia y se entregan a ella hasta llegar al sacrificio, sin esperar ni pedir nada a cambio. Es la heroicidad oculta.

Cordialmente,

Manuel Ángel Puga
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