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Resonancias en nuestra Iglesia de hoy (noviembre 2015)

17 noviembre 2015

Artículo publicado en la revista “El Granito de Arena” de noviembre de 2015.

Todos nos necesitamos

«A veces sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura» (EG 30).

Queridísimo D. Manuel: Tú nunca tuviste la tentación de ser cristiano «manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor». Al contrario, te acercaste a todos los abandonados que encontrabas para darles una respuesta concreta de cercanía y amor. La FER, estimulada por tu ejemplo, quiere dar una respuesta común, como fruto de su amor a Jesús abandonado, a través del Fondo Solidario, que nos da la posibilidad de responder como hiciste tú. Te pedimos intercedas por nosotros para que nuestro amor, como el tuyo, sea cada vez más comprometido y concreto. Entrevistamos hoy a la hermana Mª Nadine, que está al frente del Fondo Solidario para que nos ayude a integrar cada vez más en nuestra vida esta dimensión del amor tan necesaria en la vivencia de nuestro carisma eucarístico–reparador.

Hna. Mª Nadine: ¿Puedes compartir con nosotros cómo podemos trabajar en la FER para sensibilizarnos cada vez más en la urgencia de hacer propia la necesidad del hermano?

Como miembros de la FER estamos llamados, en este Año de la Misericordia, a contagiar la alegría y la belleza de la fe. Una fe que, desde nuestro carisma, nos dice que quien ora ante el Sagrario, quien comulga, quien participa frecuentemente o incluso a diario del Sacrificio Eucarístico, experimenta el amor inmenso de Dios y se siente llamado a decírselo al hombre de hoy, en especial «preocupándose de los más abandonados espiritual o materialmente: los ignorantes, pobres, débiles, los que sufren, los marginados, como identificados con Cristo pobre y abandonado, especialmente de los que padecen la pobreza mayor: no poseer a Jesucristo» (Estatutos UNER, n. 15). Y esto con palabras y obras. Necesitamos abrir los ojos de la fe y nuestro corazón a la realidad del sufrimiento que nos llega por miles de medios hoy en día, pues como decían los medievales «ubi amor ibi oculus», donde hay amor hay ojos, que proyectan su luz sobre la realidad.

Desde el Fondo Solidario, tenemos la posibilidad de hacer realidad esta ocupación de misericordia con hermanos concretos, de tocar «la carne sufriente de los demás» y proyectar esa luz de la ternura a través de los Proyectos con Rostros que presentamos año tras año. No sé cómo deciros para haceros sensibles porque ¡ya lo sois! Solo falta decidirse a trabajar y colaborar. Y ello es cuestión de respuesta personal al carisma que se nos ha dado y de sentido de pertenencia a la FER en cada centro o grupo. No tienen que contárnoslo desde fuera.

¿Podrías compartir alguna experiencia que haya sido especialmente significativa para ti?

El «Haz propia la necesidad del hermano» no es un simple slogan, sino una urgencia entrañable, que cuando se palpa de cerca, no hace más que con suavidad y firmeza cuestionarte e impulsarte a buscar los cauces y las respuestas de un amor por Amor, que aunque limitado solo es posible si respondes unida al Señor Jesús.

Cada persona que llama a nuestra puerta ha ido dejando una huella de fraternidad en mí, cada rostro es una experiencia especialmente significativa, porque vives la impotencia de la necesidad muy marcada por la injusticia, a la par del gozo por la generosidad de los colaboradores, la confianza de quien se reconoce necesitado, la confianza de saber que Jesús Eucaristía está y nos fortalece –en medio de la paradoja– impulsándonos a ser sus manos, pies y voz en favor de nuestros hermanos.

Parafraseando a don Manuel (en su sueño sacerdotal), diría que el Fondo Solidario quiere ser para el hombre abandonado y olvidado de hoy: «defensa contra el abandono y la ingratitud; pies que sirven y hacen presente a Jesús Eucaristía donde lo desean; manos para dar ayuda en su Nombre aun a los que no lo quieren; boca para hablar de Él y consolar por Él y gritar a favor de Él cuando se empeñen en no oírlo… hasta que lo oigan y lo sigan…» (OO.CC. I, n. 18). En definitiva dar y buscar compañía a Jesús Eucaristía presente en cada rostro de nuestros hermanos más desfavorecidos.

Mi experiencia significativa es gozar de la dulzura al recordar cada rostro que vuelve a sonreír, a creer, a confiar; es estar despierta y alerta porque son muchos los que esperan nuestra respuesta; sin saber cómo, son muchos nombres y rostros que te hacen salir y disfrutar de la vida, te ayudan a crecer en fe, esperanza y caridad verdaderas. Recibes más que das, caes en la cuenta de que debes seguir adelante siempre, porque lo que una tiene le falta a los pobres.

¿Encuentras que esta misión que te han encomendado responde y te ayuda en la vivencia de nuestro carisma eucarístico–reparador?
Sí y, en consonancia, recuerdo –como llamada y exigencia– las palabras de san Juan Pablo II, en su exhortación Dominicae Coenae, que afirmaba que el misterio eucarístico impulsa al amor a todos los hombres: «El auténtico sentido de la Eucaristía se convierte de por sí en escuela de amor activo al prójimo. Si nuestro culto eucarístico es auténtico, debe hacer aumentar en nosotros la conciencia de la dignidad de todo hombre. Asimismo, debemos hacernos particularmente sensibles a todo sufrimiento y miseria, a toda injusticia y ofensa, buscando el modo de repararlos de manera eficaz» (n. 6).

Agradezco a Dios y a la Congregación esta oportunidad de formar parte tan directa de esta red de amigos del Fondo Solidario porque, al final, todos nos necesitamos, nada hacemos solos, crece la solidaridad entre todos. Sí, necesitamos salir y reconocer en el mundo el rostro del Abandonado en los abandonados y desfavorecidos y actuar en consecuencia, como Jesús de Nazaret.

Es una manera de vivir la vocación reparadora, porque nos inserta en la obra redentora y liberadora de Cristo que por su Misterio Pascual, del que participamos, ha querido restablecer la imagen de Dios impresa en el hombre y construir la civilización del amor. Esto no es posible desde el intimismo; sino que supone vivir en el día a día la fe y el carisma como don, decisión y exigencia, abriendo pasos a una mejor relación de acogida de la realidad del otro y de mirar más allá de mis circunstancias y abrirme a los demás y a sus necesidades, porque la participación en el sacrificio eucarístico nos urge a reconocer en todo hombre, especialmente en el pobre, a un hermano, más aún cuando este es víctima de la injusticia y el desamor.

Mª del Carmen Ruiz, m.e.n
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