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La Eucaristía en las enseñanzas del papa Francisco

27 diciembre 2015

Artículo publicado en la revista “El Granito de Arena” de diciembre de 2015.
Ofrecemos a nuestros lectores algunos extractos de intervenciones del santo padre en los que se refirió a la Eucaristía y el Corazón de Jesús, temas centrales para la espiritualidad eucarístico reparadora.


El tema elegido para el Congreso Eucarístico, «Alimentados por la Eucaristía para alimentar a los demás», es ciertamente importante e inspirador. Mientras celebramos este gran evento, vienen a la mente las palabras del papa Pablo VI en su discurso a los miembros de las religiones no cristianas, el 3 de diciembre de 1964 en Bombay: «La Eucaristía es la conmemoración de Jesucristo y de su amor a Dios y a todos los hombres, un amor hasta la muerte. Este amor de Jesús no es una cuestión del pasado; está dirigido a permanecer presente y a vivir en cada corazón humano. Cristo es querido también en este país (India), no solo por los que son cristianos, que son una minoría, sino también por millones de personas que han aprendido a conocerlo y a amarlo como una inspiración de amor y de sacrificio de sí».

La Eucaristía, como pone de relieve el tema elegido, nos alimenta. Así lo subrayé en la homilía del Corpus Domini: «la Eucaristía actualiza la Alianza que nos santifica, nos purifica y nos une en comunión admirable con Dios. Aprendemos así que la Eucaristía no es un premio para los buenos, sino que es la fuerza para los débiles, para los pecadores. Es el perdón, es el viático que nos ayuda a dar pasos, a caminar» (4/6/2015).

En todo el mundo, las personas necesitan hoy alimento. Y ese alimento no es necesario solo para satisfacer el hambre física. Existen otros tipos de hambre: de amor, de inmortalidad, de vida, de afecto, de atención, de perdón, de misericordia. Esta hambre puede saciarse solo con el pan que viene de lo alto. Jesús mismo es el Pan vivo que da vida al mundo (cf. Jn 6,51). Su cuerpo ofrecido por nosotros en la cruz, su sangre derramada para el perdón de los pecados de la humanidad, se nos entrega en el Pan y en el Vino de la Eucaristía, transformados por la consagración.

Pero la Eucaristía no concluye con la participación en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Nos conduce a la solidaridad con los otros. La comunión con el Señor es necesariamente comunión con nuestros hermanos y hermanas. Por eso, quien se alimenta con el Cuerpo y la Sangre de Cristo no puede quedar indiferente cuando ve a sus hermanos que padecen necesidad y hambre. Quienes se alimentan de la Eucaristía están llamados a llevar la alegría del Evangelio a quienes no la han recibido. Fortalecidos por el Pan vivo, estamos llamados a llevar esperanza a cuantos viven en las tinieblas y en la desesperación. «Y en la Eucaristía el Señor nos hace recorrer su camino, el del servicio, el de compartir, el del don; y lo poco que tenemos, lo poco que somos, si se comparte, se convierte en riqueza, porque el poder de Dios, que es el del amor, desciende sobre nuestra pobreza para transformarla» (30/5/2013).

Videomensaje con ocasión del Congreso Eucarístico Nacional de la India (12-15/11/2015)

 

Os animo a hacer de la Eucaristía el corazón de vuestra misión evangelizadora, de modo que cada célula parroquial sea una comunidad eucarística en la que partir el pan equivale a reconocer la presencia real de Jesucristo en medio de nosotros.

Aquí encontraréis siempre la fuerza para proponer la belleza de la fe, porque en la Eucaristía experimentamos el amor que no conoce límites, y mostramos el signo concreto de que la Iglesia es «la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas» (Evangelii gaudium, 47). Este es el testimonio: la Iglesia es la casa paterna. Hay lugar para todos, para todos. Jesús en el Evangelio dice: «Llamad a buenos y malos, a todos, sin diferencia».

Discurso a los miembros de las Células parroquiales de evangelización (5/9/2015)

 

Ustedes se llaman y son Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús. Quisiera reflexionar con ustedes sobre estas palabras que son su nombre y su identidad.

Misioneros. Son servidores y mensajeros del Evangelio, especialmente para aquellos que no lo conocen o lo han olvidado. En el origen de su misión hay un don: la iniciativa gratuita del amor de Dios que les ha dirigido una llamada: a estar con Él y a ir a predicar (cfr. Mc 3,14). En la base de todo está la relación personal con Cristo, enraizada en el Bautismo, y, para algunos, reforzada por la Ordenación, de tal manera que podemos decir con el apóstol Pablo: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 20). Este vivir con Cristo determina todo nuestro ser y obrar y se alimenta sobre todo de la oración, del permanecer junto al Señor, en la adoración, en el coloquio corazón a corazón con Él. (…)

En cuanto Combonianos del Corazón de Jesús, ustedes contribuyen con alegría a la misión de la Iglesia, que encuentra un punto determinante en el amor misericordioso del Corazón de Cristo para los hombres indefensos.

En este Corazón está la fuente de la misericordia que salva y engendra esperanza. Por tanto, como consagrados a Dios para la misión, están llamados a imitar a Jesús misericordioso y manso, para vivir su servicio con corazón humilde, encargándose de los más abandonados de nuestro tiempo. No se cansen de pedir al Sagrado Corazón la mansedumbre que, como hija de la caridad, es paciente, todo lo excusa, todo lo espera, todo lo soporta (cf. 1Cor 14, 4-7).

Es la mansedumbre de la mirada de Jesús cuando mira a Pedro en la noche del Jueves Santo (cf. Lc 22, 61), o cuando invita a Tomás, el incrédulo, a poner la mano junto al Corazón traspasado (cf. Jn 20, 27). Allí, de aquel Corazón, se aprende la mansedumbre necesaria para afrontar la acción apostólica también en contextos difíciles u hostiles.

Aquel Corazón que tanto ha amado a los hombres les empuja a las periferias de la sociedad para testimoniar la perseverancia del amor paciente y fiel. Que a partir de la contemplación del Corazón herido de Jesús pueda siempre renovarse en ustedes la pasión por los hombres de nuestro tiempo, que se expresa con amor gratuito en el compromiso de solidaridad, especialmente hacia los más débiles y desacomodados. Así podrán continuar promoviendo la justicia y la paz, el respeto y la dignidad de toda persona.

Discurso a los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús (1/10/2015)
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