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Formación carismática (enero 2016)

11 enero 2016

Artículo publicado en la revista “El Granito de Arena” de enero de 2016.

Atracción desde el amor

Ser catequista no se improvisa. Transmitir a otros la fe es un arte. Para anunciar el Evangelio hemos de conocer muy bien las técnicas y los métodos pero, sobre todo, nos hemos de dejar hacer por el Maestro. El gran método que un evangelizador está llamado a reproducir en su trabajo apostólico es el mismo que Dios emplea con su pueblo. Dios es el gran pedagogo que tenemos que imitar.

Y Dios actúa siempre desde la paciencia y la misericordia. Dios nos elige para colaborar con Él en el anuncio del Reino y, a pesar de nuestros fallos y mediocridades, Él es fiel y nos sigue acompañando. El método de Dios es el amor paciente, del que brota la audacia y la creatividad que lo hacen siempre encontradizo con el hombre.

En nuestras diversas actividades pastorales no es extraño oír quejas y desazones al descubrir la poca respuesta de los destinatarios de nuestra acción. En ocasiones pensamos que no sabemos hacerlo y nos entra un cierto sentimiento de culpa. Pero, fijándonos en el hacer de Dios, tendríamos que salir de nosotros y confiar más en su gracia, que actúa a través nuestro, y ser conscientes de que el que atrae es Él, el que convierte es Él, el que salva es Él. Estamos llamados a colaborar con Dios haciendo de nuestro ser evangelizadores un canal de la gracia por el que el Señor atraiga a todos hacia sí.

El beato Manuel González en Cartilla del catequista cabal nos recuerda estas intuiciones constantemente al indicarnos que hemos de ingeniárnoslas para buscar modos de rozar a los niños con Jesús. Don Manuel sabía que el roce hace el cariño y que un catequista ha de procurar llevar al niño a Jesús confiando en que Él hará el resto.

El catequista que don Manuel quiere es el catequista que conoce el poder de Dios y el que ha experimentado que su presencia viva, operante y real en la Eucaristía puede transformar los corazones. El contacto con Jesús nos cambia, este es su método, el roce hace el cariño, y su mirada de amor es lo único que nos transforma: «Para mí, más que la sabiduría de sus sermones y el brillo de sus milagros, lo que atraía y arrastraba a los niños en torno de Jesús eran sus miradas. Es cierto que presentarse Jesús en un pueblo y verse seguido y aclamado por todos los niños era una misma cosa ¡Cómo miraría Jesús a los niños!» (p. 36).

Al modo de Jesús
Así pues, el catequista está llamado a imitar a Jesús y a atraer a los niños, jóvenes y adultos como Jesús los atraía. Un evangelizador no convence por sus palabras o por sus técnicas, sino que convence por su testimonio y sobre todo por su amor. Don Manuel se pregunta ¿Cómo atraía Jesús? y contesta: «En una sola palabra se puede decir: amando» (p. 41).

Como catequistas que nos preguntamos cómo podemos atraer más y cómo podemos hacer más fructífera nuestra acción evangelizadora, encontramos también en el obispo del Sagrario abandonado algunas intuiciones que, a la luz del modo de mirar y de amar de Jesús, nos sirven para amar más a cada persona.

En primer lugar hemos de orar mucho para que vengan los que Dios quiere que vengan y, sean pocos o muchos, hacer todo lo que está en nuestra mano. En segundo lugar llamando, saliendo, no contentándonos dice el beato con «anuncio escrito en la puerta de la Iglesia» (p. 42), sino siendo creativos en nuestra convocatoria. El tercer consejo es el de dar buen contenido, «buen género a los muchos o pocos que vengan, aunque no sea más que uno» (p. 43). Otra intuición es la de que un niño (o joven) es el que evangeliza mejor a otro niño (o joven) y que el catequista tiene que fijarse en educar a aquellos que tienen más influencia en sus compañeros para que estos sean a su vez evangelizadores. Por último, don Manuel nos invita a combatir el desaliento y a confiar: «después de haber hecho eso y dispuesto a no dejar de hacerlo por fracasado que se sienta uno, confiar tranquilamente en que la gracia del Corazón de Jesús hará lo suyo, que será siempre lo mejor y más inesperado» (p. 44).

Aprendamos de Jesús y del beato Manuel González el arte de la atracción, para que, en nuestras acciones pastorales brille la confianza y la esperanza de saber que la semilla dará su fruto cuándo y cómo el Señor quiera.

Sergio Pérez Baena, Pbro.
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