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Cordialmente, una carta para ti (enero 2016)

14 enero 2016

Artículo publicado en la revista “El Granito de Arena” de enero de 2016.

Vivir el presente construyendo el futuro

Apreciado lector: El pasado 15 de noviembre, en la Plaza de San Pedro, el papa Francisco condenó con duras palabras los sangrientos atentados terroristas de París, cometidos por yihadistas del autodenominado Estado Islámico y que, como sabes, causaron numerosos muertos y heridos.

Comenzó el santo padre haciendo referencia al Evangelio del día, que correspondía al penúltimo domingo del Año Litúrgico. Explicó parte del discurso que Jesús pronunciara en Jerusalén, en el monte de los Olivos, cuando profetizó la destrucción de Jerusalén y el fin del mundo: «Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, se oscurecerá el sol, y la luna no dará brillo, y las estrellas se caerán del cielo, y las potencias de los cielos se conmoverán. Entonces verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes con gran poder y majestad» (Mc 13,24-26).

Lo esencial
Llama la atención que el papa Francisco nos diga, ante algo tan aterrador como es el fin del mundo, que tales sucesos no son lo más importante del mensaje evangélico. Lo esencial, según sus palabras, «es el mismo Jesús, es el misterio de su persona, de su muerte y resurrección, y su regreso al final de los tiempos». Como podemos apreciar, estimado lector, no son los sucesos apocalípticos lo esencial, sino que lo esencial, lo importante y lo que nos debe preocupar es nuestra meta final: «el encuentro con el Señor resucitado», puntualizó el papa. Esta meta final es muy importante para nosotros porque, con toda seguridad, proporcionará esperanza y dará sentido a nuestras vidas.

Por la razón anterior, el pontífice precisó que el problema no está en saber cuándo tendrán lugar esos acontecimientos apocalípticos. Aquí no está el problema. El verdadero problema radica en si estamos debidamente preparados para alcanzar nuestra meta final, es decir, para realizar ese encuentro con el Señor resucitado. Esto es lo esencial, lo que hoy nos debe preocupar.

Y el papa Francisco aún precisó más, ya que a continuación dijo que no solo no es lo esencial el cuándo sucederán esas señales premonitorias del fin del mundo, sino que tampoco lo es el cómo sucederán. Ni el cuándo ni el cómo son lo esencial; lo esencial es el estar preparados, sabiendo comportarse mientras esperamos lo que ha de suceder. «No se trata –matizó el papa– ni siquiera de saber cómo sucederán estas cosas, sino cómo debemos comportarnos hoy mientras las esperamos. Estamos llamados a vivir el presente, construyendo nuestro futuro con serenidad y confianza en Dios».

Vivir el presente, construyendo nuestro futuro con serenidad y confianza en Dios… ¡Maravillosas palabras que se convierten en una valiosísima pedagogía de la vida! Una pedagogía, apreciado lector, que nos propone vivir el hoy, pero pensando en el mañana con serenidad y confianza en Dios. Frente al estilo de vida que propugna el laicismo, es decir, vivir como si Dios no existiera, gozando del hoy y sin pensar en el mañana, se alza esta pedagogía cristiana, iluminada por la luz de la fe, que aconseja vivir el momento presente construyendo nuestro futuro con serenidad y con la confianza puesta en Dios.

Eficaz pedagogía
Frente a una concepción de la existencia humana basada en la filosofía del carpe diem, esto es, gozar al máximo del presente, disfrutando de la vida sin pensar en el mañana y sin plantearse el rendir cuentas a nadie, el papa Francisco nos ofrece una pedagogía que enseña a vivir el presente de la forma más responsable posible: construyendo nuestro propio futuro.

Y lo que es más, esta pedagogía enseña que la construcción de ese futuro ha de hacerse con fe, con un sentido trascendente de la vida, confiando en Dios y confiando en que lograremos la meta final: el encuentro con Jesús resucitado, lo que significa haber alcanzado la salvación eterna. Como vemos, amigo lector, se trata de una pedagogía que tiene muy en cuenta aquellas divinas palabras: «¿De qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?» (Mc 8,36).

Al término de la oración mariana, el papa Francisco tuvo duras palabras de condena por la masacre de París. Dijo: «Deseo expresar mi dolor por los ataques terroristas que en la noche del viernes ensangrentaron Francia, causando numerosas víctimas… Deseo volver a afirmar con vigor que el camino de la violencia y del odio no resuelve los problemas de la humanidad, y que utilizar el nombre de Dios para justificar este camino ¡es una blasfemia!». Cordialmente,

Manuel Ángel Puga
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