Skip to content

Con mirada eucarística (enero 2016)

15 enero 2016

Artículo publicado en la revista “El Granito de Arena” de enero 2016.

La esperanza habita entre nosotros

Acaba de nacer un niño en un pesebre. Es pobre, tan pobre que ni siquiera ha tenido una casa donde nacer. Su ropa y sus alimentos son prestados. Pero nos ha traído lo más importante: el rostro de Dios que da esperanza.

En una sociedad decadente lo primero que muere es la esperanza. Dicen los entendidos que nuestra civilización occidental, la vieja Europa, está en decadencia porque ha olvidado los valores cristianos en los que fundamenta su existencia. Para muestra, un botón: El texto de la llamada Constitución Europea no recoge ninguna referencia a su herencia cristiana.

Y aunque esto fuera así, nos faltaría la suficiente perspectiva de tiempo para afirmar que Europa se está acabando. Lo que sí puede observarse, a nuestro entender, es el carácter cada vez más pasivo, acomodaticio, abúlico de la sociedad occidental acompañado de una valoración cada vez más alarmante del placer y la comodidad. En síntesis, la falta de compromiso se alía mortalmente con el hedonismo. Dicho con otras palabras: No hay que complicarse la vida, no hay que sufrir en la vida, solo tenemos derechos.

Tal comportamiento puede fácilmente comprobarse en cualquier actividad, en la educación, en la sanidad, en la política, en la religión, incluso en el terrible azote del terrorismo, en cualquier actividad tanto individual como comunitaria. Y ello es debido a que fallan los ejes de la esperanza. La esperanza es la cuerda que tensa al amor. El amor es como un estanque de agua viva, pero que necesita del viento de la esperanza para que el agua se mueva y se note que no está muerta. La esperanza invita al deber y al sacrificio.

Y sin embargo, y en su lugar, hay miedo, mucho miedo. Porque lo contrario de la esperanza no es la desesperación, sino el miedo. Nos está tocando vivir en una sociedad miedosa y, consecuentemente, paralizada, anquilosada, acomodada.

La historia de un tetrabrik
El niño escuchó de su profe, aunque él ya sabía algo, la historia del niño, del pesebre, de la mula y el buey. Insistió la maestra sobre todo en que aquel niño no tenía nada para comer y que por eso los pastores de alrededor llegaron hasta el Portal de Belén para llevarle la leche de sus ovejas y de sus cabras. Dijo más, dijo que hoy en día también había niños que no tenían nada para comer y que por eso sus mamás (las mamás de los niños de su clase) deberían llevar alimentos, eso sí imperecederos, a los sitios de recogida instalados a la entrada del supermercado. La profe trabaja desinteresadamente en el Banco de Alimentos.

El niño, que no conocía el concepto de «imperecedero» ni el valor del dinero, pero que sabía que la leche le sobraba cada mañana en su desayuno, cogió su moneda de cinco céntimos de euro, se llegó al supermercado, tomó un tetrabrik de leche y ante los ojos extrañados de la cajera se expresó: Es para los niños que no tienen leche para desayunar. El resto lo puso la cajera sonriente que conocía bien al niño y a su mamá. La escena era contemplada por el voluntario del Banco de Alimentos que puso una marca en tan singular cartón de leche. Quería saber su destino.

El destino del tetrabrik fue el niño de una joven emigrante, abandonada por el marido, en paro, que vivía en una habitación con derecho a cocina gracias a Cáritas y que encima estaba en estado de buena esperanza.

Menos mal que la esperanza habita entre nosotros.

El valor del testimonio
Hay muchos testimonios esclarecedores que nos demuestran que el género humano tiene perspectivas, tiene futuro, porque la esperanza forma parte inherente de él. Instituciones, como Cáritas, son puertas abiertas a la creencia del ser humano en su destino. Personas, como Teresa de Calcuta o Manuel González, son ejemplos de que, por encima de las circunstancias concretas, este ser humano, capaz de los mayores desatinos, es siempre una criatura donde habita la esperanza.

Quien porta la esperanza, no porta miedo, lleva amor. Aún resuenan en nuestros oídos las palabras de Juan Pablo II, cuando dirigiéndose a los jóvenes les decía con su voz inapelable: «No tengáis miedo». Que era tanto como decirles: «Tened esperanza, tened compromiso».

También el papa Francisco en su reciente viaje por África ha desafiado al propio miedo, porque en su lugar llevaba un mensaje de esperanza. Un viaje desaconsejado por inseguro. Cuando alguien cree en el ser humano es capaz de la mayor entrega, que es la de dar la propia vida por la vida de los demás. Y encima sin darse importancia alguna cuando jocosamente llegó a decirle al piloto que, si tenía miedo por aterrizar, que a él lo lanzara en paracaídas.

El Niño Dios que acaba de nacer es el mayor testimonio de esperanza que se ha producido en la historia, incluso independientemente de cualquier tipo de creencias. Fue capaz de morir de la manera más horrorosa, morir en la cruz, por la causa del hombre. La muerte que vence a la muerte, la trascendencia de la finitud, esto es, la resurrección es el testimonio mayor nunca visto de Jesús de Nazaret. Por eso, cuando decimos «Feliz Navidad» debemos entender «feliz esperanza». Y actuar en consecuencia.

No tengamos miedo. Seamos misioneros constructivos de la hermandad de los hijos de Dios. Pongamos en práctica el mensaje más bello, más exigente, más comprometedor, más testimonial que contiene el Sermón de la Montaña. El mensaje más esperanzador. Y sobre todo, para los tiempos de hoy, el que dice: «Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios» (Mt 5,9).

Teresa y Lucrecio, matrimonio UNER
Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: