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Resonancias en nuestra Iglesia de hoy (enero 2016)

25 enero 2016

Artículo publicado en la revista “El Granito de Arena” de enero de 2016.

Palabras que fortalecen

«El Libro del Apocalipsis refiere una característica esencial de los santos, y dice así: ellos son personas que pertenecen totalmente a Dios. Los presenta como una multitud inmensa de “elegidos”, vestidos de blanco y marcados por el “sello de Dios”. Y, ¿qué significa llevar el sello de Dios en la propia vida y en la propia persona? Significa que en Jesucristo nos hemos transformado verdaderamente en los hijos de Dios. Una segunda característica propia de los santos es que son ejemplos para imitar. Imitar sus gestos de amor y de misericordia es un poco como perpetuar su presencia en este mundo. Un acto de ternura, una ayuda generosa, un tiempo dedicado a escuchar,
una visita, una palabra buena, una sonrisa, ante nuestros ojos pueden parecer insignificantes, pero a los ojos de Dios son eternos, porque el amor y la compasión son más fuertes que la muerte» (papa Francisco, Ángelus, 1/11/2015).
Queridísimo D. Manuel: Aún nos siguen llegando ecos de la enorme gracia que ha supuesto para la FER la celebración del Congreso Internacional dedicado a ti. Hoy queremos entrevistar a D. Miguel Norbert, que participó en la comisión preparatoria del Congreso, que ha dado cursos sobre la mística de tus escritos y que ha orientado la tesis doctoral de D. Antonio Jesús Jiménez Sánchez, de la diócesis de Málaga.

Querido Miguel, sabemos que antes de la celebración del I Congreso Internacional impartiste, también en el CITeS, un curso sobre la mística del beato Manuel González. Nos gustaría que compartas con nosotros, los lectores de El Granito de Arena, lo que ha significado para ti acercarte a la figura del fundador de la Familia Eucarística Reparadora.
Conocí al beato hace casi veintitrés años, cuando la sra. Carmen Ramos Barroso impartía en Puerto Rico los seminarios introductorios de la UNER. Hice mi ofrenda como Discípulo de San Juan, el 18 de marzo de 1993, de la mano del P. Santiago Vela. Pero el carisma reparador no se activó de manera eficaz hasta que me vi confrontado con el abandono de la fe en la presencia sacramental de Jesús en la Eucaristía en Europa central.
Siempre me fortaleció el «aunque todos… yo no» de don Manuel, aunque sin sospechar todavía que su teología sacramental y espiritualidad eucarística pudiera estar relacionada con una experiencia mística. La lectura del Tratado de Eucaristía y Mística del beato Jan van Ruusbroec me reveló que existía en la tradición cristiana una corriente literaria sobre las experiencias extraordinarias vividas delante del Santísimo Sacramento con efecto transformador en el ser humano. Esa nueva dimensión fue un auténtico detonador que propició una conferencia en el Encuentro de Animadores de la UNER, en septiembre de 2011, y un ciclo de conferencias en las Nazarenas de Málaga, en enero de 2012. La acogida y respuesta por parte de las hermanas y demás miembros de la Obra me confirmó la importancia de esta nueva consideración. Así, convencido de que D. Manuel podría dialogar con otras figuras de la talla de santa Teresa y san Juan de la Cruz, decidí aprovechar mi pertenencia a la plantilla de profesores del CITeS para proponer un cursillo de fin de semana sobre don Manuel: Mística y Eucaristía. Conté con el entusiasmo de la Hna. Ana Mª Palacios, el apoyo logístico de la Hna. Mª Esther Herrero y el Equipo coordinador de la UNER. El primer fin de semana fue un éxito rotundo. El segundo fue menos concurrido pero no menos importante porque, contando con el interés y apoyo del futuro especialista, el sacerdote Antonio Jesús Jiménez Sánchez, y de la Hna. Mª Esther, de ese segundo encuentro los tres propusimos organizar un Congreso Internacional en el CITeS.

También sabemos que has formado parte de la Comisión organizadora del Congreso. ¿Cuál ha sido tu experiencia en la preparación y desarrollo del mismo?
La preparación fue un reto inmenso. Hubo momentos de alegría y también de mucho sufrimiento. Esto es normal porque es la primera vez que la FER se embarca en una empresa académica de esta envergadura. Si finalmente se decidiera hacer otro congreso, tomaría lo bueno del primero y propondría algunas modificaciones con el objetivo de ampliar la oferta académica con ponencias y comunicaciones de expertos en áreas de estudio seculares, como la arquitectura, sociología, economía, humanidades, etc. En un mundo cada vez más secularizado, sigo insistiendo en la importancia de ponerlo a dialogar con otras figuras religiosas de renombre, reconocidas por la comunidad religiosa y secular internacional. De igual forma que un ateo puede acercarse con fascinación y asombro a santa Teresa, un arquitecto, filósofo, lingüista o sociólogo debería poder reconocer en don Manuel un referente importante para su ciencia. Para hacerlo creíble como clérigo, necesitamos revelar al hombre: subrayar su experiencia de Dios, su fe inquebrantable, su afectividad, su compromiso social con el sencillo, con el pobre, con el marginado, su lenguaje gracioso y cercano al pueblo. Los análisis teológicos, de los cuales no carece nuestro beato, son necesarios para comprenderlo desde la fe, pero insuficientes para completar el retrato del hombre y artista en la sociedad secularizada. Por eso, hoy más que antes, hay que proponer lecturas nuevas.

Has acompañado a D. Antonio Jesús en la preparación de su tesis doctoral que lleva por título «Vida y Obra del Beato Manuel González: Revisión histórica y Valoración literaria». ¿Puedes decirnos si su contenido nos puede ayudar a conocer más la figura del beato Manuel? ¿Cuál es el mensaje que nos transmite en su tesis?
La tesis doctoral recibió la mención europea y fue calificada con la máxima nota. Después de la quema de las iglesias y conventos en Málaga, don Manuel tuvo que salir rumbo a Gibraltar. Intentó regresar pero las autoridades civiles no se lo permitieron. La falta de una aclaración científica acabó generando una leyenda negra entre algunos que acabaron pensando que don Manuel había abandonado la diócesis en un acto de cobardía, por temor al martirio, y que su traslado a la diócesis de Palencia constituyó un castigo por parte de la Iglesia.
La primera parte de esta tesis intenta completar, con documentación inédita hasta el presente, esas páginas de la historia que los biógrafos anteriores dejaron en el aire.
La segunda parte comprende dos estudios. El estudio de la simbología del Seminario malacitano pone de manifiesto otro aspecto de su personalidad: el filósofo–artista. El estudio de las tres voces (puerta, mirada y corazón del hombre) hace hincapié en la importancia de la experiencia fundante como generadora de lenguaje. En lenguaje llano, a veces típicamente andaluz, comunica misterios: el encuentro con Dios, la comunicación en clave contemplativa y hasta las dinámicas del centro afectivo del ser.
El mensaje principal es que don Manuel fue un hombre comprometido con su Iglesia y con su pueblo. Su espiritualidad y lenguaje eucarísticos rebasan en contenido la piedad de la época. Don Manuel no fue un ñoño de la piedad eucarística. La tesis pretende ahondar en el retrato del hombre valiente, con profunda experiencia de Dios. Además de alpinista y maestro del espíritu eucarístico, también expone a la consideración del lector al filósofo, pedagogo y escritor.

Mª del Carmen Ruiz, m.e.n
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