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Partícula para eucaristizarnos – Febrero 2016

1 febrero 2016

Artículo publicado en la revista “El Granito de Arena” de febrero de 2016.

«¡Lo que sentirían los corazones sencillos al verse envueltos o bañados por una mirada de Jesús…! Así me explico por qué curaba a muchos mandándoles que lo miraran: “¡Mírame!”»

Cartilla del catequista cabal, p. 36


Es tan normal darnos cuenta de lo que sucede a través de nuestros ojos, que caemos poco en la cuenta del valor que tiene la mirada. La mayoría de las criaturas creadas poseen el sentido de la vista, pero solo el hombre puede contemplar y percibir todo lo creado. Al mirar a una persona podemos percibir lo que se esconde en su interior, y así hablamos de una mirada elocuente, apasionada, profunda, etc. Así mismo, nos cuesta demasiado mirar a los ojos de alguien cuando lo hemos ofendido, y basta una mirada risueña para sentir aprobación y una mirada severa para saber que algo se hizo mal, o una mirada de arrepentimiento para recibir el perdón. La mirada, a veces, puede decir mucho más que las palabras. Muchas veces no es necesario decir nada para que la madre y el hijo se entiendan o los enamorados sepan lo que se quieren decir.

La mirada de Jesús. Los discípulos siempre se sintieron muy impactados y subyugados por esa mirada. El evangelio se refiere con frecuencia a la manera de mirar de Jesús: «Alzando la mirada» (Lc 21,1), «echó una mirada a Pedro» (Lc 22,61), «levanto los ojos» (Zaqueo, Lc 19, 5). Comentando los textos, dice el Papa Francisco: «Lo miró con ojos de misericordia; lo miró como nadie lo había mirado antes. Y esa mirada abrió su corazón, lo hizo libre, lo sanó, le dio una esperanza, una nueva vida» (21/9/2015).

La mirada de Jesús refleja totalmente la mirada de Dios, porque se fija con solicitud en cada hombre y mujer, mirando a cada uno como alguien único e irrepetible, y de la misma manera, Jesús podía estar atento a los grandes grupos, sin quedarse en un punto limitado, sino que poseía una amplitud en su manera de mirar, «mirando a la muchedumbre» (Mt 5,1), pudiendo caer en la cuenta de sus necesidades. A través de la mirada de Jesús se pueden conocer sus sentimientos, y de esa manera penetrarlos y hacerlos nuestros. En esa mirada se descubre la hondura de un amor infinito que llega a lo más íntimo del hombre.

Ver la vida con los ojos de Jesús es hacer que esta sea en nosotros un medio de salvación y aprender a descubrir de su mirada sus encuentros con las personas. «Dejémonos mirar por el Señor en la oración, la Eucaristía, en la Confesión, en nuestros hermanos, especialmente en aquellos que se sienten dejados, más solos. Y aprendamos a mirar como Él nos mira. Compartamos su ternura y su misericordia con los enfermos, los presos, los ancianos, las familias en dificultad. Una y otra vez somos llamados a aprender de Jesús que mira siempre lo más auténtico que vive en cada persona, que es precisamente la imagen de su Padre» (ib.).

Ver a los demás con los ojos de Jesús es eliminar todo lo que impida una visión clara. Hay situaciones por las que vivimos en nuestro interior una gran obscuridad, no sabemos por qué camino ir, qué opción elegir; entonces no queramos pretender «curar» nuestra vista con nuestras propias fuerzas. Es aliviador saber que Jesús está siempre para limpiar y dar luz a nuestros ojos. Por nuestra disponibilidad a su acción, puede restaurar nuestra visión para ver como Él ve.

Se dice del beato Manuel González: «Para mí, más que la sabiduría de sus sermones y el brillo de sus milagros, lo que atraía y arrastraba a los niños en torno de Jesús eran sus miradas… Y en seguida aprendió el secreto de aquellas dulces miradas de Cristo. Salió a la calle, volvieron a apedrearle y él se paró en la primera esquina, se volvió y comenzó a mirarlos, uno a uno, sonriéndoles, “como si le cayera en gracia la faena…”. Aquella mirada y aquella sonrisa los ha vencido… “La mirada –nos diría él– ha vencido a mis apedreadores”» (cf. J. CAMPOS GILES, El Obispo del Sagrario abandonado, 6ª ed., p. 72).

Hna. Mª Leonor Mediavilla, m.e.n.
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One Comment leave one →
  1. 1 febrero 2016 13:17

    Reblogueó esto en Fondo Solidario "Beato Manuel González"y comentado:
    ” Es aliviador saber que Jesús está siempre para limpiar y dar luz a nuestros ojos. Por nuestra disponibilidad a su acción, puede restaurar nuestra visión para ver como Él ve”

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