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Formación carismática (febrero 2016)

6 febrero 2016

Artículo publicado en la revista “El Granito de Arena” de febrero de 2016.

«Yo te daré libro vivo»

Hace pocas semanas llegó a mis manos el libro conmemorativo del I Congreso Internacional Beato Manuel González, cuyo título Nuevas miradas. Memoria agradecida, inspiró la reflexión que a continuación os comparto.


Al recibir el libro y abrir sus páginas recordé a santa Teresa de Jesús cuando en el libro de su Vida (V 26, 6) nos cuenta lo desazonada que se quedó cuando en 1559 el inquisidor general Valdés decretó la quema de muchos libros de espiritualidad y teología que consideraba poco aconsejables. Santa Teresa, que siempre se «recogía» con los libros, experimentó una gran tristeza ya que poseía y había leído muchos de esos libros. Esta experiencia purificadora le llevo a un profundo encuentro con el Señor que le dijo: «Yo te daré libro vivo». Ante estas palabras recibidas, santa Teresa experimenta cómo el Señor es «el libro verdadero adonde he visto las verdades. ¡Bendito sea tal libro, que deja imprimido lo que se ha de leer y hacer de manera que no se puede olvidar!».

Nos sirve, ¡y mucho!, este episodio de la santa mística, tan querida por el beato Manuel González, para reflexionar sobre algo que él mismo nos recuerda en Cartilla del catequista cabal y que nos ilumina a todos nosotros, evangelizadores y catequistas en nuestra tarea.

El Apóstol de la Eucaristía nos dice que «los dos libros insustituibles para educar que he descubierto, se llaman el niño y el Evangelio» (p. 50). Ambas realidades, el destinatario y el contenido, son para D. Manuel el libro vivo que nos habla y nos marca la senda de la tarea evangelizadora. Una mirada contemplativa a los niños, o a cualquier destinatario de nuestro anuncio, nos hace conocer cómo es la tierra en la que hemos de sembrar la semilla de la Palabra. Esta mirada al libro vivo que supone la vida, los problemas y todo el mundo interior del destinatario nos servirá de punto de partida para saber discernir lo bueno de esa tierra y también las malas hierbas que anidan en su campo.

Tierra buena
El beato Manuel compara el ministerio del catequista con el trabajo del agricultor que tiene como objetivo devolver a la tierra su estado virginal, inocente, quitando de ella las malas hierbas. Para D. Manuel esa tierra buena es aquella que es abonada con «la luz, fuerza y vida de Dios», y regada por la «frecuencia de sacramentos y oración, de educación cristiana y ejemplos buenos de padres, maestros, amigos y circunstantes la divina semilla, la gracia, produce frutos sabrosos de virtudes, adornadas y avaloradas con el rico perfume de la inocencia y a veces de la santidad consumada» (p. 52).

El otro libro vivo que el beato nos sugiere como el mejor libro de un buen catequista es el Evangelio. Como nos dice la misma Escritura la «Palabra de Dios es viva y eficaz» (Heb 4,12) y así la experimentó él, que nunca separó el Jesús del Evangelio del Jesús del Sagrario, y cómo en ambos lugares lo experimenta vivo, amándonos, proclamando la Buena Noticia, ofreciéndose por todos.

El libro del Evangelio hay que «leerlo a través de la limpieza de corazón y de la luz de la lámpara del Sagrario», porque es así como «se aprenden estas dos grandes lecciones que compendian toda la vida y fecundidad del verdadero Maestro».

Así pues, los niños y el Evangelio, son los dos grandes libros vivos que D. Manuel nos sugiere leer para hacer de nuestro servicio pastoral un servicio fecundo. Fecundidad que por otra parte no depende de nosotros sino del Espíritu que habla a través de la Palabra y de la propia acción misionera como nos recuerda el papa Francisco: «Pero no hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu, renunciar a calcularlo y controlarlo todo, y permitir que Él nos ilumine, nos guíe, nos oriente, nos impulse hacia donde Él quiera. Él sabe bien lo que hace falta en cada época y en cada momento. ¡Esto se llama ser misteriosamente fecundos» (EG 280).

¡Abrámonos, querida Familia Eucarística, a la acción del Espíritu, leamos el libro vivo de la realidad y del Evangelio, hagamos de nuestro sí fiel un estilo de vida eucarística y eucaristizadora!

Sergio Pérez Baena, Pbro.
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