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Resonancias en nuestra Iglesia de hoy (febrero 2016)

25 febrero 2016

Artículo publicado en la revista “El Granito de Arena” de febrero de 2016.

El beato Manuel nos invitó a una nueva etapa evangelizadora

«Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral solo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad. Como decía Juan Pablo II a los Obispos de Oceanía, “toda renovación en el seno de la Iglesia debe tender a la misión como objetivo para no caer presa de una especie de introversión eclesial”» (EG 27).
Queridísimo D. Manuel: en el mes de enero se ha cumplido un centenario de tu despedida de Huelva. Tu estancia en ella fue una de las épocas más fecundas de tu vida. Hoy queremos entrevistar a D. Ildefonso Fernández Caballero, que fue durante muchos años párroco en tu amadísima parroquia de San Pedro de Huelva y que es un gran conocedor de tus escritos y tu vida.

D. Ildefonso, sabemos que acaba de publicar en su blog Orientación pastoral un trabajo titulado «El legado pastoral del beato Manuel González en el Centenario de su despedida de Huelva». ¿Podría decirnos qué le ha movido a hacerlo?
Desde la fecha de nuestra jubilación, mi hermano, también sacerdote, y yo venimos dedicando una buena parte de nuestro tiempo al blog Orientación pastoral al que usted acaba de aludir. Son «paginillas» –que diría D. Manuel– lanzadas al vuelo en las redes sociales por si sirven de ayuda a algún sacerdote o agente de pastoral.

El año 2005 se cumplió el centenario de la llegada de D. Manuel a la parroquia de San Pedro. A partir de ese año, hasta este mes de enero de 2016, en que, el día 15, se ha cumplido el centenario de su amarga despedida de Huelva para ser consagrado obispo auxiliar de Málaga, he venido publicando en el blog, todos los meses, algún comentario a hechos significativos de su biografía en cada mes, especialmente sobre aquellas actividades pastorales que tuvieron lugar en Huelva. Quería sencillamente, desde esta orilla de las tres carabelas, donde la alegría del Evangelio llenó el corazón y la vida entera de D. Manuel, mostrar la gratitud que los onubenses le debemos porque con su vida, su acción y su palabra nos invitó, adelantándose al papa Francisco, a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, y nos indicó caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años.

Cuando en 2005 empecé a publicar ese recuerdo mensual, durante los años del Centenario de la estancia de D. Manuel en Huelva, no imaginaba que, desde el año centenario de su llegada a Huelva, iba a llegar hasta el mes de enero de 2016, centenario de su despedida. Llegado este momento pensé en seleccionar, del material que tengo sobre la acción pastoral de D. Manuel en Huelva, lo que estimo que es una plasmación completa y anticipada de la exhortación apostólica La Alegría del Evangelio, del papa Francisco.

Me han movido, pues, a publicar «El legado pastoral del beato Manuel González» la memoria agradecida a D. Manuel por aquella etapa pasada de su extraordinaria tarea evangelizadora en la Huelva de hace un siglo, la convicción de la validez de su legado cuando evangelizamos en el presente de nuestra diócesis, afrontando los diversos desafíos que ahora se presentan; y la espera confiada de que su canonización lo proponga a toda la Iglesia como modelo y ejemplar de evangelizadores con espíritu.

¿Cuáles fueron, según su criterio, los valores más importantes de la acción pastoral de D. Manuel en la diócesis de Huelva?
La pastoral eucarística juntamente con su entrega a la inclusión social de los pobres. La asistencia de los fieles y su participación alegre, plena y festiva en la Eucaristía, sobre todo la Eucaristía del Día del Señor, fueron preocupación constante de D. Manuel, y también ocasión de grandes satisfacciones, durante el tiempo de su estancia en Huelva. Esto un siglo antes de que san Juan Pablo II nos dijera que la Eucaristía es impulso para la evangelización en este tercer milenio, porque ella no solo es su centro, sino también fuente que desencadena y promueve toda la acción evangelizadora en el mundo contemporáneo (cf. NMI 36). Y que la participación en la Eucaristía es el centro del domingo para todo cristiano. Santificar el día del Señor es un privilegio irrenunciable y un deber que se ha de vivir no solo para cumplir un precepto, sino como necesidad, en orden a una vida cristiana verdaderamente consciente y coherente (cf. NMI 36).

Don Manuel ya pensaba que la Misa «para la sagrada liturgia no es solo doctrina que hay que exponer y creer, sino acción que ejecutar y representar, y no solo acción, sino la acción única, la acción por antonomasia, la que con toda razón y justicia puede llamarse la única acción esencial y vivificadora de la Iglesia católica y con respecto a la cual todas las demás acciones del sacerdocio, de la jerarquía y de la liturgia universal tienen razón secundaria y subordinada, de preparativo, medio o efecto» (OO.CC. I, n. 163).

Por otra parte, el papa Francisco nos dice que «evangelizar es hacer presente en el mundo el Reino de Dios. Pero “ninguna definición parcial o fragmentaria refleja la realidad rica, compleja y dinámica que comporta la evangelización, si no es con el riesgo de empobrecerla e incluso mutilarla” (EN 17). Ahora quisiera compartir mis inquietudes acerca de la dimensión social de la evangelización precisamente porque, si esta dimensión no está debidamente explicitada, siempre se corre el riesgo de desfigurar el sentido auténtico e integral que tiene la misión evangelizadora» (EG 176).

«Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo» (EG 187).

La tarea, pues, de una Iglesia fiel a Jesucristo es anunciar el Reino de Dios con obras y palabras. Obras y palabras que promueven la justicia en nuestra sociedad, esperanza para los pobres del mundo y llamada a la conversión de las personas y las estructuras que impiden la fraternidad en la justicia entre todos.

Es cuestión de fidelidad a Jesucristo, «enviado a evangelizar a los pobres» (Lc 4,18), la promoción de la justicia y la inclusión social de los pobres. La Iglesia debe continuamente interrogarse si el Evangelio que ella vive, anuncia y transmite es realmente Buena Noticia para los pobres y marginados de la sociedad.

En la época de D. Manuel, Huelva era una ciudad donde más de las dos terceras partes de su habitantes vivía en la pobreza. Mineros de la Compañía de Riotinto depauperados y enfermos, chabolistas de la Fuente Vieja, habitantes de las cuevas en todo el cabezo de la Cuesta del Carnicero, gitanos del Barrio del Polvorín, agricultores del Barrio de San Sebastián con una economía de mera subsistencia.

«Pobrecillos los pobres, ¡despiertan tan poco interés a su paso por el mundo!» (OO.CC. III, n. 5050). Esta frase expresa la compasión de don Manuel con el mundo de la marginación y la pobreza. El párroco de San Pedro sintió como primera exigencia hacerse presente físicamente entre los más pobres, acercarse a sus problemas y sufrimientos, sintonizar con sus angustias, encarnar el mensaje evangélico en su lenguaje, elevarlos y dignificarlos con la difusión de la cultura, hacerlos protagonistas de su propia liberación, desencadenar movimientos de solidaridad y promoción.

¿Cree que las orientaciones pastorales predicadas y vividas por el beato Manuel pueden ser significativas para nosotros, hoy?
En La Alegría del Evangelio, el papa Francisco se dirige a los fieles cristianos «para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años» (n. 1). Las orientaciones pastorales de D. Manuel, como eran fruto de su radicalidad evangélica, siguen teniendo la misma validez que tuvieron el siglo pasado, cuando fue párroco de San Pedro y arcipreste. Sus acciones pastorales en Huelva se pueden denominar hoy con los epígrafes de la exhortación del papa Francisco, como estos por ejemplo: «una Iglesia en salida», «desde el corazón del Evangelio», «todo el pueblo de Dios anuncia el Evangelio», «todos discípulos misioneros», «la homilía en el contexto litúrgico», «un oído en el pueblo», «la dimensión social de la evangelización», «la inclusión social de los pobres y su lugar privilegiado en el Pueblo de Dios», «evangelizadores con Espíritu», «María, la madre de la evangelización»…

Decía anteriormente que me impresionan especialmente en D. Manuel su pastoral eucarística y su preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad. Termino añadiendo que lo que sobresale en el pensamiento y la acción pastoral de D. Manuel es la unidad indisoluble que establece entre Cristo, presente en la Eucaristía, y la dimensión social de la evangelización. A esta la define, en su Conferencia en la III Semana Social de Sevilla, como «un viaje de ida y vuelta, que empieza, el de ida en Cristo y termina en el pueblo, y empieza en el pueblo, el de vuelta, y termina en Cristo» (OO.CC. II, n. 1879).

D. Manuel hizo suya la consigna «ir al pueblo» del papa León XIII. El papa Francisco invita repetidamente a salir a las periferias. D. Manuel ya lo hacía, constatando que «en la sociedad en que vivimos hay injusticias grandes, horribles, irritantes en grado sumo». Y añadía, para pasar a la acción, «yo no creo estar equivocado diciendo que la Acción Social Católica tiene dos aspectos o dos motivos: uno de caridad y otro de justicia. Uno de reivindicación y otro de misericordia».

Pero enfatizaba al mismo tiempo: «Es preciso no olvidar que nuestras obras, por muy populares y beneficiosas que sean, y muy disfrazadas que las presentemos, han de atraerse prevenciones y odios, que esa es en el mundo la suerte de Cristo y de sus obras; es esencial, en una palabra, a la Acción Social Católica ir siempre, tender siempre hacia Cristo» (OO.CC. II, n. 1879).

Así pues, las orientaciones y acciones de la pastoral de D. Manuel en la Huelva del siglo pasado continúan vigentes también hoy, en el pontificado y según los deseos del papa Francisco, porque tienen una fuente común en la alegría del Evangelio.

Mª del Carmen Ruiz, m.e.n
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