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Clausura del Año de la Vida Consagrada

26 marzo 2016

Artículo publicado en la revista “El Granito de Arena” de marzo de 2016.

Vida consagrada en comunión

Los últimos días del Año de la Vida Consagrada se han vivido intensamente en cada diócesis, y de una manera muy especial en Roma. Del 28 de enero al 2 de febrero se realizó en la ciudad eterna un Encuentro Internacional con el lema «Vida consagrada en comunión», organizado por la CIVCSVA.


Respondieron a la invitación las distintas formas de vida consagrada que el Espíritu Santo ha suscitado en la Iglesia: el orden de las vírgenes, la vida eremítica, la vida monástica claustral, los institutos religiosos de vida apostólica, de vida monástica masculina y sociedades de vida apostólica, los institutos seculares, los nuevos institutos y nuevas formas. El encuentro comenzó la tarde del jueves 28 con una Vigilia de oración presidida por Mons. José Rodríguez Carballo, o.f.m., secretario de la CIVCSVA, en la Basílica papal de San Pedro. La procesión de entrada estuvo acompañada de 50 consagrados y consagradas, los cuales llevaban una lámpara encendida en memoria del Concilio Ecuménico Vaticano II, a 50 años de la constitución dogmática Lumen gentium y del decreto Perfectae caritatis. La vigilia continuó en torno al lema «Felices», orando con la Palabra de Dios, con cantos, momentos de silencio, testimonios de santos y adoración eucarística.

La jornada del viernes se desarrolló en el Aula Pablo VI. Fue un día de reflexión y diálogo en torno a los temas: «Vida consagrada en la unidad de los carismas» (a cargo del cardenal João Braz de Aviz), «El fundamento común en la diversidad de las formas» (Cristophe Theobald, s.j.), «La dimensión contemplativa de la vida consagrada» ( Hna. Maria Ignazia Angelini, o.s.b., y P. Miguel Márquez Calle, o.c.d.) y «Caminos de conversión» (Mons. José Rodríguez Carballo, o.f.m.).

Una de las imágenes con las que se intentó representar la variedad de carismas en la Iglesia durante el encuentro fue la del mosaico. Por este motivo, los carteles, oracionales y folletos diseñados para esta ocasión tuvieron como imagen central un mosaico de Cristo rodeado de discípulos. Cada tesela, cada pequeño fragmento del mosaico tiene una forma, un relieve, un color, una tonalidad, un tamaño distinto de los otros, y puede ser de materiales variados: vidrio, piedra, terracota…, pero todos, aun en su diversidad, forman una armoniosa y bella unidad. ¡Esta es la luminosa belleza y riqueza de la vida consagrada hoy en nuestra Iglesia!

Diversidad de formas
El sábado 30 y domingo 31 de enero se ofrecieron diversos espacios, reflexiones, diálogos y caminos para cada forma de vida consagrada en particular. Con el lema: «Don para el pueblo de Dios», el orden de las vírgenes se reunió en el Auditorium Antonianum. En la Basílica de San Juan de Letrán y la Universidad Pontifica Lateranense se encontraron los institutos de vida religiosa apostólica, en torno al tema: «¿Qué misericordia?». Los institutos seculares, con el lema: «Llamados y formados para vivir responsablemente la historia», fueron convocados en el Instituto Patrístico Augustinianum. La vida monástica claustral tuvo su encuentro en la Pontifica Universidad Urbaniana. Finalmente, los nuevos institutos y nuevas formas se reunieron en la Casa Enrico de Ossó con el tema: «Nuevos recorridos de vida consagrada en la Iglesia».

El domingo por la tarde tuvo su centro en el tiempo dedicado a la liturgia eucarística, celebrada en distintas iglesias de Roma, en diversos idiomas (español, francés, italiano e inglés). También se ofrecieron itinerarios para contemplar la belleza. El primer itinerario fue la Capilla Sixtina («Contemplación de la humanidad redentora de Cristo»); el segundo, los lugares ignacianos («Contemplación de la misericordia»). Otras propuestas fueron participar en paneles, escucha de testimonios, forum lingüísticos y sesiones plenarias según las diversas formas de vida.

Profecía, cercanía, esperanza
El lunes 1 de febrero tuvo su punto de encuentro, nuevamente, en el Aula Pablo VI. La jornada comenzó con la Lectio Divina guiada por el P. Innocenzo Gargano, o.s.b.cam. A continuación se realizó un panel con el tema «Consagrados hoy en la Iglesia y en el mundo, provocados por el Evangelio», moderado por el P. Federico Lombardi, s.j. Y, después, un momento muy esperado: la audiencia con el santo padre Francisco. De su entrañable presencia y mensaje señalamos tres aspectos que destacó de la vida consagrada: profecía, cercanía y esperanza. La audiencia finalizó con estas palabras: «Por favor, no se olviden la profecía de la obediencia, la cercanía, el prójimo es más importante, el prójimo más próximo es el hermano y la hermana de la comunidad, y luego la esperanza. Que el Señor haga nacer hijos e hijas en sus congregaciones. Y recen por mí. Gracias».

Tras el encuentro con el santo padre y compartir el almuerzo, dejando reposar tantas experiencias vividas en cada jornada, los participantes disfrutaron por la tarde del Concierto–oración «Siguiendo las huellas de la Belleza», con textos de santos consagrados de todos los tiempos. La música y dirección estuvo a cargo de Mons. Marco Frisina.

Hacia la Puerta Santa
El martes 2 por la mañana la propuesta fue peregrinar a la Puerta Santa, con motivo del Jubileo de la Misericordia. Las estaciones fueron las basílicas papales de Santa María la Mayor, San Juan de Letrán y San Pablo Extramuros. El camino a cada una de ellas transcurrió en un clima de fe, fraternidad, alegría y oración. Por la tarde se celebró la Eucaristía en la basílica de San Pedro, presidida por el papa Francisco.

Miles de consagrados fueron llegando para la celebración. Tantos, que fue necesario habilitar varios sectores de la Plaza con sillas y pantallas, porque no había lugar dentro de la Basílica. En su homilía, el papa exhortó a los miembros de vida consagrada a ser hombres y mujeres de «encuentro y gratitud».

He aquí algunos fragmentos de su mensaje: «Los consagrados y las consagradas están llamados ante todo a ser hombres y mujeres del encuentro. La vocación, de hecho, no toma las mociones de un proyecto nuestro pensado con cálculo, sino de una gracia del Señor que nos alcanza, a través de un encuentro que cambia la vida. Quien verdaderamente  encuentra a Jesús no puede permanecer igual que antes. Él es la novedad que hace nuevas todas las cosas. Quien vive este encuentro se convierte en testimonio y hace posible el encuentro para los otros; y también se hace promotor de la cultura del encuentro, evitando la autoreferencialidad que nos hace encerrarnos en nosotros mismos. De la fiesta de hoy aprendemos a vivir la gratitud por el encuentro con Jesús y por el don de la vocación a la vida consagrada. Agradecer, acción de gracias: Eucaristía.

Cuán hermoso es cuando encontramos el rostro feliz de personas consagradas,  quizás ya con tantos años como Simeón o Ana,  felices y llenas de gratitud por la propia vocación. Esta es una palabra que puede sintetizar todo aquello que hemos vivido en este Año de la Vida Consagrada: gratitud por el don del Espíritu Santo, que anima siempre a la Iglesia a través de los diversos carismas. El Evangelio concluye con esta expresión: “El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él” (Lc 2,40). Que el Señor Jesús pueda, por la maternal intercesión de María, crecer en nosotros, y aumentar en cada uno el deseo del encuentro, la custodia del estupor y la alegría de la gratitud. Entonces otros serán atraídos por su luz, y podrán encontrar la misericordia del Padre».

Finalmente, el santo padre realizó un gesto de especial cercanía con quienes estaban participando en la celebración de la Eucaristía desde la Plaza, saliendo allí a dirigirles un saludo y unas sencillas y cálidas palabras de aliento para continuar viviendo con alegría la vocación y la misión que el Señor ha dado a cada uno.

De esta manera fue clausurado el Año de la Vida Consagrada en Roma. Ante tantos regalos recibidos brota en el corazón una profunda acción de gracias: ¡Gracias, Señor, por el don de la vida consagrada! No cesemos de orar pidiéndole con fe y confianza: ¡Envíanos tu Espíritu para seguir realizando nuestra misión con renovado ardor! ¡Continúa llamando operarios a tu mies, que sean en el mundo presencia luminosa de tu infinito amor!

PMª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
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