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La canonización en el horizonte (abril 2016)

9 abril 2016

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de abril de 2016.

«Un milagro atribuido a la intercesión del beato Manuel González»

En la mañana del 4 de marzo la Familia Eucarística Reparadora recibía, con regocijo indescriptible, la noticia de la aprobación del milagro atribuido a la intercesión de su fundador, el beato Manuel. El Boletín de la Sala de Prensa de la Santa Sede lo hacía público el día en que celebrábamos los 106 años del nacimiento de la UNER. La FER sigue unida en oración en la espera de la fecha de la canonización, que se dará a conocer en un próximo Consistorio de Cardenales.

Como explicaba en estas mismas páginas, hace algunos meses, el P. Javier Carnerero, postulador de la causa de canonización, el proceso es largo e implica estudiar un hecho extraordinario atribuido a la intercesión de, en este caso, el beato Manuel.

El hecho extraordinario que se presentó para su valoración fue la curación experimentada por la señora Carmen, gallega, residente en Madrid.

En agosto de 2008 tuvo una infección muy fuerte en la dentadura inferior. Esto ocasionó una gran herida que, incluso tras tomar antibióticos, no curaba. Por este motivo, dos meses después extrajeron dos trozos del tejido afectado, para realizar una biopsia y, tras los primeros resultados, que indicaban un posible linfoma maligno, se realizaron más estudios.

Malos presagios
El diagnóstico era muy desalentador: linfoma plasmablasmático. Única solución posible: tratamiento agresivo de quimioterapia. A consecuencia de la afección bucal, Carmen se encontraba muy débil, pesando apenas 38 kg, si bien medía 1,63 m. Los médicos fueron sinceros con ella, y se asombraban de su aceptación. Sus amigas, aunque no se lo decían, volvían de sus visitas tremendamente desanimadas al verla tan débil y desmejorada.

Pese a que intentó fortalecer su cuerpo con una adecuada alimentación, Carmen pensó que el Señor ya la llamaba a su lado. Por este motivo, una tarde, estando en cama y con fiebre muy alta, pidió a su esposo que fuera a buscar a un sacerdote para que viniera a confesarla y administrarle los últimos sacramentos. No se veía ninguna angustia en su rostro, posiblemente por lo que había en su corazón: «solo deseo ser perdonada y que la Virgen con nuestro Señor me reciban con su misericordia y perdón».

Don Manuel entra en su vida
En la parroquia de San Juan de Ribera se encontraba, entre otros sacerdotes, D. Paco, que fue quien en 1953 entregó una reliquia similar a Sara, una joven a punto de morir a causa de una peritonitis. Sara sanó de la noche a la mañana, y ese milagro es el que se presentó a la Santa Sede y fue aprobado para la beatificación de D. Manuel González.

El marido de Carmen encontró a D. Paco, pero no podía ir en ese momento. De todas formas, le dio una reliquia del beato Manuel que siempre llevaba consigo y una estampa con la novena, y le dijo que comenzaran a rezar inmediatamente. Carmen obedeció, y en ese mismo instante inició, sola, la novena, si bien no conocía nada de la vida del beato Manuel González. Incluso pensó «otra estampita para mi devocionario». Su marido se unió a su oración en los días siguientes. Al cuarto día de haber empezado la novena, Carmen recibió una llamada del hospital, porque iban a comenzar a darle la quimioterapia agresiva, aun a riesgo de su vida.

Increíble desaparición
Al entrar en la consulta, la doctora le hizo varias preguntas, miró su estado, consultó varias veces el ordenador y, finalmente, le informó de que no se le aplicaría el tratamiento, ya que, increíblemente, el linfoma había desaparecido, había tenido lugar una regresión espontánea. «Es increíble, pero no está,‒dijo‒ así que alégrese muchísimo, coma bien y beba una botella de champán al regresar a casa».

Carmen nunca había llorado en este tiempo, ni siquiera cuando creía morir. Pero, al escuchar la noticia, no pudo contener las lágrimas. Al salir de la consulta, un voluntario que la vio intentó consolarla ante las malas noticias que suponía por su llanto: «cuánto siento, señora, las malas noticias que han debido decirle…». Carmen sonrió, agradecida por la cercanía de este desconocido, y le dijo: «no, no son malas. ¡Son buenísimas!». Carmen se sentó en la sala de espera, junto a su nuera, que la había acompañado, y rezaron emocionadas al beato Manuel.

Tras esta curación inexplicable, Carmen se sometió a numerosas pruebas y estudios, ahora intentando explicar la desaparición del tumor, ya que los médicos decían que nunca habían visto nada igual.

Tras la curación, Carmen no cesó de rezar al beato Manuel ningún día de su vida, y también en su familia se unieron a su oración, como signo de gratitud.

Fechas clave

Año 2008

  • Agosto: Tras una intervención, Carmen sufre de una herida en el maxilar inferior que no se cura
  • Octubre: La biopsia realizada a los tejidos bucales implicados indica que se trata de un linfoma plasmablasmático agresivo
  • Noviembre: Los últimos días del mes, D. Paco le entrega la reliquia y Carmen comienza a rezar la novena al beato Manuel González
  • Diciembre: El día 1, al acudir para recibir la primera sesión de quimioterapia, se le informa que el tumor había desaparecido

Año 2009

  • 7 de octubre: Apertura del Proceso diocesano en Madrid

Año 2010

  • 31 de mayo: Clausura del Proceso diocesano y envío de la documentación a Roma

Año 2015

  • 29 de octubre: Una comisión de peritos médicos afirma que la curación de Carmen no tiene explicación humana
  • 15 de diciembre: Una comisión de teólogos analiza el presunto milagro dando su visto bueno

Año 2016

  • 1 de marzo: La causa es presentada a la congregación ordinaria de los cardenales y obispos del Dicasterio encargado de las Causas de los Santos, y también dan su visto bueno
  • 3 de marzo: El papa Francisco recibe en audiencia al cardenal Angelo Amato, s.d.b., prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, y autoriza la promulgación del Decreto sobre el milagro atribuido a la intercesión del beato Manuel González
  • 4 de marzo: El Boletín de la Sala de Prensa de la Santa Sede hace pública la autorización del santo padre
Mónica Mª Cordiviola, m.e.n.
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