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Resonancias en nuestra Iglesia de hoy (abril 2016)

15 abril 2016

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de abril de 2016.

Paradigma de buen sacerdote y pastor

«No se puede perseverar en una evangelización fervorosa si uno no sigue convencido, por experiencia propia, de que no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo solo con la propia razón. Sabemos bien que la vida con Él se vuelve mucho más plena y que con Él es más fácil encontrarle un sentido a todo. Por eso evangelizamos. El verdadero misionero percibe a Jesús vivo con él» (EG 266).
Queridísimo D. Manuel: En este mes de abril, lleno el corazón de gozo por el reconocimiento que la Iglesia nos acaba de hacer de tu valiosa intercesión ante nuestro
Dios, queremos entrevistar a los seminaristas de Cáceres que con su rector y con el padre espiritual han hecho muy recientemente tu Ruta en Andalucía ,visitando los lugares donde tu presencia y acción han dejado honda huella. Sabemos el amor de predilección que tenías a los sacerdotes y a los seminaristas, hasta el punto de visitarlos casi a diario en tus diócesis de Málaga y Palencia. Recuerdo las palabras de D. Francisco Parrilla, que fue tantos años vicario general de tu diócesis de Málaga: «D. Manuel encontró fuerza, ánimo, capacidad de superar las cruces, que fueron muchas y muy dolorosas, en la Eucaristía. Por eso quiere un sacerdote eucarístico. No lo retrae, sino que está seguro de que el sacerdote modelado en la Eucaristía que celebra y adora será siempre según el corazón de Jesucristo».

Estimado D. Miguel Ángel Morán Manzano, rector del Seminario Diocesano, ¿qué le ha movido a hacer esta Ruta con sus seminaristas por los lugares donde D. Manuel recibió su específico carisma y tantas gracias?
El motivo de este viaje «Siguiendo las huellas del beato Manuel González es por su espiritualidad, enraizada en lo más específicamente sacerdotal, Eucaristía y amor a los demás, preferencialmente a los pobres. Si tenemos sacerdotes enamorados de la Eucaristía a través de la celebración y la adoración, siempre serán fieles y constantes en su santificación y en su generosidad de vida.
Esto les llevará a una disponibilidad tan entregada que no se guardarán para sí mismos, sino que tendrán una mirada de amor para el más sufriente. La finalidad de la vida sacerdotal es tener los mismos sentimientos del Corazón de Cristo, y esto se forja en la oración ante el Sagrario y el trato con los más necesitados. Todo esto lo encontramos en la vida de D. Manuel, paradigma del buen sacerdote y pastor, por eso nuestros pasos, nuestra mirada y nuestro corazón se fijan en él, porque todo él nos habla de Jesús eucaristizado. Siento que siempre debemos dar gracias a D. Manuel por su vida virtuosa y ejemplar.

Estimado Víctor Barrantes, seminarista de Cáceres, ¿qué impresiones has vivido en este viaje? ¿Quién es D. Manuel para ti?
Conocía al beato Manuel a través de las Misioneras Eucarísticas en mi diócesis. Me motivó su amor a la Eucaristía. Lo que más me impactó en este viaje fue la capilla del Sagrario de Palomares del Río, donde el beato Manuel se encontró con el Sagrario abandonado. Es un lugar muy íntimo y recogido. Gracias a esta experiencia he comprendido que D. Manuel tiene que decir mucho a los seminaristas y sacerdotes de hoy en su amor a la Eucaristía, como lo más grande que tenemos los cristianos. El deber del sacerdote es basar su vida en ella. Ser sacerdote hostia, como decía el beato, es objetivo preciso de ese estado de vida. Y esto se tiene que comunicar al Pueblo de Dios.

Querido Robert, también seminarista, ¿hace mucho que conoces a D. Manuel? ¿Te parece una figura relevante para nuestro tiempo?
Sinceramente, antes de hacer este camino lo conocía por lo que me habían contado. No me había interesado mucho. Me llamó la atención el evento que tuvo lugar en Ávila el año pasado: el I Congreso Internacional Beato Manuel González. A partir de este acontecimiento, presté mayor interés. Lo que me movió a hacer esta peregrinación es conocerle mejor y hacerme una composición de lugar y de su tiempo. Quise que se grabaran en mí las frases de su vida allí por donde pasó.
Me impactaron muchas cosas estos días, aunque mencionaré solo dos. La primera fue que él perteneciera desde pequeñito a un grupo de niños que danzaban ante Jesús Sacramentado, cosa que preparó su alma para tener un gran amor a la Eucaristía, lo arrastró durante toda su vida. La segunda es la preocupación que tenía por la Iglesia en todos los sentidos. Quería sentirse en comunión con sus hermanos sacerdotes y con toda su feligresía, se sentía comunidad. Me gustaría mencionar otra, que es la obediencia a la Iglesia y la confianza que tenía en Dios, se abandona humildemente a su voluntad.
Sin lugar a dudas su figura tiene mucho que decir a los seminaristas y sacerdotes actuales. La muestra la tenemos en el Seminario de Málaga. Nos enseña a centralizar todo nuestro quehacer en el Señor Sacramentado y llevarlo como anuncio y vida a todas las gentes. La importancia que daba a la formación, a la sencillez de vida y a la sensibilidad por toda la Iglesia sin miedo fue ejemplar en toda su existencia.

Mª del Carmen Ruiz, m.e.n
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