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Editorial (mayo 2016)

12 mayo 2016

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de mayo de 2016.

La mejor de las oportunidades

El 8 de abril se hacía pública la exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia, un texto largamente esperado ya que recoge las aportaciones, ideas y sugerencias de los dos últimos sínodos sobre la familia realizados en el Vaticano. La mayoría de los medios de comunicación de tipo generalista se han hecho eco de la aparición de este documento quizá pensando que el santo padre podría llegar a dar un giro en la doctrina de la Iglesia. Nada más lejos de la realidad..


El texto, de 325 números y casi 400 notas al pie, debería ser leído por todos los católicos, ya que la realidad familiar nos incumbe y nos envuelve a todos. El papa Francisco, con su habitual claridad y sencillez, no pretende pontificar nuevas doctrinas sino que, ante todo, quiere ayudar a la Iglesia a ver la realidad familiar con una mirada esperanzada y realista, porque vivir la virtud de la esperanza es la única forma segura para vivir en la verdad. No en vano en la última frase de la introducción afirma que las familias «no son un problema sino principalmente una oportunidad».

El amor genera alegría, de ahí el título del documento. La alegría generada por el amor en las familias es gozo que se extiende a toda la Iglesia y, por tanto, permite que el mensaje cristiano sobre la familia sea de gozo y esperanza.

Los cristianos somos misioneros de nacimiento. En el momento del Bautismo, que nos hace nacer a la vida nueva y nos injerta en Cristo, nos configuramos como transmisores de la Buena Nueva que nos ha salvado y que se ofrece a todos sin distinción.

Nuestro primer deber misionero es el propio testimonio, aquello que transmitimos con la vida. El texto pontificio nos ayuda para que este testimonio, en relación con las familias, esté lleno de alegría y paz. En efecto, afirma el papa, citando las palabras de los padres sinodales, «el anuncio cristiano referido a la familia es verdaderamente una buena noticia».

Nuestra vida, sea o no con las palabras, debe ser transmisora de la alegría de esta Buena Noticia recibida. La sociedad actual está acusada de padecer las peores enfermedades, sin embargo, la tristeza y el pesimismo son las que destacan como más agudas y nocivas. Los cristianos, llamados a ser «sal de la tierra y luz del mundo» (Mt 5,13-14), tenemos una misión primordial en ese sentido. Esto no implica adquirir nuevos conocimientos ni someterse a grandes preparaciones teológico académicas. Solo es indispensable abrirse a la gracia que a cada instante se derrama sobre nosotros, ser conscientes de nuestra realidad de hijos amados, de personas salvadas.

El estudio profundo de Amoris laetitia, además de seguir las indicaciones de una lectura reposada que indica el santo padre en el n. 7, permitirá un doble crecimiento en nosotros. Por un lado, nos permitirá observar la realidad familiar con una mirada esperanzada y renovada, la misma mirada de Dios. Una mirada llena de amor compasivo y misericordioso. Por otro, nos permitirá crecer en el conocimiento de lo que la Iglesia ve en cada familia y aquello que quiere transmitirles.

En un tiempo en que la familia es punto de mira desde los más variados ámbitos, todas necesitan que les llegue el verdadero mensaje que la Iglesia quiere darles, un mensaje de acogida y no de condena, un mensaje de aliento y no de exigencias vacías, un mensaje, en fin, lleno del amor de Dios, del Dios de la misericordia. «

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