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La canonización en el horizonte (mayo 2016)

29 mayo 2016

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de mayo de 2016.

Con alegría y gratitud desbordantes

Que una persona sea declarada santa implica un proceso y un tiempo más o menos prolongado según las situaciones. En el Proceso del beato Manuel González ha habido muchas personas trabajando con cariño y constancia. Una de ellas, particularmente significativa, es la Hna. Ana Mª Palacios, Misionera Eucarística de Nazaret, que comenzó a colaborar desde el inicio, en 1952, y lo sigue haciendo a día de hoy.


Sabemos que en todas las causas de canonización se deben seguir una seria de pasos. Estimada Hna. Ana Mª, tú has estado vinculada a este proceso desde sus inicios, ¿cuánto tiempo ha implicado cada uno de estos pasos en la causa de D. Manuel?
Ciertamente, poder declarar santa a una persona requiere un proceso minucioso y exhaustivo para demostrar que su vida ha ido siempre por el camino que conduce a Dios. Para eso están sus escritos, los ejemplos que han dejado huella y el testimonio de los testigos que le conocieron y trataron. El tiempo empleado en cada uno de los pasos que se han de dar en estos procesos, es variable. Por ejemplo, en nuestro caso, desde que se inició el proceso, el 2 de mayo de 1952, hasta la beatificación, el 29 de abril de 2001, fue una etapa muy larga: 49 años; no obstante haber ocurrido el milagro que sirvió para la beatificación, al año siguiente de abrirse el proceso y a los 13 años de su muerte. Esta etapa es la más decisiva y en la que hay que dejar muy claro que la persona a la que se quiere elevar al honor de los altares lo merece. En las otras etapas que le siguen se trabaja sobre esta base.

Puede llamar la atención que esta primera etapa haya sido tan larga. ¿A qué pudo deberse? Nuestro padre, el beato Manuel González, tuvo muchos enemigos y, lo que es peor, falsos amigos como él dijo, y yo añado: falsos colaboradores en el Seminario en los que él había puesto toda su confianza. En su destierro, en una carta a uno de ellos le dice: «A mi cruz de Málaga le faltaba el INRI y el buenísimo Corazón de Jesús se ha dignado regalarme uno hecho en el que fue mi soñado y querido Seminario. ¡Bendito sea!».

Las acusaciones eran graves y los varios postuladores que tuvo la Causa en esa época no supieron darle solución. El Proceso estuvo parado muchos años con peligro de ser archivado para siempre. Pero como el Corazón de Jesús quería a su fiel siervo como ejemplo de santidad para la Iglesia, puso en nuestro camino al P. Romualdo Rodrigo, Agustino Recoleto, que desde el principio vio en nuestro padre un santo y dijo que él tenía que sacarlo adelante. Hizo una magnífica defensa que mereció los elogios de la Congregación para las Causas de los Santos y el Proceso comenzó a andar de nuevo.

El beato Manuel, en su libro Nuestro barro, escribió: «Pero ¡qué cosas se te ocurren, Señor! ¡Hacer santos de barro!… Y ¡hacer santos a los muñecos de barro a fuerza de trastazos…!» ¡Cuántos y qué fuertes los recibió él. Pero así se hacen los santos.

La segunda etapa ha sido el milagro para la canonización. También ha tenido sus dificultades, pero el tiempo ha sido mucho más breve que la anterior. El milagro se empezó a estudiar en 2009 y esperamos que la canonización sea en este año 2016. Es decir, 7 años; lo normal en estos casos.

Hasta donde sabes, ¿es mucha la gente que confiesa su devoción al (aún) beato Manuel? ¿Se ponen en contacto con tu oficina de muchos países? ¿Alguno especialmente reseñable?
Sí, son muchísimas las personas que manifiestan se devoción al beato Manuel González, unas veces por teléfono y otras por carta. El archivo es testigo de los miles de cartas con favores y testimonios de veneración que se guardan en él. A veces de sitios inverosímiles que me hace preguntar cómo ha llegado hasta allí el conocimiento y la devoción a nuestro padre. Y no me quedo con la duda ¡pregunto! y, generalmente, ¡qué historias tan bonitas! Tradición familiar, el encuentro de una Hoja Informativa que al leer los favores les ha animado a encomendarse; una estampa con la novena, o encontrarse con una cara tan simpática y atrayente. De otros países también se reciben pedidos, especialmente reliquias: China, Japón, Países Árabes, Inglaterra, Alemania, Francia… Pero se ha destacado Filipinas. En este país hay varias personas que han abierto páginas web para dar a conocer en inglés a nuestro beato. También Brasil y por supuesto países iberoamericanos, donde tenemos grandes propagandistas, destacándose Argentina.

Los favores obtenidos gracias a la intercesión del beato son, posiblemente, incontables. Muchos los hemos leído en la Hoja Informativa que edita cada tres meses. ¿Hay alguno que recuerde con especial fuerza o emoción?
Los favores, como dices bien, son incontables. Entre ellos hemos tenido verdaderos milagros, tres bien vistos en Roma, pero que por circunstancias especiales no se ha podido llegar a un final. Especialmente voy a hacer mención de uno que no entra en los anteriores pues su noticia nos llegó muy tarde y después de la beatificación.

En el año 2002, vino a Palencia una señora de Algueña (Alicante), ciega por diabetes desde los 12 años, pidiendo con mucha energía tocar algo del beato Manuel porque había recibido un gran milagro por su intercesión.

Nos contó que en el año 1961, hacía ya 41 años, la eligieron reina de las fiestas de su pueblo. Tenía ella 17 años, pero veinte días antes de las celebraciones le sobrevino una peritonitis aguda. Como digo antes, era diabética, y los médicos dijeron a sus padres que si no la operaban, ciertamente moriría. Pero si la operaban era muy posible que le sobreviniera un coma diabético. Se decidieron por la operación y, en efecto, le vino el coma. Los médicos en esos días solo se preocuparon de combatir el coma. Cuando salió del mismo y le levantaron la cura se encontraron con que la herida estaba cicatrizada y el apósito limpio. Estaba totalmente curada, aunque persistía la diabetes, lo que hace más patente el milagro. En ese momento pudo irse con su madre al pueblo y actuar como reina de las fiestas. Una tía suya la había encomendado a nuestro beato, pero lo único que nos dijo, al ocurrir el hecho, fue que su sobrina había recibido un favor del beato Manuel y que en el pueblo decían era un milagro. Aunque le escribí preguntando no dio más explicaciones. Caminos del Señor.

¿Cómo has vivido estas décadas? ¿Qué sentimientos has tenido? ¿En algún momento has dudado de que fuese posible la canonización?
He vivido entregada, con mucha ilusión, a trabajar por la Causa, haciendo y enviando propaganda a todos los rincones de España y a muchos otros países. Contestando todas las cartas que he recibido, o dando las gracias por los donativos que han enviado. Por pequeños que hayan sido, todos han recibido unas letras de gratitud. Al Señor le agrada que seamos agradecidos. Yo lo soy y, además, sé por experiencia que la gratitud atrae nuevos beneficios. Me he sentido y me siento muy agradecida a Dios y a mis superioras que me han dado la oportunidad de llevar adelante este trabajo, con el que he podido entrar muy dentro de la persona y de la doctrina de nuestro padre fundador. Nunca he dudado de que llegaría la canonización, aunque siempre con el interrogante del cuándo. He rezado mucho y pedido oraciones para que fuera pronto. Todos los días visito el sepulcro.

¿Crees que la canonización implicará un florecimiento de vocaciones a las Misioneras Eucarísticas de Nazaret y a las demás ramas de la Familia Eucarística Reparadora?
El hecho de contar con nuevas vocaciones, a mi parecer, no depende tanto de que D. Manuel González sea beato o santo, depende más bien de nuestro testimonio y ejemplo. En nuestra congregación la canonización de su fundador puede ayudarnos a aumentar el entusiasmo y el deseo de fomentar el carisma que nos transmitió.

¿Qué queda ahora, por delante, cuando ya nos sentimos tan cerca de poder venerar como santo a nuestro querido Manuel González?
Mantenernos muy fieles al carisma recibido, cada vez más necesario en la Iglesia, y seguir transmitiéndolo a todos, pues el deber de acompañar y reparar a Jesús en la Eucaristía es de todo cristiano, pero de un modo especial de las personas integradas en las Obras fundadas por el futuro santo.

Mónica Mª Cordiviola, m.e.n.
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