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Editorial (junio 2016)

3 junio 2016

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de junio de 2016.

Nuestra fiesta más propia

Comenzamos junio, mes tradicionalmente dedicado al Corazón de Jesús y en el que el primer viernes se celebra en este año 2016 su solemnidad. Para el beato Manuel González este mes era el más significativo de todos los del año ya que, como él gustaba llamarlo, era «el mes del Amo», el tiempo propicio para mirar de frente a ese Corazón, todo amor, que se dio y se sigue dando por nuestra salvación.


Ofrecemos en este número de El Granito las palabras que él quiso escribirle, «al Amo en su fiesta», en 1919. Si bien sus palabras reflejan el momento en que fueron escritas, es importante entresacar de ellas la esencia que quiere transmitirnos, ya que nadie mejor que nuestro fundador puede darnos las pautas para vivir con coherencia nuestro carisma.

En nuestros días muchas veces se ha mirado con recelo la devoción al Sagrado Corazón, viéndola como una piedad inconsistente y melosa. Sin embargo, nada más alejado de lo que la Iglesia quiere transmitir con su fiesta. Celebrar el Sagrado Corazón de Jesús implica admitir, en primer lugar, que en Jesucristo, el Hijo, la segunda persona de la santísima Trinidad se hizo verdadero hombre y como tal vivió su vida, con un corazón dispuesto a amar a todos. Por otra parte, la gran novedad de una celebración que algunos erróneamente consideran anticuada es la fe en que Dios tiene un corazón verdaderamente humano y verdaderamente divino.

Si lo propio del corazón es amar, ¡cuánto amor podrá alojarse en ese corazón que es infinito por ser corazón de Dios! El Año de la Misericordia ofrece, en este sentido, el ámbito más adecuado para comprender en su hondura, dentro de nuestros límites humanos, este gran misterio: Dios tiene un corazón y con él es capaz de amar sin límites, es capaz de entregar su vida por cada una de sus criaturas, es capaz de hacernos hijos en el Hijo y puede ofrecernos su vida divina en su Cuerpo hecho Pan.

Cada año, el beato Manuel se topaba con el mismo dilema: no encontraba palabras suficientes en el vocabulario para decirle al Sagrado Corazón de Jesús todo lo que bullía en su interior ante un misterio de amor tan grande. Sin embargo, hay una palabra que no cesa de repetir: «gratitud». Las actitudes propias de quien se ha enterado realmente de la hondura del amor incondicional de Dios son el asombro y repetir incansablemente, con los labios y con el alma, el «gracias» más sentido.

Repetía en muchas ocasiones el fundador de la Familia Eucarística Reparadora que este carisma no es nuevo y que él no había fundado sino que, simplemente, había caído en la cuenta de su necesidad. De igual modo, considera a todos lo miembros de la UNER los enterados de esta situación.

Todos los miembros de la FER hemos recibido este don: descubrir que Dios está vivo entre nosotros y en cada Sagrario, que viene a nosotros en cada Comunión y que su presencia se extiende a todos las personas del mundo.

Reza la oración para después de la comunión de la Misa de la solemnidad del Sagrado Corazón: «Señor y Padre nuestro, que este sacramento de tu amor nos haga fervorosos en la caridad, para que atraídos por tu Hijo, sepamos reconocerlo en nuestros hermanos».
Que este fiesta y este mes den nueva fuerza a toda la Familia Eucarística para que viva con coherencia y radicalidad el don recibido y para que, de esta forma, sea testigo del amor de Dios ante este mundo que tanto lo necesita. «

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