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“Al amo en su Fiesta”

4 junio 2016

Artículo publicado en la revista “El Granito de Arena” de junio de 2016.

¡Gloria, gratitud y petición!

La fiesta y la celebración del mes del Sagrado Corazón Corazón de Jesús eran momentos muy especiales para el beato Manuel González, que dedicaba abundantes líneas de El Granito de Arena a saludar, agradecer, pedir y glorificar «al Amo», como él gustaba llamarlo. Ofrecemos el saludo que le dedicó, desde estas páginas, el 20 de junio de 1919.

Al acercarse tu Fiesta y tratar de copiar en el papel lo que el corazón cargado de agradecimiento pugna por decir, siento siempre una sensación de indigencia, que me acibara tanto el placer de felicitarte.

Sí, siento la indigencia de mi cabeza que no sabe elaborar ideas nuevas; de mi corazón que no rompe en cariños nuevos; de mi imaginación que no compone cuadros nuevos; de mi lengua que no se mueve de un modo nuevo; y de mi pluma que no se torna en naturaleza mejor y se moja en tinta distinta de la que se moja para escribir cosas terrenas. Porque esa es el ansia de mi alma al llegar tu Día.

¡Tu Día!
Sí, sí, en tu día quisiera yo pensar, querer, hablar, escribir de modo distinto y superior a todos los demás días del año, y de ese modo singular y extraordinario pasar todo el día felicitándote.

¡Cómo siento la pobreza del vocabulario humano que no tiene palabras que pertenezcan exclusivamente a Ti y que llama con la misma palabra, corazón, esa hoguera de cariño que llevas en el pecho y esta miseria de carne fría, egoísta y dura, que llevamos los hombres. Y con el mismo vocablo, amor, el fuego que de ahí sale purificador, abrasador y divinizador, y este unas veces fuego que mancha, achicharra y destruye, y otras frío que endurece y mata.

¿Por qué, así como se ha escogido el aroma del incienso para honrarte a Ti sólo, no se han escogido o inventado o recibido del cielo palabras que solo sirvieran para nombrarte o hablar de Ti?

No las hay, Señor. La humildad de tu amor te ha llevado a aceptar nuestros nombres comunes lo mismo que te ha llevado a aceptar nuestros dolores y miserias.

Pues ya que no en el lenguaje tuyo sino en el común y vulgar nuestro, te quisiera decir, como se estila acá cuando se celebran los días, cuántas ternuras, alabanzas, protestas de cariño bueno, fiel y rendido puede decir una lengua de tierra y una pluma de tierra y sentir un corazón de tierra movidos unas y otros por un alma que ansía ser toda fuego de amor por Ti.

Yo quisiera…
Corazón de Jesús, yo quisiera que el Día tuyo fuera el de mi mayor limpieza de conciencia, de mi más ardiente amor, de mi fe más viva, de mi mejor Misa, de mi más íntima Comunión, de mi más pronta generosidad. En una palabra, el día más bueno de todo mi año. ¿Sabes para qué? Para que, avasallada y adornada mi voz con los ecos de todas esas cosas para Ti tan gratas, me oyeras mejor y metieras más adentro mis palabras de felicitación. Me lo concedes ¿verdad?…

¡Gloria, gratitud y petición al Corazón de mi Jesús Sacramentado por este pobre Obispo y por todas las almas y obras que le has confiado!

¡Gloria, gratitud y petición singularmente por esos Misioneros eucarísticos diocesanos que, con tu Nombre en sus bocas, con tu amor en sus corazones, tu ejemplo en sus vidas, tu gracia en su acción, tu cruz en sus hombros y tu semilla en sus huellas van haciendo buenos a los que eran malos, y mejores a los buenos, y esparciendo por todos los ámbitos de la diócesis el buen olor de tu Evangelio y de tu Eucaristía!

¡Gloria, gratitud y petición por esas Marías, las de mi diócesis, las de España, las del mundo, esas locas de tu Sacramento abandonado, esas revolucionarias de las conciencias dormidas, de los corazones duros y de las almas olvidadizas, esas incendiarias de los pueblos todo hielo para con el Jesús de sus Sagrarios, esas heroínas que, a fuerza de repetir heroicidades, han hecho vulgar lo heroico, esas… ¡Dios mío, otra vez, qué pobre es nuestro vocabulario! ¿Cómo llamarlas con nombre propio? Y ¿cómo dar gracias cumplidas por esas mujeres y esas hazañas sin nombre?

¡Gloria, gratitud y petición por esos Discípulos de San Juan con su valor en pisotear respetos humanos y dar la cara por Ti! y pasarse las noches en vela para acompañarte en los Sagrarios sin hombres, y por esos Juanitos, de palabras graciosas, de requiebros ingenuos, de santas precocidades. Y por esas escuelas de Huelva, con su internado de maestros y sus talleres de obreras y sus largas siembras y ya abundantes cosechas, y por esas Escuelas del Ave–María de los barrios de la Trinidad y de Huelin de Málaga, y por esas escuelitas de carreteras, gérmenes de cristiandades en tierras que no te conocen y en las que todavía no ha clavado tu cruz ni se te ha levantado un altar.

¡Gloria, gratitud y petición por esos proyectos de mi seminario! O, mejor, tu seminario hoy todavía de papel y de deseos, pero pronto, muy pronto de hermosa realidad de piedra, de aires puros, de alturas vistosas, de gracias de estilo y de la tierra, de santa fecundidad de hijos, de perennes irradiaciones de tu Sagrario, en una palabra, de Seminario–Custodia que a todas horas y en todos los tonos y en mil maneras te esté cantando el Tantum ergo de tu gloria y de sus agradecimientos y peticiones.

Y gloria, y mucho agradecimiento, ¿por qué no?, por las cruces con que nos regalas, por las persecuciones con que nos purificas, por las espinas con que dejas que nos puncen los que están cerca y los tiros con que nos hieren los que están lejos.

¡Corazón de Jesús!
Todo para gloria tuya, lo que nos levanta como lo que nos abate, lo que nos sigue como lo que nos persigue, lo que nos halaga como lo que nos duele…

Que Tú seas glorificado por nuestras alegrías y por nuestras penas, por nuestros triunfos y por nuestras derrotas, por nuestra fama y por nuestra infamia, y que, velados nuestros ojos por las lágrimas, te vean; y apagada nuestra voz por la fatiga, te aclame, y extenuados nuestros miembros por el constante luchar, y agotado nuestro corazón por el angustioso querer sin ser querido, todavía les quede fuerza para bendecir a los ingratos y rezar por ellos el Padrenuestro de la santificación de tu Nombre y del perdón de nuestros deudores.

Fíat, fíat, fíat. Amén

Manuel, Obispo de Olimpo
El Granito de Arena, 20/6/1919
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