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Resonancias en nuestra Iglesia de hoy (junio 2016)

19 junio 2016

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de junio de 2016.

D. Manuel: Pastor con lenguaje asequible al pueblo

«Entre algunos de sus discípulos, el Señor Jesús quiere elegir a algunos en particular, para que ejercitando públicamente en la Iglesia en su nombre el oficio sacerdotal a favor de todos los hombres, se continúe con su misión personal de maestro, sacerdote y pastor… Lleven a todos la Palabra de Dios, que ustedes mismos han recibido con alegría. Lean y mediten asiduamente la Palabra del Señor para creer aquello que han leído, enseñar aquello que han aprendido en la fe y vivir aquello que han enseñado… Deben tener siempre ante sus ojos el ejemplo del Buen Pastor, que no ha venido para ser servido, sino para servir; no para permanecer en sus comodidades, sino para salir y buscar y salvar aquello que estaba perdido» (papa Francisco, 26/4/2015).
Queridísimo D. Manuel: En este mes de junio nos acercamos a tu querida Málaga para entrevistar a D. Antonio Jesús Jiménez, sacerdote formado en tu seminario y que ha hecho su tesis doctoral poniendo de relieve el amor que llenó toda tu vida y acciones. Te vemos como un buen pastor que supiste dar la vida por las ovejas a ti confiadas y que supiste vivir e infundir este amor en tus seminaristas.

Muy estimado Antonio Jesús, quiero felicitarte por tu tesis que tanto nos puede ayudar a valorar la santidad de nuestro beato,que supo ser buen pastor en medio de las dificultades que en aquel momento de nuestra historia de España le tocó vivir. ¿Puedes compartir con los lectores de El Granito lo que te movió a elegir a D. Manuel para escribir la tesis?
Lo que me motivó a embarcarme para estudiar y conocer en profundidad a don Manuel es, por una parte, el afecto que le profeso y, por otra, la constatación del resquemor que ensombrece su imagen y que aún queda latente en la memoria colectiva del pueblo, no porque ellos lo hayan vivido en primera persona, sino por el rumor difamatorio transmitido de generación en generación. Lo pude confirmar en primera persona cuando a finales del año 2010 el Sr. obispo de la diócesis, don Jesús Esteban Catalá Ibáñez, me nombró juez ad casum de la Comisión para la Causa de los Santos, donde se estaba estudiando una larga lista de sacerdotes, seminaristas y seglares que fueron martirizados durante los acontecimientos bélicos del año 1936 en defensa de la fe, y que por lo tanto conocieron muy de cerca al prelado. Al interrogar a los testigos, familiares o conocidos de los descendientes de los mismos, para que aportaran documentación sobre estos presuntos mártires pude corroborar en carne propia la pervivencia de estos cuestionamientos negativos que opacan su episcopado.

¿Puedes ponernos de relieve aquello que consideres de la tesis que puede ayudar a conocer más a D. Manuel y a valorar la acción de Dios en él?
Mi tesis consta de dos bloques: el primero comprende una revisión histórico–biográfica y el segundo aborda un estudio filosófico sobre la simbología del seminario malacitano, y otro léxico–semántico sobre tres símbolos en la obra escrita: puerta, mirada y corazón.

En el primer bloque intento responder a la laguna histórica que ensombrece el perfil moral de don Manuel González: en primer lugar, ¿abandonó la diócesis o se vio obligado a salir de ella en el año 1931, cuando la Iglesia de Málaga vivía uno de sus peores momentos?; en segundo lugar, ¿hizo ademán de regresar a la diócesis de Málaga o prefirió quedarse en el exilio por miedo al rechazo del pueblo?; en tercer lugar, su clero ¿tomó a mal o con recelo la salida del obispo de la diócesis en esos momentos tan trágicos de desconcierto, viéndose como ovejas sin pastor?

Al adentrarme en profundidad en esta figura pude descubrir en él otras dos facetas que constituyen el segundo bloque: la de pensador de su obra cumbre, el seminario diocesano de Málaga, y la del escritor. Tanto una como la otra respondían a la sensibilidad artística de su época. Pero sobre todo la segunda recogía el pensamiento teológico y las prácticas piadosas de entonces, valiéndose de un lenguaje asequible al pueblo. Durante muchos años fue leído en clave devocional, representativo de una forma de piedad propia de su tiempo, dirigido no a una élite, sino a un destinatario poco versado en letras, con destino simplón y poco valor estético. Respetando el progreso de la reflexión teológica y los cambios en la lengua, hace tiempo me había llamado la atención la gracia de sus dejes andaluces, la potencialidad evocadora de su lenguaje y, recientemente, la consideración de que detrás de esta obra escrita había mucho más que la reproducción de la piedad popular.

El seminario de Málaga, me parece, es un monumento pedagógico para la formación de los sacerdotes. ¿Podrías compartirnos y hacernos gustar algo de su simbología?
Los símbolos utilizados por don Manuel en el seminario eran símbolos vivos de una sociedad tradicional que tenía la capacidad para reconocerlo e interpretar su significado. En esta obra muestra tener una sensibilidad artística a tenor de los paradigmas del Concilio de Trento, una sensibilidad, además, encarnada en la tradición artística andalusí: el uso del bestiario simbólico de la fauna y de la flora, el cayado, la espiga, la uva, el buen pastor, el corazón, la mano humana. Estos símbolos han sido recreados por don Manuel para deleitar y transmitir un mensaje catequético. Su actitud responde al antiguo adagio empleado para obras literarias delectare et prodesse. Probablemente, consciente de que todo símbolo, por su propia naturaleza polivalente, tiene la capacidad para contener y evocar múltiples significados, y hasta sus contrarios, junto a cada uno de estos símbolos bestiales coloca una inscripción aclaratoria para todos los que habrían de entrar a la capilla del seminario. Hay que decir que todo el conjunto arquitectónico constituye un gran símbolo: el gran Sagrario de Málaga que pudiera ser divisado desde cualquier punto de la ciudad. El estudio del conjunto arquitectónico del seminario nos lleva a deducir que don Manuel fue un gran conocedor de las tradiciones greco–latina y judeo–cristiana, como también de la Sagrada Escritura y la patrística.

Mª del Carmen Ruiz, m.e.n
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