Skip to content

Orar con el obispo del Sagrario abandonado (julio-agosto 2016)

6 julio 2016

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2016.

«Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear»

«El corazón del Buen Pastor no es solo el corazón que tiene misericordia de nosotros, sino la misericordia misma. Ahí resplandece el amor del Padre; ahí me siento seguro de ser acogido y comprendido como soy; ahí, con todas mis limitaciones y mis pecados, saboreo la certeza de ser elegido y amado. Al mirar a ese corazón, renuevo el primer amor: el recuerdo de cuando el Señor tocó mi alma y me llamó a seguirlo, la alegría de haber echado las redes de la vida confiado en su palabra (cf. Lc 5,5)” (papa Francisco, Homilía de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, Jubileo de los sacerdotes, 3/06/2016).

Sí, hermanos y hermanas, el Buen Pastor es la misericordia misma. Es quien desde la cruz grita al Padre en favor de cada persona que peca: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34), porque cada pecado que seguimos cometiendo continúa crucificando a Cristo. Él está en pasión hasta el final de los siglos. Él sigue cargando con los pecados de toda la humanidad, porque Él sigue amando a los suyos hasta el extremo y cumpliendo la voluntad del Padre como Cordero que quita el pecado del mundo.

La Eucaristía es actualización permanente del sacrificio de Cristo en la cruz. La adoración eucarística prolonga y embellece este sacramento de amor. Postrado a sus pies, meditando su Palabra, dejándonos mirar por Él desde su presencia eucarística, le adoramos, le reconocemos como el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, que nos apacienta llevándonos a prados de verde hierba (la Eucaristía, alimento de inmortalidad) y a fuentes de agua viva (la oración y la Palabra, encuentros con el Amado).

Oración inicial
Oh Dios de Amor, que enviaste a tu Hijo como Buen Pastor que da la vida por sus ovejas y las reúne en un solo rebaño, tu Iglesia; concédenos humildad para dejarnos pastorear por Él, sed de su Palabra como la samaritana y hambre de Eucaristía para que la celebremos cada día como fascinante encuentro con Cristo. PNSJ.

Escuchamos la Palabra
«Porque esto dice el Señor Dios: “Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré. Como cuida un pastor de su grey dispersa, así cuidaré yo de mi rebaño y lo libraré, sacándolo de los lugares por donde se había dispersado un día de oscuros nubarrones. Sacaré a mis ovejas de en medio de los pueblos, las reuniré de entre las naciones, las llevaré a su tierra, las apacentaré en los montes de Israel, en los valles y en todos los poblados del país. Las apacentaré en pastos escogidos, tendrán sus majadas en los montes más altos de Israel; se recostarán en pródigas dehesas y pacerán pingües pastos en los montes de Israel. Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar –oráculo del Señor Dios–. Buscaré la oveja perdida, recogeré a la descarriada; vendaré a las heridas; fortaleceré a la enferma; pero a la que está fuerte y robusta la guardaré: la apacentaré con justicia”» (Ez 34,11-16).

Una esperanza que no decae
Como en tiempos del profeta Ezequiel, cuando los jefes y los artesanos de Israel fueron deportados a Babilonia (año 597 a.C.), también hoy muchos cristianos en España están alejados de la fe y de la Iglesia: son ovejas sin pastor, porque no buscan a Jesucristo, el Buen Pastor.

El beato Manuel González también padecía en lo más profundo de su corazón esas situaciones de increencia, de olvido de Dios o de persecución con la Iglesia: el olvido de la presencia de Jesús Eucaristía en el Sagrario de la parroquia de Palomares del Río; la increencia de tantos obreros y sus familias siendo arcipreste de Huelva; la persecución contra él mismo, siendo obispo de Málaga, cuando le incendiaron el palacio episcopal (mayo 1931) y él pudo haber muerto también allí.

Ante estas realidades, la esperanza del pueblo cristiano no decae, porque Dios es fiel y cumple su Palabra. Lo anunciado por medio del profeta Ezequiel posee plena vigencia hoy: el Señor Dios sigue enviando a su Hijo como Buen Pastor que reúne a las ovejas; las busca una a una; las congrega en un solo rebaño; las apacienta con su misma vida: su Cuerpo entregado y su Sangre derramada; las saca de la oscuridad del pecado o la tiniebla del desaliento y la desesperanza; fortalece a las enfermas; guarda a las fuertes; venda a las heridas (heridas por los desengaños de la vida, o la persecución, o el fracaso, o el sufrimiento, o las enfermedades). Siempre cuida de sus ovejas: ¡siempre! Apacienta a sus ovejas con justicia.

Búsqueda inclusiva y alegre
En la homilía de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús del pasado mes de junio, Francisco ofrecía a los sacerdotes tres formas de actuar como continuadores de la misión pastoral del mismo Cristo: buscar, incluir y alegrarse. Escuchemos al papa:

«Buscar: El pastor según Jesús tiene el corazón libre para dejar sus cosas; no vive haciendo cuentas de lo que tiene y de las horas de servicio: no es un contable del espíritu, sino un buen samaritano en busca de quien tiene necesidad.

Incluir: Cristo ama y conoce a sus ovejas, da la vida por ellas y ninguna le resulta extraña (cf. Jn 10,11-14). Su rebaño es su familia y su vida. Así es también el sacerdote de Cristo: está ungido para el pueblo, no para elegir sus propios proyectos, sino para estar cerca de las personas concretas que Dios, por medio de la Iglesia, le ha confiado.

Alegrarse: Dios se pone «muy contento» (Lc 15,5): su alegría nace del perdón, de la vida que se restaura, del hijo que vuelve a respirar el aire de casa. Esta es también la alegría del sacerdote. Él es transformado por la misericordia que, a su vez, ofrece de manera gratuita».

Buscar. Incluir. Alegrarse. Tres hermosas, urgentes y necesarias tareas para el sacerdote de hoy, imitando a Jesucristo, Buen Pastor. Tres tareas en las que ha de colaborar todo bautizado (consagrados y laicos eucarísticos y eucaristizadores) para que la Iglesia sea comunión de hermanos con «un mismo pensar y un mismo sentir» (Hch 4,32). ¡Dios nos lo conceda!

Escuchemos al beato Manuel González
«Sí, hay que hacer un seminario, permitidme lo raro del giro en gracias a lo expresivo, en el que la Eucaristía sea e influya lo más que pueda ser e influir. Esto es: un seminario sustancialmente eucarístico. ¡Ese sí que va a ser el seminario más gracioso!» (OO.CC. II, n. 1994).

El seminario sustancialmente eucarístico es semillero de sacerdotes locamente enamorados de la Eucaristía y de pastores que dan la vida como Cristo la entregó en la cruz.

«Un seminario en el que la Sagrada Eucaristía fuera: en el orden pedagógico, el más eficaz estímulo. En el científico, el primer Maestro y la primera asignatura. En el disciplinar, el más vigilante inspector. En el ascético, el modelo vivo y el punto de partida y el de llegada y el más corto y seguro camino entre los dos. En el económico, la gran providencia, y, en el orden arquitectónico, la piedra angular…» (OO.CC. II, n. 1995).

La Eucaristía es luz y fuerza que ilumina, fortalece, unifica. Alienta todas las dimensiones formativas del seminario.

«Un seminario en el que la sagrada Eucaristía no solo se comiera por las mañanas en Comunión, sino que se viviera a todas horas y se respirara, y se gozara y se rebosara por todas partes. En el que fuese el padre, la madre, el consejero, el amigo, la orientación, la luz de los días y el descanso de las noches» (OO.CC. II, n. 1995).

Señor Jesús, Cristo Eucaristía, ¡gracias!, porque tú eres el mejor maestro, pedagogo y formador de los seminaristas.

«Yo no quiero un seminario en el que la sagrada Eucaristía sea una de sus cosas, aunque la principal, sino que el seminario aquel sea una cosa de la Eucaristía, y por consiguiente, en que todo de ella venga, a ella lleve y vaya, desde la roca de sus cimientos hasta la cruz de sus tejados» (OO.CC. II, n. 1996).

Señor Jesús, haz de todos los seminarios de la Iglesia católica una prolongación de la Eucaristía, para que toda la formación de los seminaristas tienda hacia el banquete eucarístico como su fuente.

«En el que todo lo que viva, se mueva o pase, sea homenaje a ella; donde todo lo que exhale aromas como sus tomillos y sus flores y sus pinos, como el mar con sus brisas y la montaña con sus recios olores a castaños y encinas, sean incensario siempre encendido y en el que todo ruido de fuentes que corren, de mares que surgen, de vientos que zumban, de aves que cantan, de niños que rezan o ríen, estudian o dan lecciones, no sea otra cosa que el canto perenne del Tantum ergo de la adoración, de la gratitud, de la expiación y de la súplica que mi seminario cante día y noche ante las puertas del palacio del más rico y despreciado Amante, del más bueno y abandonado Padre, del más generoso y peor servido Rey: Jesucristo Sacramentado» (OO.CC. II, n. 1996).

Señor Jesús, Cristo Sacramentado, transforma la vida de los seminaristas en un cántico de alabanza ininterrumpido a tu presencia eucarística en el Sagrario; y en una constante acción de gracias a ti y al Padre por haberles llamado al ministerio sacerdotal. Bendito seas, Jesucristo, Pan vivo bajado del cielo.

Letanías al Sagrado Corazón de Jesús
Unimos nuestro corazón al Sagrado Corazón de Jesús, sintiendo que su luz, fuerza y consuelo nos da la paz y la confianza que necesitamos sus discípulos. Respondemos: Ten misericordia de nosotros
Corazón de Jesús, Hijo eterno del Padre.
Corazón de Jesús, Verbo hecho hombre en obediencia al Padre.
Corazón de Jesús, Luz del mundo que no conoce ocaso.
Corazón de Jesús, faro luminoso que irradia su Espíritu.
Corazón de Jesús, fuente inagotable de amor divino.
Corazón de Jesús, manantial de agua viva.
Corazón de Jesús, templo vivo y río caudaloso del Espíritu.
Corazón de Jesús, Pan de Vida que te das en la Eucaristía.
Corazón de Jesús, canal de gracias interminables.
Corazón de Jesús, depósito de infinitos tesoros de caridad.
Corazón de Jesús, costado herido a causa de nuestros pecados.
Corazón de Jesús, Cordero Inocente que cargaste con nuestras culpas.
Corazón de Jesús, amor admirable que te entregaste por nosotros.
Corazón de Jesús, costado abierto del que brotan los sacramentos.
Corazón de Jesús, fuente de salvación donde saciamos nuestra sed.
Corazón de Jesús, fuego de amor que enciende nuestros corazones.
Corazón de Jesús, Comunión eucarística que nos hace hermanos.
Corazón de Jesús, que nos lanzas a servir a los más pobres.
Corazón de Jesús, que haces nuevas todas las cosas en tu Iglesia.

Padre nuestro

Oración final
Te bendecimos, Señor Jesús, Buen Pastor, porque en cada Eucaristía nos haces partícipes de tu vida divina y nos invitas a prolongar nuestra acción de gracias al Padre en la adoración eucarística por tu entrega en la cruz en favor de todos los hombres; concédenos mirada de fe a tu Corazón traspasado para que tu luz y tu fuerza, movidos por tu Espíritu, nos lleve a dar la vida por los demás en lo sencillo y cotidiano del día a día. PJSN. Amén.

Miguel Ángel Arribas, Pbro.
Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: