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La canonización en el horizonte (julio-agosto 2016)

9 julio 2016

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2016.

La piedad eucarística era la constante de la vida del beato Manuel

Con la alegría inconmensurable de saber la fecha en que será canonizado el beato Manuel González, fundador de la Familia Eucarística Reparadora, entrevistamos al S.Em.Card. Angelo Amato, s.d.b., Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.


El Card. Angelo Amato nació en Molfetta (Italia) el 8 de junio de 1938. Fue ordenado sacerdote el 22 de diciembre de 1967. Cursó estudios en la Universidad Pontificia Salesiana y posteriormente en la Gregoriana, especializándose en Cristología. En 1974 consiguió el doctorado. Entre los años 1978 y 1979 obtuvo una beca en el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla en el monasterio ortodoxo de Moní Vlatádon. También fue consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe y del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. El 19 de diciembre de 2002, el papa Juan Pablo II le asignó la Sede titular de Sila, con dignidad de arzobispo, y le nombró secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, donde trabajó con los cardenales Joseph Ratzinger, futuro papa Benedicto XVI, y William Joseph Levada. El 9 de julio de 2008 el Santo Padre Benedicto XVI le nombra Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y lo elevó a la dignidad cardenalicia durante el Consistorio del 20 de noviembre de 2010, asignándole la Diaconía de Santa María en Aquiro.


Eminencia, Ud. es el prefecto de una Congregación que tiene la misión de promover el reconocimiento de la santidad de los hijos de la Iglesia. ¿Cuál es la labor primordial de este dicasterio? ¿Varía el tipo de trabajo que conlleva cada causa? ¿Se puede conocer cuántas causas hay actualmente presentadas?

El trabajo fundamental es el reconocimiento de la vida virtuosa de los siervos y de las siervas de Dios. Cada causa de beatificación y canonización tiene dos momentos: la fase diocesana, con la recogida de los testimonios sobre la vida, sobre las virtudes y sobre la fama de santidad, y de los signos (milagros) de los siervos de Dios, y la fase romana, que, después de pronunciarse sobre la validez de la investigación diocesana, procede con la elaboración de la Positio bajo la guía de un Relator de la Congregación para las Causas de los Santos. El dosier de la Positio luego lo evalúan los consultores historiadores, los consultores teólogos y, por último, los padres cardenales y obispos de la Congregación. Si los votos son positivos el prefecto presenta la causa al santo padre para su decisión final. Y se publica el decreto de la venerabilidad de los siervos de Dios o del martirio.

Sabemos que para que la Iglesia refrende la santidad de una persona que no ha sufrido el martirio se necesitan dos milagros atribuidos a su intercesión (uno para la beatificación y otro para la canonización). ¿Por qué la Iglesia exige esta verificación?
El milagro es el sello de Dios sobre la valoración humana. De este modo hay armonía entre la voluntad humana de glorificar a un siervo de Dios y la voluntad divina. Además, los santos, siguiendo el ejemplo de Jesús, con los milagros –que pueden ser curaciones, liberación de peligros, multiplicación de cosas (como la evangélica multiplicación de los panes), reanimaciones– muestran la presencia providente de Dios que siempre obra en la historia a favor de la humanidad necesitada.

Los santos vivieron en momentos y circunstancias concretas, que no siempre se repiten en la historia. ¿Qué valores y virtudes del beato Manuel González cree que son más significativas para el hombre de hoy? ¿Cuáles pueden ser como pequeñas luces que guían su caminar en el siglo XXI?
Digo ante todo que las auténticas virtudes nunca se extinguen, son siempre valiosas, como son siempre valiosas las joyas de oro. Es más, cuanto más pasa el tiempo, más aumenta su valor. Las virtudes, por ejemplo, de la fe, de la esperanza y de la caridad son diamantes que adornarán siempre la vestimenta preciosa de los hijos de la Iglesia. La caridad, por tanto, nunca tendrá fin. El beato Manuel González sigue siendo hoy un modelo extraordinario de fe, sobre todo por su amor a la Eucaristía, pan de vida y fuente de santidad. Él era un sacerdote y un obispo con el corazón misericordioso de Jesús, buen pastor. Su espiritualidad eucarística es un precioso vademécum válido también hoy.

Su Eminencia ha publicado recientemente el libro I santi, messageri di misericordia, en el que se presenta, entre otros muchos, la figura del beato Manuel González. ¿Qué implicaciones tiene en la Iglesia su canonización al celebrarse en este Año de la Misericordia?
El carisma eucarístico de nuestro beato tiene un indiscutible valor pastoral y espiritual. Como escribí en el libro citado: «Su amor eucarístico lo hacía partícipe a los fieles, a quienes invitaba a hacer frecuentes visitas al Sagrario. Quería que el Señor nunca permaneciese solo. Por esto organizaba turnos de vigilia eucarística para los niños, los jóvenes y los adultos y también adoraciones nocturnas. Invitaba a rezar mucho por los pecadores. Su vida parecía una continua adoración eucarística. Cuando era párroco en Huelva, después de abrir la iglesia, se dirigía a rezar ante el Sagrario y allí pasaba muchas horas. Durante su permanencia en Madrid, los que iban a visitarlo estaban seguros de encontrarlo en la capilla, de encontrarlo allí. La misma pasión eucarística la demostró como obispo de Palencia. La piedad eucarística era su carisma, la constante de su vida. Parecía que viese y tocase al Señor. Su conversación eucarística la manifestaba en las palabras, en las fundaciones, en los escritos. Era un auténtico apóstol de la Eucaristía. Era el sacerdote y el obispo de los Sagrarios abandonados».

Quienes nos sentimos partícipes del carisma eucarístico-reparador estamos viviendo momentos de auténtico gozo, pues experimentamos que, con la canonización del beato Manuel González, la Iglesia está indicando este camino eucarístico-reparador como camino de santidad. ¿Cómo cree que nos ayudará la canonización a revitalizar nuestro carisma?
La canonización hará conocer a toda la Iglesia la figura de nuestro beato y su particular carisma eucarístico-reparador como camino de santidad también hoy. Creo que para sus hijos espirituales [de la Familia Eucarística Reparadora] esto es un tesoro que se debe custodiar y valorizar al máximo, mediante una vida eucarística y una acción apostólica y misionera de bondad y de misericordia.

Ahora que ya sabemos que el próximo 16 de octubre será la ceremonia de canonización, ¿cómo sugiere que debe ser esta inmediata preparación?
Ya desde ahora se puede comenzar una preparación adecuada para vivir de la mejor forma este importante acontecimiento espiritual, que no debe consistir solo en celebrar la figura del futuro santo, sino sobre todo en imitar de él las virtudes en la cotidianidad de la vida.

Mónica Mª Yuan Cordiviola, m.e.n.
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