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La liturgia, encuentro con Cristo (julio-agosto 2016)

24 julio 2016

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2016.

Tipologías de la Eucaristía

A lo largo del Año litúrgico, el Leccionario –que contiene las lecturas de la Misa– va a ofrecer la tipología de la Eucaristía en dos momentos distintos: en la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo y en cinco domingos del Tiempo Ordinario (ciclo B) en que se inserta el discurso del pan de vida (Jn 6).


Cuando hablamos los cristianos de tipología nos referimos a la interpretación de algunos personajes e historias del Antiguo Testamento que anuncian su cumplimiento en el Nuevo. En sentido teológico o sagrado un tipo puede definirse como un símbolo o prefiguración de algo futuro. Lo que de ese modo se prefigura se denomina antitipo.

Así, entendemos que la Eucaristía estaba ya prefigurada en el Antiguo Testamento y de ella encontramos algunos tipos o prefiguraciones que el Leccionario de la liturgia se complace en mostrar y concordar con el Evangelio. Veamos las tres posibilidades que se encuentran en los ciclos litúrgicos (año A, año B y año C).

El maná
La tipología más evidente de la Eucaristía es la del maná en el desierto. Esta prefiguración la puso de manifiesto el mismo Señor en su discurso del pan de vida. La lectura del Deuteronomio (8,2-3. 14b-16a) del ciclo A en la solemnidad del Corpus recuerda cómo Dios salvó a su pueblo de Egipto, lo condujo por el desierto y lo cuidó; a continuación, como un eco, el salmo responsorial cantará: «Te sacia con flor de harina» (Sal 147). Todo esto es tipo y figura del sacramento de la Eucaristía, el pan que Cristo mismo da. Así, esta lectura y el salmo quedan desvelados en el Evangelio de esa solemnidad: «Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come de este pan vivirá para siempre» (Jn 6,51-59).

La sangre de la Alianza
En el ciclo B, para la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, se ofrece otra tipología que, anunciada en la 1ª lectura, encuentra su verdad y plenitud en el Evangelio. El libro del Éxodo (24,3-8) señala cómo la sangre es la vida misma y, así, la sangre de los sacrificios sirve para sellar una alianza de vida con todo el pueblo: «Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo diciendo: Esta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos». Esto era tipo de la sangre de Cristo, que por su sacrificio pascual nos redime y purifica, como explica la carta a los Hebreos (cf. 9,11-15). Esa sangre de Cristo, derramada, sella la alianza definitiva y se da, con todo su poder, en la Eucaristía.

Pan y vino
Finalmente, las lecturas del ciclo C para esta solemnidad presentan que «Melquisedec ofreció pan y vino» (Gn 14,18-20). Melquisedec es una figura enigmática y sin genealogía, sacerdote del Dios Altísimo, y ofrece pan y vino a Abrahán. En Melquisedec y en su ofrenda hallamos un tipo y figura de Cristo mismo y del sacramento eucarístico. El mismo salmo responsorial, el 109, cantará pensando ya en Cristo: «Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec». En este mismo sentido, identificando a Melquisedec como tipo o figura de Cristo, se manifiesta san Ambrosio: «Los misterios de los cristianos son más antiguos y más divinos que los misterios de los judíos… La figura de estos sacramentos se remonta al tiempo de Abraham…» (De Sacr. IV, 10).

Multiplicación del pan
La tipología eucarística se ve ampliada por los domingos del ciclo B en que se incluye todo el capítulo 6 del evangelio de san Juan durante el Tiempo Ordinario.

En el domingo XVII, la primera lectura narra un milagro de multiplicación de pan, profecía y figura de la multiplicación que realizará Jesús (anuncio de otra multiplicación que será el Pan de vida). En efecto: Eliseo con muy poco pan alimenta a la gente multiplicándolo en la alforja (cf. 2R 4,42-44). Todo se cumple en Cristo: él multiplica los panes y los peces para una multitud como un signo eucarístico, tal como después explicará. Todos los profetas eran tipo y figura del verdadero y único Profeta, Cristo.

El domingo XVIII recurrirá de nuevo a la tipología del maná. La Tradición, por boca de los Padres, se ha recreado en contemplar y desarrollar la tipología del maná: «Moisés entonces extendió sus manos hacia el cielo e hizo que bajara el pan de los ángeles, el maná: este otro Moisés extiende sus manos hacia el cielo y trae el alimento eterno. Aquel golpeó la peña e hizo brotar ríos de agua: este toca la mesa, golpea la mesa espiritual, y hace fluir las fuentes del Espíritu» (S. Juan Crisóstomo, Cat. Baut., VII, 26).

El viático
Un nuevo tipo de la Eucaristía aparece el domingo XIX: la Eucaristía es viático, alimento y fortaleza para el peregrino, para el caminante. Elías, el profeta, huyendo de la persecución a la que está sometido, se sienta, exhausto y desfallecido, bajo una retama. Pero el Señor mismo le da alimento: «Levántate, come, que el camino es superior a tus fuerzas» (1R 19,4-8). Ese pan repuso las fuerzas de Elías, que pudo proseguir su camino. Esto encuentra su plena realización en el Evangelio de ese mismo domingo (Jn 6,41-52). La Eucaristía nos sustenta, renueva, fortalece la debilidad de los hombres mientras vivimos.

El domingo XX un texto del libro de los Proverbios (9,1-6), ofreciendo otro tipo más de la Eucaristía, presenta una figura que hallará su cumplimiento en el pan eucarístico, el pan de la vida. Los Proverbios describen cómo «la Sabiduría se ha construido su casa plantando siete columnas; ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa». Cristo, sabiduría y poder de Dios (cf. 1Co 1,24), el Logos, el Verbo, ha construido su casa, la Iglesia, convocando en ella a toda la humanidad. Él mismo en la Iglesia ha preparado un banquete que por su origen es divino, celestial, sobrenatural.

Así, sobre el sacramento eucarístico encontramos tipos, figuras y profecías en el Antiguo Testamento que solo se llegan a entender cuando Cristo instituye la Eucaristía y se cumple todo lo prefigurado. El Leccionario usa abundantemente este método para señalar cómo lo que en la primera lectura se prefigura, alcanza su cumplimiento perfecto en el evangelio que se proclama después

Javier Sánchez Martínez, Pbro.
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