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Resonancias en nuestra Iglesia de hoy (julio-agosto 2016)

10 agosto 2016

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2016.

Toda la FER está llamada a tener un estilo de vida eucarístico

«Indudablemente, la forma eucarística de la existencia cristiana se manifiesta de modo particular en el estado de vida sacerdotal. La espiritualidad sacerdotal es intrínsecamente eucarística. La semilla de esta espiritualidad ya se encuentra en las palabras que el Obispo pronuncia en la liturgia de la Ordenación: “Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Señor”. El sacerdote, para dar a su vida una forma eucarística cada vez más plena, ya en el período de formación y luego en los años sucesivos, ha de dedicar tiempo a la vida espiritual.» (Benedicto XVI, SaCa, 80)
Queridísimo D. Manuel, con el alma llena de gozo, ante tu ya próxima canonización, entrevistamos a D. Argimiro, sacerdote operario, que ha vivido y vive con gozo su misión de director espiritual en distintos seminarios y actualmente en el Colegio español de Roma. En tu libro Un sueño pastoral, pusiste de relieve el lugar que tiene que ocupar la Eucaristía en la formación del sacerdote y de todo cristiano. Te pedimos que desde el cielo nos ayudes a colaborar para construir una Iglesia cada vez más eucarística y más eucaristizadora..

Estimado D. Argimiro, ¿cómo conoció usted a Don Manuel? Muchos sacerdotes lo han conocido cuando estaban en el seminario.
Sí, yo lo conocí, pero no en el seminario precisamente, sino cuando era ya sacerdote. Yo soy de Salamanca, el seminario lo hice en Salamanca, en el seminario diocesano y, al final, ya cuando estudiaba teología, pasé a la Asociación/Hermandad de los Sacerdotes Operarios. Conocí después a Don Manuel, sobre todo cuando me destinaron a Toledo, porque allí los seminaristas manejaban mucho sus escritos. Era un seminario donde se vivía la Eucaristía mucho y les enganchaba precisamente el beato por todo este amor. La frase que repetían mucho era «el Amor no es amado». Eso lo tenían ellos siempre en los labios. Fue entonces cuando más me aproximé a D. Manuel.
Después fui a Zaragoza y entré en contacto por primera vez con las Misioneras Eucarísticas de Nazaret. Luego en Cáceres mucho más, porque me nombraron asesor de la UNER y estuve unos cuantos años gozando de todo esto. Para mí el beato es una figura de la Iglesia porque sintoniza perfectamente y va en armonía con nuestro carisma. Nuestro fundador, el beato Manuel Domingo y Sol, decía «Mi vida es Cristo en el Sacramento», en la Eucaristía. Él era muy eucarístico, instituyó los centros de reparación en varias ciudades y a nosotros nos dejó el carisma eucarístico pidiéndonos todos los jueves la Hora Santa. Después, el Concilio ratificó todo esto en Sacrosanctum Concilium cuando nos dice que la Eucaristía es culmen y fuente de la vida cristiana, de la vida de la Iglesia, de la vida de cualquier bautizado.

Vivimos, entonces, unos tiempos muy eucarísticos…
Sí. Pero también vivimos años anteriores en los que la Eucaristía adorada estaba olvidada. Los ratos de adoración con exposición solemne eran muy raros. Entonces era más la Eucaristía comunión, la Eucaristía celebración, la Eucaristía compromiso, la Eucaristía banquete. Pero la Eucaristía adorada no. Después, gracias a Dios, lo hemos recuperado. Y digo gracias a Dios porque yo tengo también la experiencia de los seminaristas que han enganchado con la Eucaristía, que se han enamorado, que la Eucaristía les ha seducido, cómo han progresado en su vida interior, en su vida sacerdotal, en su vida de entrega. Es que el Señor está ahí y actúa, en la Eucaristía está y actúa, y eso se ve.
Lo que tenemos que hacer nosotros es llevar al Señor. Queremos ver al Señor. ¿Dónde estás, Señor? Está en la Palabra, está en la Eucaristía, está en el hermano, sobre todo en el pobre, en el enfermo, en el necesitado. Esas presencias que son privilegiadas del Señor son a donde nosotros tenemos que conducir a las personas. Tenemos que ser esos pedagogos que conducen al Señor. Y concretamente las Misioneras y los Operarios tenemos que ser pedagogos de la Eucaristía, pedagogos que conducen a la Eucaristía principalmente, sin excluir las demás presencias, claro que no.

¿Qué momentos de la vida del beato Manuel González han sido más significativos para usted, en su vida sacerdotal o personal?
Principalmente los años de obispo en Málaga, y en concreto los desvelos por el seminario y los seminaristas, la construcción del seminario y la figura que él exaltó y que después el Concilio ha resaltado, sobre todo en la exhortación postsinodal Pastores dabo vobis, la figura del Buen Pastor. En la capilla, la figura del buen pastor y lo que era para él el buen pastor, el pastorcito eucarístico con los símbolos de la Eucaristía, las espigas y las uvas, el corazón visible del buen pastor. Ese apostolado y esa dedicación a los sacerdotes y a la formación de los sacerdotes me cautiva.
Hablo también de la figura de nuestro fundador para que se vea la sintonía, la semejanza y la comunión entre estas dos figuras. Los dos son Manuel, beatos, don Manuel González pronto santo. Don Manuel Domingo y Sol decía que la formación de los sacerdotes, el tener muchos y santos sacerdotes es la llave de la cosecha. El beato Manuel González también sabe que tener un clero bien formado, y con un seminario preparado, como gran catequeta que es (todo el seminario es una catequesis: la capilla, las galerías), era muy importante. A mí esa etapa en Málaga es la que más me atrae porque es lo que más he vivido y, además, sus escritos, todo lo que habla del sacerdocio y a los sacerdotes es una maravilla.

Pensando en la vida de la Familia Eucarística Reparadora, de la que ha sido asesor en Cáceres. Ante la próxima canonización, a toda la FER nos brota alegría, gratitud, ¿cuál le parece que tiene que ser nuestra respuesta? ¿Cómo deberíamos exteriorizar todo lo que estamos sintiendo dentro?
Yo creo que para nosotros es una confirmación en primer lugar de que el carisma del beato y su inspiración es de una actualidad asombrosa. La Iglesia confirma esto canonizando a Don Manuel y, al mismo tiempo, Don Manuel, a través de su intercesión y del milagro que se ha aprobado, necesario para la canonización, nos está diciendo: «Estoy con vosotros, os estoy protegiendo, estoy aquí. Vuestra misión es actual, es viva, no estáis solas, no estáis solos». Es una confirmación, y esta confirmación ha de hacer surgir en nosotros un nuevo ardor eucarístico.
Tenemos que ser más apóstoles de la Eucaristía y tenemos que vivir ese verbo, ese neologismo que a veces nos suena tan raro de eucaristizar. Pero eucaristizar cada uno la vida. ¿Que tengo que pasar más tiempo delante del Sagrario? Pues sí, pero los tiempos de Sagrario no tienen sentido si después yo no salgo eucaristizado para dejarme comer, para darme a los demás.
Como dice esa frase tan popular: «es más bueno que el pan». Yo creo que la Familia Eucarística tendría que comprometerse a ser eso: más buenos que el Pan eucarístico, que se deja comer y no protesta, lo traemos, lo llevamos, lo encerramos, lo exponemos, nunca dice nada, en silencio. Ese estilo de vida tendríamos que vivir y tendríamos que encarnar. Y dejarnos comer por aquellos que más nos rechazan y tal vez nos persiguen, y nos odian, a esos los tenemos que amar más. Y a los más pobres, a los más necesitados, que se encuentre a un miembro de la UNER en los lugares donde la caridad está más viva y es más urgente.

¡Vaya programa de vida!
Sí, yo creo que cuando canonizan a un santo es mucho gozo, mucha alegría, pero esto se tiene que traducir en vida, si no, no vale la pena. Así que tenemos un reto. La canonización es una confirmación, un compromiso, un reto. Un reto grande y hermoso, y no estamos solos, estamos asistidos por el Espíritu. Pidamos al Espíritu Santo que inspiró a Don Manuel que nos siga asistiendo a nosotros, y sobre todo por la intercesión del santo.
El tiempo que estuve en Cáceres, todos los meses que teníamos en Nazaret, la adoración estaba llena. Comenzábamos con la Eucaristía, luego la adoración, y era un gozo. El papa nos está diciendo: «id a las periferias», nosotros tenemos que llevar la Eucaristía a las periferias, esa es la puesta al día del carisma de Don Manuel. Una buena tarea, hermosa.

Mónica Mª Yuan Cordiviola y Mª del Carmen Ruiz, m.e.n.
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