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La FER en Roma

15 agosto 2016

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2016.

Nuestra vida es un peregrinar

En el marco del Año Santo de la Misericordia, el sábado 11 de junio los miembros de la Familia Eucarística Reparadora de Roma celebramos nuestro fin de curso con una Peregrinación a la Puerta Santa de la Basílica de San Pablo Extramuros.

Reflexionando las palabras del papa Francisco, fuimos recorriendo un itinerario con diversos momentos, como signo de un camino interior, de un cambio de vida, de un encuentro con el Señor de la Misericordia. «La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es viator, un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada. También para llegar a la Puerta Santa cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación. Esto será un signo de que también la misericordia es una meta por alcanzar y que requiere compromiso y sacrificio. La peregrinación, entonces, es estímulo para la conversión: atravesando la Puerta Santa nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos comprometeremos a ser misericordiosos con los demás, como el Padre lo es con nosotros» (Misericordiae Vultus, 14).

Siempre en camino
Nuestras etapas fueron: en un primer momento, reunidos en nombre de la Santísima Trinidad en los atrios de la Basílica, confiamos a Dios nuestro peregrinar. Luego nos detuvimos ante la estatua del apóstol san Pablo. Contemplándolo, reflexionamos en torno a la figura de los santos, que nos enseñan a dejar nuestras vidas en manos del Señor, para llegar a ser instrumentos de su misericordia. La tercera etapa fue el paso a través de la Puerta Santa. «Quien entra por la Puerta de la Misericordia, podrá experimentar el amor de Dios que consuela, que perdona y ofrece esperanza» (MV 3). La cuarta etapa fue ante la tumba del Apóstol. Reflexionando un fragmento de una de sus cartas, e invocando su intercesión, profesamos nuestra fe y oramos por las intenciones del santo padre. Luego, nos esperaba el encuentro con el Señor en la Eucaristía, y nos unimos para celebrarla con otros peregrinos de lengua italiana. Finalizada la celebración, tuvimos un tiempo de oración en silencio, dando gracias por este regalo, con reflexiones del beato Manuel González.

Compañía que fortalece
No podíamos despedirnos sin dirigir nuestras miradas y nuestros corazones a María, Madre de la Misericordia. A su altar nos encaminamos en la última de nuestras etapas para cantarle y alabarle. Damos gracias por todo lo vivido en este curso, y renovamos así nuestro deseo de seguir caminando como Familia Eucarística Reparadora, unidos a toda la Iglesia en este año jubilar en que se nos invita a «ser misericordiosos, como nuestro Padre es misericordioso (Lc 6,36). Es un programa de vida tan comprometedor como rico de alegría y de paz» (MV 13). ¡Hasta el próximo curso!

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
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