Skip to content

Orar con el obispo del Sagrario abandonado (septiembre 2016)

6 septiembre 2016

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de septiembre de 2016.

«Yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen»

«Pero, ¿es posible que Jesús, dulce y delicado, manso y humilde de Corazón, que pasó su vida mortal, y pasa ahora su vida eucarística sin hacer daño alguno, antes haciendo el bien, tenga enemigos? Hay palabras en nuestro vocabulario que, para honor del lenguaje, nunca debieron verse reunidas, como “Sagrario abandonado” y “enemigos de Jesús”. ¡Qué mengua y qué bochorno para la familia humana! ¡Jesús tuvo y tiene enemigos, quizá más que amigos!…» (OO.CC. I, n. 327).).

Estas palabras de D. Manuel poseen gran actualidad. Jesús hoy tiene muchos enemigos. Ya nos lo anunció el propio Jesús: «Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa» (Mt 5,11). «No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. ¡No! Temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna» (Mt 10,28). «El Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte, y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen, y al tercer día resucitará» (Mt 20,17-19). En este Año Jubilar de la Misericordia, el grito de Jesús en la cruz, mientras lo crucificaban, expresa muy bien cómo ama Él a sus enemigos y cómo ora por ellos ante el Padre: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).

El papa Francisco, en la Bula del Jubileo, manifiesta lo difícil que es perdonar. Por eso, solo llenos de la misericordia divina, solo orando por los que nos odian y persiguen, seremos capaces de perdonar. El ejemplo de los mártires es la prueba más evidente de la fuerza del amor divino. También ellos pidieron a Dios por sus verdugos. El diácono Esteban, protomártir cristiano, después de Jesús, cuando le apedreaban, gritó con voz potente: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado» (Hch 7,60).

Vivir perdonando
El papa Francisco nos invita a vivir perdonando: «Estamos llamados a vivir en misericordia, porque a nosotros, en primer lugar, se nos ha aplicado misericordia. El perdón de las ofensas deviene la expresión más evidente del amor misericordioso del que no podemos prescindir. ¡Qué difícil es muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Apartar de nosotros el rencor, la rabia, la violencia y la venganza es la condición necesaria para vivir felices» (MV 9).

Oración inicial
Alabado seas, Padre, Dios de misericordia y clemencia, que en la plenitud de los tiempos enviaste a tu Hijo como Rostro visible de tu perdón y Cordero Inocente que cargó con los pecados de toda la humanidad, danos la gracia de amar a nuestros enemigos y de orar por los que nos persiguen, para construir entre todos la civilización del amor y la paz. PNSJ.

Escuchamos la Palabra
1P 4,12-16

Meditación
En medio de insultos, privaciones, desprecios, calumnias, padecidos por ser cristianos, uno se mantiene firme, alegre y perseverante si está totalmente unido a los sufrimientos de Cristo, con la fuerza, la luz y la valentía del Espíritu Santo.

Quien es verdadero discípulo de Cristo no debe avergonzarse de llevar el nombre de cristiano o de ser rechazado por quienes aborrecen cualquier signo o palabra de nuestra fe, Quien pasa por este mundo haciendo el bien y testimoniando la gloria de Dios encontrará siempre en Cristo la fuerza y la luz para ser fiel hasta el final.

Así refería el beato Manuel el amor a los enemigos: «¡Qué lecciones tan soberanas da a nuestro corazón egoísta el Corazón del Maestro tratando a sus enemigos! ¡Que el Espíritu Santo nos las haga comprender!».

«Leo todas las páginas del Evangelio y miro uno por uno los Sagrarios de la tierra y saco esta conclusión: Jesús en uno y en otro está perennemente practicando el precepto, quizá más difícil, que nos dejó: “Amad a vuestros enemigos”» (OO.CC. I, n. 331).

«Jesús habla con todos los que se le acercan, por muy perversas intenciones y muy manchados crímenes que vivieran, lo mismo en su vida mortal que en su vida de Sagrario» (OO.CC. I, n. 333).

«Cuántas veces me he detenido admirado, confundido, ante esa majestuosa condescendencia con que el Maestro va respondiendo, una y otra vez, como si se tratara con interrogadores de buena ley, y con la misma majestuosa calma termina poniendo al descubierto las perversas intenciones con soluciones de luz clarísima!» (OO.CC. I, n. 335).

«La mansedumbre de Jesús para con sus más poderosos y acerbos enemigos jamás fue pusilanimidad y cobardía, ni disimulo o diplomacia de prudencia de la carne, ni adulación… Habla siempre, a amigos como enemigos, la verdad. Si os digo la verdad ¿por qué no me creéis?, dice a una turba de enemigos» (OO.CC. I, n. 338).

Jesús «ha venido a fundar un pueblo nuevo, un mundo nuevo y la piedra que ha escogido para cimiento, y el aire y el agua y el alimento y el alma que lo conserven y dirijan, ha querido que sea su “gran mandamiento” su mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros como yo os he amado… amad a vuestros enemigos» (OO.CC. I, n. 346).

Preces por los enemigos de Cristo
Oremos al Padre de la Misericordia por los enemigos de Cristo y de la Iglesia. Digamos con confianza:
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

  • A Jesús le salían y le salen enemigos allí donde la justicia exigía que le salieran más acendrados amigos: Para que se conviertan de todo corazón. R/.
  • A los veinte siglos de vida oculta y callada de los Sagrarios, cuando surge una revolución inspirada en el odio, el primero a quien se busca es a Jesucristo presente en la Eucaristía: Para que se respete en todo lugar el valor sagrado e infinito de la Presencia eucarística de Jesús. R/.
  • El Evangelio y el Sagrario nos dicen del modo más evidente y rotundo que Jesús es odiado por sus enemigos, con el odio que supera a todos los odios humanos: Para que tú, Señor, conviertas el corazón de piedra de tantos perseguidores de la fe en un corazón de carne como el tuyo. R/.
  • ¡Y cómo asombra hasta el enternecimiento esa paciencia de Jesús en responder a los que le ofenden, y hasta la indignación, la hipocresía y la obstinación de sus enemigos: Para que los cristianos seamos pacientes, sin cobardía, ante los que nos ofenden, y seamos capaces de perdonar setenta veces siete. R/.

Padre nuestro

Oración final
¡Oh Dios, Santa Trinidad, Amor sin límites, Comunión perfectísima de los tres, derramad todas las gracias necesarias sobre los cristianos perseguidos, o los injuriados, o los encarcelados a causa de su fe, para que amen a sus enemigos, recen por los que les odian y persiguen, y sean siempre fieles a la Verdad y a la pertenencia a la Iglesia. PJNS.

Miguel Ángel Arribas, Pbro.
Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: