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Cordialmente, una carta para ti (septiembre 2016)

22 septiembre 2016

Artículo publicado en la revista “El Granito de Arena” de septiembre de 2016.

Los vegetales, seres inteligentes

Estimado lector: Estoy seguro de que te resultará un tanto extraño el título que encabeza estas líneas; sin embargo, según recientes investigaciones, todo indica que los vegetales tienen inteligencia y que pueden comunicarse con otras plantas, al igual que con algunos animales. Así de sorprendente.


He leído un libro que me ha dejado impresionado. Se titula Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal (Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2015). Sus autores son Stefano Mancuso, profesor en la Universidad de Florencia y director del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal, y la periodista científica Alessandra Viola. En este libro se afirma, basándose en diversas investigaciones sobre neurobiología vegetal, que las plantas sienten, son inteligentes y se comunican entre ellas y con algunos animales. Lo que evidentemente no pueden hacer es trasladarse de un lugar a otro.

Para sostener la tesis de que los vegetales son seres inteligentes, los autores del libro citan al eminente investigador y naturalista Charles Darwin, el cual estaba plenamente convencido de que en la raíz de los vegetales existe algo similar al cerebro de los animales inferiores. Es en el ápice radical, es decir, en la punta de cada raíz, donde se puede apreciar un comportamiento inteligente, entre otras cosas, la percepción de estímulos ambientales, la toma de decisiones sobre la dirección que debe seguir, la ejecución del movimiento adecuado, etc. Darwin formuló la hipótesis de la raíz-cerebro, más tarde aceptada por la mayoría de los seguidores de la neurobiología vegetal.

Por otra parte, en el libro hay pruebas de que las plantas poseen lenguaje, es decir, que se comunican entre ellas y también con ciertos animales, particularmente, con los insectos. Una de las plantas que mejor nos permite comprobar la inteligencia vegetal y también su capacidad de lenguaje es la judía de Lima (Phaseolus lunatus). Cuando esta planta se ve atacada por ciertos ácaros vegetarianos emite varias sustancias químicas volátiles. Tales sustancias atraen a un ácaro carnívoro (Phytoseiulus persimilis), un depredador que devora los ácaros que se alimentan de la judía de Lima. La señal emitida para que acudan los ácaros carnívoros es una prueba de inteligencia y de lenguaje.

Quizá te preguntes, apreciado lector, si tiene sentido hablar de plantas en nuestra revista El Granito. Yo creo que sí, porque da lugar a reflexiones de carácter moral y religioso. Así, al igual que las plantas, que tienen inteligencia pero no pueden huir del peligro (del fuego), muchos seres humanos se comportan del mismo modo. Son inteligentes y conscientes del peligro que corren, pero nada hacen por salvarse. Conocen los daños que les ocasionan sus vicios; sin embargo, parecen clavados al suelo y no los abandonan. ¿Por qué? Normalmente, porque se olvidan de que para salir de esa situación, además de su voluntad, es preciso recurrir a la oración y, sobre todo, recurrir a la Eucaristía. Las fuerzas que necesitamos para cambiar de vida y huir del mal podemos encontrarlas en la Eucaristía, porque es fuente de dones y gracias sobrenaturales.

Además, algunos seres humanos permanecen impasibles, como si fueran plantas, ante las injusticias que contemplan a su alrededor. Lo mismo cabría decir de los que nada hacen, permaneciendo como vegetales, ante las necesidades del prójimo. Su actitud recuerda más a una planta que a un ser humano dotado de inteligencia y de sentimientos. Un cristiano que se precie de serlo debe evitar tales comportamientos y no vivir como si fuese un vegetal.

Otra reflexión sería de carácter teológico. La inteligencia que, como hemos visto, se percibe en los vegetales exige la existencia de una Inteligencia Superior que los ha creado, los mantiene en la vida y les ha proporcionado esa inteligencia por la que los investigadores de neurobiología vegetal aseguran que las plantas tienen sensibilidad y son inteligentes. Por supuesto, esa Inteligencia Superior tiene un nombre: Dios. La sensibilidad y la inteligencia de las plantas están, pues, proclamando la existencia de Dios. Negarlo sería de necios.

Como ves, amigo lector, existen razones para traer a una revista religiosa el tema de las plantas, seres dotados de sensibilidad e inteligencia. Por otro lado, hemos de pensar en el deber moral de cuidarlas y protegerlas como parte que son de la naturaleza creada por Dios. En este sentido, conviene recordar la encíclica Laudato si´ del papa Francisco, la cual clama contra el maltrato que reciben los tesoros del planeta, entre los que figuran las plantas en lugar destacado.

Cordialmente,

Manuel Ángel Puga
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