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Lectura sugerida (febrero 2017)

1 marzo 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de febrero de 2017.

Para escuchar palabras de verdad

Compuesta por una introducción, siete capítulos, unas palabras finales y una amplia bibliografía, Habitar el silencio. Los cinco silencios: un camino de unificación, pretende ayudarnos a que podamos escuchar la Voz y, para ello, propone un camino de crecimiento gradual y progresivo en el silencio, que va abarcando la totalidad de la persona.

Habitar el silencio

Subtítulo: Los cinco silencios: un camino de unificación
Autor: Luis Casalá, s.m.
Año: 2017 / Páginas: 175
Precio: 12 €

Reflexiona sobre los diversos tipos de silencio y ofrece un camino que nos permita llegar a lo más hondo de nosotros mismos, de la mano de la Sagrada Escritura, del conocimiento personal del autor en su experiencia de Dios y el trato con los demás. Contiene además amplios ejercicios prácticos al final de cada capítulo, con los que nos invita a la comunicación, porque está convencido de que «el silencio es una herramienta para entrar en comunión con Dios y los demás» (p. 14). Habitar el silencio es un apasionante desafío, una aventura arriesgada si bien, a veces, puede generar miedo o inseguridad. Curiosamente, a la vez contiene un atractivo poco común ante la maravilla de lo desconocido.

El autor
Luis Casalá nació en Buenos Aires (Argentina). Estudió Sociología y Teología. Fue ordenado sacerdote en la Compañía de María (Marianistas). Recibió la formación inicial en Perú, donde desarrolló sus primeras experiencias pastorales. Desempeñó un amplio trabajo como docente, párroco y formador en varios países de Latinoamérica y Madrid, así como su servicio como superior mayor en Argentina, y superior provincial de Latinoamérica. También comparte su riqueza con la publicación de varias obras, entre ellas: ¿Tendremos la audacia? Transfiguremos la Iglesia; «¿Qué Vida Consagrada tiene futuro?»; A tiempo completo por el Reino; Hermanemos las diferencias; Seamos claros y honestos; ¿Nos animamos a ser felices?; ¿Qué estamos buscando?; ¿Ustedes quieren irse?

En las páginas de este breve opúsculo nos invita a darnos cuenta de lo primero que descubrimos entrando en ese universo interior, ese silencio está habitado de mil cosas que generan sentimientos, estados de ánimo, imágenes, deseos, recuerdos, etc. Por otra parte, nos damos cuenta que está lleno de ruidos, por lo que hay que hacer espacio para poder habitarlo: vaciarnos, desalojar lo que impide aquietarnos, serenarnos, para comenzar a ver y oír, distinguir y poner nombre a todo lo que va apareciendo allí dentro de nosotros mismos.

¡Qué preciosidad y maravilla cuando nos hacemos dueños de ese espacio, cuando nos sentimos cómodos y lo habitamos, descubriendo la gran verdad de que no estamos solos, que el silencio está habitado por alguien que está en lo más hondo de nosotros mismos: el Dios de Jesús para los cristianos y para otros será el maestro interior o la sabiduría del universo!

Luis Casalá nos recuerda las palabras del papa Francisco en Laudato Si’: «Vivimos el fenómeno de la rapidación y es necesario vivir más despacio» (n. 18). Es necesaria la paz interior de las personas, el equilibrio en la vida. «La naturaleza está llena de palabras de amor, pero ¿cómo podremos escucharlas en medio del ruido constante, de la distracción permanente y ansiosa o del culto a la apariencia?» (LS 225). Aparece enseguida la necesidad de recuperar la dimensión espiritual del ser humano. Se dan recetas para llenar el vacío, como las drogas, consumismo, sexo sin amor, moda esclavista, estereotipos de belleza impositiva, etc. Las soluciones todas comienzan por un punto: ¡el darnos cuenta!

La Palabra brota del silencio
Si Dios habla al corazón de los que callan para escucharle, entonces en el silencio brota la Palabra interpelante de Dios que nos dirige a cada uno como mensaje de salvación, primero para nosotros y luego para todos. Esa Palabra fundante que el mismo Jesús escuchó, «¡Tu eres mi hijo amado!», también se dirige a nosotros. Necesitamos silencio para una fecunda escucha, silencio del corazón, porque este es el núcleo más intimo de la persona, la sede de nuestro mundo afectivo. Silencio de las pasiones, de los estados de ánimo que nos tiran para abajo y de las emociones fuertes e impulsivas que nos arrastran al desamor.

En sus siete capítulos el autor nos invita a recorrer nuestros silencios de la periferia al centro: Silencio de la palabra; silencio de los gestos, el lenguaje del cuerpo; silencio de la mente; silencio de la imaginación; silencio del corazón; silencio de Dios y silencio ante Dios.

Es que si no nos vaciamos, si no hacemos espacio y silencio en nosotros mismos, si estamos llenos de nuestras palabras, no podrá encarnarse en nosotros el Verbo, la Palabra de Dios y no será posible el parto de una palabra nueva, llena de vida para los hermanos que la necesitan. Concluimos con esta certeza del autor: «Estoy seguro de que el futuro de la humanidad dependerá de que recuperemos la dimensión espiritual del ser humano que me lleva a un mundo más feliz y con futuro» (p. 158).

Mª del Valle Camino Gago. m.e.n.
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