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Cordialmente, una carta para ti (marzo 2017)

18 marzo 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de marzo de 2017.

Los abuelos en el mundo de hoy

Estimado lector: Todos conocemos el importante papel que en el mundo de hoy desempeñan (desempeñamos) los abuelos. En muchísimos casos las familias están funcionando gracias a ellos. Muchas mujeres y hombres están ejerciendo un trabajo porque los abuelos echan una mano, cuidando a los nietos pequeños o llevándolos y recogiéndolos en el colegio.

Nada sería lo mismo si faltasen los abuelos. Y no digamos cuando son escasos los recursos económicos de la familia para llegar a fin de mes, y los abuelos tienen que ayudar con su pensión. Los abuelos representan mucho en el mundo de hoy.

Por todo ello, Benedicto XVI ya había destacado la gran importancia que la Iglesia concede a los abuelos: «La Iglesia ha prestado siempre una atención particular a los abuelos, reconociendo que constituyen una gran riqueza desde el punto de vista humano y social, así como desde el punto de vista religioso y espiritual» (Discurso a la Asamblea plenaria del Consejo pontificio para la familia, 5/4/2008).

Por su parte, también el papa Francisco resaltó no hace mucho la importancia de los abuelos. Lo hizo durante la audiencia a siete mil miembros de la Asociación nacional de Trabajadores Ancianos. Dijo en aquella ocasión: «La Iglesia mira a las personas ancianas con afecto, gratitud y gran estima. Son parte esencial de la comunidad cristiana y de la sociedad. No sé si habéis oído bien: los ancianos son parte esencial de la comunidad y de la sociedad. En particular, representan las raíces y la memoria de un pueblo» (15/10/2016). Hermosas y certeras palabras que nunca deberían ser olvidadas. Los ancianos representan las raíces y la memoria de los pueblos.

Y a continuación, apreciado lector, recordó que la madurez y la sabiduría de los abuelos podían servir de ayuda a los más jóvenes, dándoles ejemplo y apoyándoles en su caminar por la vida. «Los ancianos –dijo – testimonian que, incluso en las pruebas más difíciles, no hay que perder nunca la confianza en Dios y en un futuro mejor». Además, precisó que «no son pocos los ancianos que emplean generosamente su tiempo y los talentos que Dios les ha concedido en prestarse para ayudar y apoyar a los demás». Hizo aquí una especial referencia a la importante labor que los abuelos desempeñan dentro de la familia: «Y, ¿qué decir de su papel en el ámbito familiar? ¡Cuántos abuelos cuidan de sus nietos, transmitiendo con sencillez a los más pequeños la experiencia de la vida, los valores espirituales y culturales de una comunidad y de un pueblo!».

Quienes necesitan ayuda
Pero el papa Francisco, siempre humano y comprensivo, también piensa en los abuelos que necesitan ayuda. ¿Cómo podría olvidarlos? Refiriéndose a ellos, dijo: «Frente a muchos ancianos que, en los límites de sus posibilidades, siguen prodigándose por el prójimo, hay muchos que conviven con la enfermedad, con dificultades motoras y necesitan asistencia». Una vez pronunciadas estas palabras, dio gracias al Señor por las personas y estructuras sociales que se vienen dedicando al servicio y cuidado de los ancianos.

Insistiendo en este último punto, el santo padre destacó que las instituciones y las distintas realidades sociales aún pueden hacer mucho para ayudar a los ancianos, para desarrollar sus capacidades y para que su dignidad como personas sea respetada y valorada. Con toda rotundidad afirmó: «Para hacer esto es necesario hacer frente a la cultura nociva del descarte, que margina a los ancianos, considerándoles improductivos». ¡La nefasta cultura del descarte!

Una vez más el papa Francisco puso el dedo en la llaga al hablar de una cultura que desprecia y margina a los ancianos. Aunque algunos de esos ancianos necesiten ayuda en el tramo final de sus vidas, es lo cierto que antes contribuyeron con su trabajo y con su esfuerzo al sostenimiento de sus familias y al progreso de la sociedad. Abandonarlos o marginarlos al final de sus vidas ni es justo ni es humano. Es más, abandonarlos demuestra la enorme insensibilidad y la degradación moral a que está llegando nuestra sociedad. Quienes hoy defienden la cultura del descarte, quienes practican con los ancianos la horrible injusticia del descarte, olvidan que mañana ellos también serán ancianos y, por tanto, se convertirán en víctimas de la misma injusticia.

Que jamás se pueda decir de nosotros, amigo lector, que hemos sido defensores de esta cultura del descarte ni tampoco tolerantes con ella. Cordialmente,

Manuel Ángel Puga
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One Comment leave one →
  1. Lucia Baeck permalink
    18 marzo 2017 19:01

    Muchas Gracias.Bendiciones,soy un de ellas en soledad y oración,Dios es Amor.

    ________________________________

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