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Vía Lucis con san Manuel

9 abril 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de abril de 2017.

Pliego de la sección “El Evangelio a la lámpara del Sagrario”

Introducción
«¿Queréis que el gozo grande de la Resurrección os acompañe siempre, siempre en vuestras idas y venidas de los Sagrarios? Ya sabéis el secreto. No deis un sólo paso sin fe viva. No lo olvidéis: fe viva, constante. ¡Escasea tanto entre los que creen y aman!» (OO.CC. I, n. 472).


I Estación: ¡Cristo vive! ¡Ha resucitado!
V/ Verdaderamente ha resucitado el Señor.
R/ Aleluya. Aleluya (se repite al comenzar cada estación).
«El ángel habló a las mujeres: “Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: `Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis´. Mirad, os lo he anunciado”» (Mt 28, 5-7).
«Marías, ¡qué falta estáis haciendo al lado de esos Sagrarios nuevos o renovados! ¡Hay que decir tantas veces y de tantos modos: que ha resucitado Jesús! ¡Que está aquí! ¡A ver si se enteran sus amigos!» (OO.CC. I, n. 726).
V/ Corazón de Jesús sacramentado, por tu Madre Inmaculada, te pido concedas a este pobre barro mío:
R/ Enloquecerme amándote.

II Estación: Jesús se encuentra con María Magdalena
V/ Verdaderamente…
«Jesús le dice: “Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?”. Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: “Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré”. Jesús le dice: “¡María!”. Ella se vuelve y le dice: “¡Rabboni!”, que significa: “¡Maestro!” (Jn 20, 15-16).
«María llora porque le habían robado a su Señor, pregunta al que creía el ladrón, se decide ella misma a recuperarlo y no cae en lo que hubiera sido más acertado, en creer en la tan anunciada Resurrección. Jesús, sin embargo, se fija más en aquel desatino del amor que en la ausencia de fe en su palabra y premia a Magdalena con la primera de sus apariciones» (OO.CC. I, n. 473).
V/ Corazón de Jesús sacramentado, por tu Madre Inmaculada, te pido concedas a este pobre barro mío:
R/ Adivinarte oculto.

III Estación: Jesús se aparece a las mujeres
V/ Verdaderamente…
«Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: “Alegraos”» (Mt 28, 8-9).
«Id al pueblo, sacerdotes, apóstoles, hombres de celo, almas de abnegación; pero sin olvidar que el Vecino más necesitado de vuestra protección, asistencia y compañía es el Jesús del Sagrario de aquel pueblo. Y contad que en vano trabajaréis por hacer más bueno y más feliz al pueblo mientras su primer Vecino esté abandonado» (OO.CC. II, n. 2831).
V/ Corazón de Jesús sacramentado, por tu Madre Inmaculada, te pido concedas a este pobre barro mío:
R/ Sentirte presente por instinto.

IV Estación: Los soldados custodian el sepulcro
V/ Verdaderamente…
«Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: “Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais”» (Mt 28, 11-13).
«Permitidme que llame vuestra atención sobre ese estado del alma de vuestras hermanas mayores ante el sepulcro vacío. Quizás, quizás algo de eso os ha pasado a vosotras ante vuestro Sagrario–Calvario. Vais a él porque amáis, es verdad, y porque amáis con ardor, con pasión, y dispuestas a remover cuantas dificultades se os presenten. Pero dejadme que os diga que alguna vez se ha repetido en vosotras esa especie de paradoja de amor sin fe que se dio entonces. Creéis menos que amáis; diríase que es más ardiente vuestro amor que viva vuestra fe» (OO.CC. I, n. 471).
V/ Corazón de Jesús sacramentado, por tu Madre Inmaculada, te pido concedas a este pobre barro mío:
R/ Ser tuyo más que mío.

V Estación: Pedro y Juan contemplan el sepulcro vacío
V/ Verdaderamente…
«Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro» (Jn 20, 3-4).
«¡Aleluya! ¡Aleluya! Resucitó. No está aquí. Si la Iglesia con esos dos gritos de júbilo acompañó ese anuncio de los ángeles del sepulcro, ¿con cuántos sería menester acompañar el anuncio de los ángeles del Sagrario: ¡Resucitó! ¡Está aquí…!? Y ¿con cuántos gritos de dolor y de indignación deberían acompañar este otro anuncio que están haciendo constantemente los ángeles de los Sagrarios abandonados… Está aquí y nadie quiere estar con Él?” (OO.CC. II, n. 2877).
V/ Corazón de Jesús sacramentado, por tu Madre Inmaculada, te pido concedas a este pobre barro mío:
R/ Dejar sabor y olor a Ti en pos de mí.

VI Estación: Jesús en el cenáculo muestra sus llagas a los apóstoles
V/ Verdaderamente…
«Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: “Paz a vosotros… Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona”» (Lc 24, 36. 39).
«El triunfo del Domingo de Pascua ¡Ah!, ése fue no sólo el día de mi gran triunfo, sino de las venganzas de mi amor triunfante. Me vengué de mis enemigos, haciéndolos testigos forzosos de mi triunfo; me vengué de la muerte, resucitando Yo y constituyéndome causa y modelo de la Resurrección de todos los que mueran conmigo; me vengué del demonio, trocando la muerte en vida, y su imperio en esclavitud; me vengué de mis amigos, torpes en entenderme y tardos en creerme, invitándolos a que metieran sus dedos en mis llagas luminosas… Me vengué… y me sigo vengando de enemigos y amigos, en cada uno de mis Sagrarios haciendo lo mismo que aquel día» (OO.CC. I, n. 604).
V/ Corazón de Jesús sacramentado, por tu Madre Inmaculada, te pido concedas a este pobre barro mío:
R/ No ser mío para ser solo tuyo.

VII Estación: En el camino de Emaús
V/ Verdaderamente…
«Aquel mismo día, dos de ellos iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos» (Lc 24,13-15)
«Como en la Eucaristía, Jesús está en el camino de Emaús, real y desconocido, presente e invisible, haciéndose el encontradizo, y los hombres, torpes, ciegos, deslumbrados, ¡con cuánta dificultad acaban por encontrarlo! ¡Qué raramente caen en que está allí! Peregrinos perpetuos del camino misterioso del Sagrario, ¡cuánto hemos menester aprender de los felices caminantes de Emaús, para llegar como ellos a sentir arder el corazón oyéndolo y a conocer a nuestro Huésped Jesús partiendo el pan!»(OO.CC. I, n. 961).
V/ Corazón de Jesús sacramentado, por tu Madre Inmaculada, te pido concedas a este pobre barro mío:
R/ Conocerte y conocerme.

VIII Estación: Jesús da a los apóstoles el poder de perdonar pecados
V/ Verdaderamente…
«Jesús repitió: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos”» (Jn 20, 21-23).
«Perdonar ofensas ¿no es amar? Por eso es lo mismo el mandamiento nuevo de amarnos como Él nos amó que esta petición verdaderamente nueva de perdonarnos para que Él nos perdone, y de que nos perdone y ame Él en la medida que nosotros perdonemos y amemos a nuestros ofensores» (OO.CC. I, n. 1052).
V/ Corazón de Jesús sacramentado, por tu Madre Inmaculada, te pido concedas a este pobre barro mío:
R/ Hacer bien a los malos sin hacerme malo.

IX Estación: Jesús fortalece la fe de Tomás
V/ Verdaderamente…
«A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo “Paz a vosotros”. Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente” (Jn 20, 26-27).
«Corazoncillo que a veces quieres remontar el vuelo, y subir arriba y, sin embargo, no consigues levantarte un dedo sobre la tierra, ¿quieres alas? Pues métete en el nido que forma la llaga del costado de Jesús, y al poco tiempo, yo te lo aseguro, ¡verás como subes!» Ahora, después de haberte dado a conocer esas puertas siempre abiertas para los que tienen hambre de cualquier clase que sea, ese amigo que siempre paga, ese padre que tan fácilmente perdona y ese nido en el que tan bien se vive, dime: ¿te atreverás a exclamar con aire de tristeza: Si yo tuviera…?» (OO.CC. II, n. 3311-3312).
V/ Corazón de Jesús sacramentado, por tu Madre Inmaculada, te pido concedas a este pobre barro mío:
R/ Dejar a todo el que me mire o me oiga un poco de luz y de paz y que sólo lo agradezcan a Ti.

X Estación: Jesús resucitado en el lago de Galilea
V/ Verdaderamente…
«Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: “Muchachos, ¿tenéis pescado?”. Ellos contestaron: “No”. Él les dice: “Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”. La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquél discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: “Es el Señor”» (Jn 21, 4-7).
«Sabemos muy bien que sin Él aunque se trabaje toda la noche y todo el día, no se saca nada, y que con Él nuestras redes vuelven a nuestra barca siempre llenas y rebosantes» (OO.CC. III, n. 4968).
V/ Corazón de Jesús sacramentado, por tu Madre Inmaculada, te pido concedas a este pobre barro mío:
R/ Hacer mucho bien en torno mío y que nadie más que Tú, caiga en la cuenta.

XI Estación: Jesús confirma a Pedro en el amor
V/ Verdaderamente…
«Por tercera vez le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”. Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: “¿Me quieres?” y le contestó: “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero”. Jesús le dice: “Apacienta mis ovejas”» (Jn 21, 17).
«Si al amor se confía apacentar, y apacentar es el hacer mucho bien, para hacer y dar el mayor bien por las almas, no hay que buscar otro recurso que el amar más. Si el amor es el que apacienta… ¡Desalientos, desfallecimientos, ingratitudes, contrariedades, persecuciones injustas, esterilidades y arideces del pastoreo de las almas, apretad y amargad el corazón cuanto queráis, pero no borréis jamás de la vista y del oído del pastor que el amor es el que apacienta, no el poder, ni el lucro de dinero, ni la justicia, ni la sabiduría…! ¡El amor y el mayor amor…! Y el amor es celo que inventa, busca y no se cansa, es ingenio que multiplica recursos y auxilios, es adaptabilidad para hacerse todo para todos, es intuición para penetrar en donde ni el sentido ni el talento llegan, es fortaleza para empezar cada mañana la siembra ardua con cara sonriente y mano abierta, es silencio y olvido de sí…, es oración que vence imposibles… el amor pastoral es lo que puede hacer más parecido a un puro hombre con el Hombre–Dios” (OO.CC. III, n. 5214).
V/ Corazón de Jesús sacramentado, por tu Madre Inmaculada, te pido concedas a este pobre barro mío:
R/ Que me paguen mis cariños y sacrificios por mis prójimos con olvido para mí y cariño para Ti.

XII Estación: Jesús encarga su misión a los apóstoles
V/ Verdaderamente…
«Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”» (Jn 28,16-19).
«¡Jesús está conmigo! ¡Yo estoy con Jesús! ¡En marcha! ¿A dónde? Si tuvieras, Jesús mío, todavía vida mortal y visible, ya sabría yo a dónde ibas: a donde hubiera enfermos que curar, tristes que consolar, ignorantes que iluminar, pecadores que atraer, perseguidos que defender, ¡a donde se derraman lágrimas! ¡Qué bien nos ha enseñado tu Evangelio lo que te gustaba enjugarlas! Pero ahora, en esta vida eucarística que has tomado, en esta vida, no de ir, sino de dejarte llevar, de enseñar no hablando sino callando, de atraer, no mostrándote en esta vida que actualmente vives en la tierra, de silencio, de obscuridad, de inmovilidad, ¿cómo seguirte, Señor?” (OO.CC. I, n. 1295).
V/ Corazón de Jesús sacramentado, por tu Madre Inmaculada, te pido concedas a este pobre barro mío:
R/ Olerte desde lejos.

XIII Estación: Jesús asciende al Cielo
V/ Verdaderamente…
«Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban» (Mc 16,19-20).
«La Ascensión de Cristo es nuestra exaltación. Y a donde precedió la gloria de la Cabeza, allí está llamada también la esperanza del cuerpo. Alegrémonos con piadosas acciones de gracias, porque hoy, no solo hemos sido asegurados como poseedores del paraíso, sino que, en Cristo, hemos penetrado en lo más alto de los cielos, ganando, por la inefable gracia de Cristo, mucho más que habíamos perdido, pues los que el infernal enemigo derribó de la felicidad de la primera mansión, el Hijo de Dios, incorporándolos a sí, los ha colocado a la derecha de su Padre» (OO.CC. II, n. 2572).
V/ Corazón de Jesús sacramentado, por tu Madre Inmaculada, te pido concedas a este pobre barro mío:
R/ Amarte y despreciarme.

XIV Estación: La venida del Espíritu Santo
V/ Verdaderamente…
«Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse» (Hch 2, 1-4).
«¡Oh, el día en que todas las lenguas que tocan cada mañana a Jesús Sacramentado se decidieran a hablar de Él y según Él! El mundo contemplaría una Pentecostés más grandiosa que la primera» (OO.CC. III, n. 5324).
V/ Corazón de Jesús sacramentado, por tu Madre Inmaculada, te pido concedas a este pobre barro mío:
R/ Reconocerte mío y reconocerme tuyo.

Oración final
Oh Dios que por la resurrección de tu Hijo Jesucristo has alegrado al mundo, concédenos por la intercesión de le Virgen María, su madre, llegar a las alegrías de la eternidad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Textos: Sergio Pérez Baena, Pbro.
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