Skip to content

Con mirada eucarística (abril 2017)

11 abril 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de abril de 2017.

Ser para la nada o ser para la trascendencia

La Cuaresma es un tiempo de preparación. Preparación para el mayor acontecimiento de todos, que es el triunfo sobre la muerte que nos ofrece Jesús a partir de la cruz. Por lo tanto, no puede ser un tiempo triste sino de reflexión sobre el destino de nuestra existencia. Una reflexión que, sin duda alguna, tiene que ser permanente.


Comienza la Cuaresma con las tentaciones de Jesús en el desierto. Todo un simbolismo y a la vez también una inevitable realidad. El demonio existe. El espíritu del mal tienta continuamente al ser humano con señuelos, con apariencias de bien para apartarlo del auténtico Bien. La tentación consiste precisamente en eso, en desnaturalizar la esencia divina del hombre, en vaciar al hombre de Dios.

Las tentaciones
Y Jesús fue tentado del mismo modo por ser hombre y no solamente al final de su cuarentena sino a lo largo de toda su vida, como nos sucede a cada uno de nosotros. Siempre debemos estar alerta y siempre hemos de aprender a enfrentarnos al demonio con la respuesta que Jesús nos enseña: La palabra de Dios. Con el mal no se dialoga, hay que derrotarlo. Y cuando se sucumbe, porque somos frágiles, debemos recurrir al perdón y la misericordia de Dios.

Jesús de Nazaret nos dice que son tres las tentaciones con las que el maligno nos provoca: El tener («que estas piedras se conviertan en pan», Mt 4,3), el placer («tírate abajo», Mt 4, 6) y el poder («te daré todo», Mt 4,9). Son las mismas de siempre: Las ansias de riqueza, de posesión, de tener, sin darnos cuenta de que solo Dios basta, que sin Él todo está de sobra; la búsqueda del placer en cualquiera de sus sentidos o manifestaciones, pasando por encima de las renuncias y los sacrificios que exige el amor a Dios y al prójimo; la pasión por el dominio sobre los demás; el poder que corrompe (y si es absoluto, corrompe absolutamente) en lugar de ver que los demás son también igualmente hijos de Dios.

La muerte
Cuentan que estaba la niña jugando a la comba y que a la vista del coche fúnebre exclamó: «Yo no me quiero morir». A lo que el empleado de la funeraria contestó: «Pues, niña, es lo que toca». Y sin embargo, nos empeñamos en nuestra sociedad en esconder la muerte como si esta no existiera, aun a sabiendas de que es una suerte que siempre nos toca. Hemos nacido para morir. La diferencia está en la concepción del final: o ser para la nada o ser para la trascendencia, para Dios. No hay más. Y de la resolución de este conflicto depende el proyecto de nuestra vida aquí en la tierra. Jesús lo tuvo muy claro. Nació para Dios, para cumplir la voluntad del Padre.

La vida de Jesús está toda ella motivada por el amor de Dios. Su misión consiste en demostrarnos que tenemos la obligación de ser felices porque Dios nos ama infinitamente. Independientemente de la visión teológica de ser Hijo de Dios, de traer a este mundo su misión de redención…, Jesús de Nazaret es un hombre lleno de amor, queremos decir lleno de Dios. Y por eso camina dichoso por toda la geografía, deambulando de un sitio para otro, llevando para todos la única esperanza, la del reino de Dios, y por eso no le importa juntarse con los renegados, los despreciados, los leprosos, y por eso no le importa enfrentarse al poder establecido, a los farsantes, a lo hipócritas, a los sepulcros blanqueados. Cuando alguien lleva a Dios consigo, la muerte no tiene importancia.

Y supo que lo iban a matar, injustamente, por una causa de amor: «Padre, perdónalos» (Lc 23, 33). Y también sabía que Dios lo estaba esperando: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23, 46).

La resurrección
Al comenzar la Cuaresma, en el miércoles llamado de ceniza, se nos recuerda exactamente eso, que somos ceniza, que somos polvo. En la catedral de Toledo, sobre la tumba del cardenal Portocarrero puede leerse en latín la siguiente inscripción: «Hic jacet pulvis, cinis et nihil» («Aquí yace polvo, ceniza y nada»). Es lo que queda de cada uno de nosotros.

¿Es lo que queda? En el Credo manifestamos nuestra fe: Creo en la resurrección de la carne. Jesús de Nazaret resucitó el domingo muy de mañana. El pasado viernes había llegado al monte Calvario con la cruz a cuestas y allí lo crucificaron en torno al mediodía.

Murió sobre las tres de la tarde, aproximadamente a la misma hora en la que estaban sacrificando los corderos en el Templo para celebrar la fiesta de la Pascua. José de Arimatea, judío de la clase dirigente, estaba ocupado en hacer las gestiones pertinentes ante Pilato para enterrar el cuerpo de Jesús en una tumba de su propiedad. La tarde caía y ya casi no había tiempo. Esperaban María, la madre, María Magdalena, María de Cleofás, Salomé, Juan y Nicodemo, otro judío importante. Por fin, pudieron enterrar el cuerpo de Jesús un poco a corre prisa, tendrían que volver a terminar la faena el domingo, porque el sábado era para los judíos día de descanso.

Y cuando las mujeres volvieron el domingo, resultó que Jesús había resucitado (Mc 16). Así se lo comunicó el joven vestido de blanco. El mismo Jesús resucitado se apareció a su madre (aunque no conste en los Evangelios), a María Magdalena, a los de Emaús, a sus discípulos. La resurrección de Jesús es un hecho histórico o, como sostienen otros estudiosos, metahistórico, esto es, que perteneciendo a la historia va más allá de la historia. Da igual. Jesús resucitó y esta es la verdad.

Además el pasado jueves (Jueves Santo), en una cena con los suyos, había decidido quedarse para siempre con nosotros.

Teresa y Lucrecio, matrimonio UNER
Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: