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Editorial (abril 2017)

16 abril 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de abril de 2017.

Fascinados por su resurrección

Celebramos hoy, un año más, la Pascua del Señor, su victoria sobre la muerte. Gracias a la Liturgia, cada celebración no es un mero recuerdo sino una verdadera actualización. Jesús resucita por nosotros y se hace presente en nuestras vidas, en nuestras circunstancias. Él mismo lo prometió antes de su ascensión al Cielo: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28,20).

La misión de la Liturgia, por tanto, no es simplemente evocar recuerdos. Y nuestra respuesta, por tanto, va mucho más allá de una asistencia al culto y las celebraciones según la costumbre y la tradición. La resurrección de Cristo es la que da verdadero sentido a nuestra fe. Cientos, miles de personas a través de los siglos han entregado su vida a una buena causa. Pero solo Dios tiene el amor y el poder suficientes para entregar su vida a la muerte y resucitar a una vida nueva y definitiva. Solo Dios pudo entregar su vida y recuperarla, por obra del Espíritu que hace nuevas todas las cosas.

Este Espíritu y el mismo Cristo resucitado, en unión con el Padre, siguen obrando incansablemente en nuestro mundo, en nuestra historia, en nuestro día a día. Celebrar la Pascua es, en este sentido, disponer nuestros corazones para descubrir su presencia amable y segura, cercana y tierna. El sentido más profundo de la Cuaresma es este: disponer nuestro espíritu para que los ojos de nuestro corazón sean cada día menos ciegos a su acción y nuestras manos, fascinadas por un amor tan grande, se abran sin cesar a quien más lo necesita, al prójimo, al hermano, al cercano.

El hombre de hoy, incluso buscando el sentido de la existencia, muchas veces lo busca en lugares y formas que solo le aportan tristeza y frustración. ¡Cuántos jóvenes desorientados! ¡Cuántas miradas tristes! ¡Cuánto pesimismo camina por nuestras calles y habita en nuestras mismas ciudades!

Hoy más que nunca los cristianos necesitamos celebrar la Pascua para reconocer entre nosotros a quien nos llena de gozo y paz aún en medio de las adversidades. Solo así podremos ser luz que alumbra a quienes se hallan en las tinieblas de una búsqueda infructuosa. Dios sigue haciéndose presente y sigue necesitándonos. Su resurrección, acaecida históricamente hace casi 2.000 años sigue ocurriendo en cada celebración eucarística y de forma fascinante en cada Eucaristía.

Los miembros de la Familia Eucarística Reparadora hemos sido elegidos como verdaderos portavoces y anunciadores de la mayor de las noticias, la única que merece ser plenamente conocida. El Dios de la Vida está a nuestro lado y desea ser nuestro compañero de camino. Él no ha escogido, sin embargo, medios portentosos para dar a conocerse. Nos ha elegido a nosotros, hombres de carne y hueso, seres de barro, diría san Manuel González, para que anunciemos al mundo entero la gran noticia.

Dejémonos fascinar por la única novedad que realmente puede cambiar nuestra vida y el mundo entero. Que nuestro ser se transforme en la cercanía con el Señor que, resucitado, ha vencido a la muerte y nos regala a cada instante la vida verdadera, la única que merece ser vivida. Nuestros hermanos, amigos, vecinos, todos los que nos rodean, necesitan descubrir la mayor de las alegrías. Solo nosotros, con nuestro testimonio de vida sencilla y alegre, podemos contagiar esta fascinación. «

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