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Lectura sugerida (mayo 2017)

21 mayo 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de mayo de 2017.

Para encontrar reposo

San Manuel González García: un hombre de Cristo para el pueblo y del pueblo para Cristo, cuyo autor es Antonio Jesús Jiménez Sánchez, se nos ofrece como un extracto de la tesis doctoral titulada «Vida y obra del obispo de Málaga, Beato Don Manuel González García: Revisión histórica y aproximación literaria».

San Manuel González García

Subtítulo: Un hombre de Cristo para el pueblo y del pueblo para Cristo
Autor: Antonio Jesús Jiménez Sánchez
Año: 2017
Páginas: 208
Formato: 14 x 21 cm
Precio: 10 €

Vaya por delante que su intención divulgadora se acompasa perfectamente con una prosa fluida, amena e interesante que hace posible una lectura atenta y perfectamente asequible para cualquier lector, sea este entendido o no en la materia. Personalmente puedo decir que he leído el libro de un tirón.

Dos partes
El libro, concebido desde la investigación histórica, presenta dos partes perfectamente diferenciadas: Una, que podemos calificar de narración y que llega hasta la página 126, y otra que es de descripción y que está contenida en los capítulos 7 y 8, páginas 127-196; el último capítulo, el 9, es de conclusiones (pp. 197-202).

En la primera parte, narrativa, asistimos a un desarrollo concienzudo, riguroso, de los avatares históricos de san Manuel González, desde su nacimiento hasta su muerte. Como si fuera una cámara cinematográfica, el escritor introduce al lector–espectador en los distintos acontecimientos del personaje biografiado, desmontando tópicos, aportando documentos inéditos, a fin de demostrar el carisma que da sentido a su existencia, la presencia del Sagrario, el Jesús de la Eucaristía.

La segunda parte, la descriptiva, muestra una semblanza pormenorizada del Seminario de Málaga en todos sus sentidos (planificación, construcción, concepción simbólica, finalidad formadora, catequético-eucarística) y de la perspectiva mística de san Manuel González. Aquí utiliza el escritor una palabra más pausada, más lírica, sin nunca abandonar su profundo aporte documental.

Con todo, Antonio Jesús, el historiador, quiere llevarnos más allá de la propia historia, más allá del acontecimiento frío y aséptico que exige la naturaleza de un investigador nato. No es suficiente la cáscara, también nos transporta a la almendra.

Aparece la figura de Manuel González en su visión también por dentro. Quiere el escritor llevarnos, y a fe que lo consigue, por los entresijos del alma, hablarnos de sus alegrías, sus tristezas, sus preocupaciones, sus amarguras, sus satisfacciones, su pobreza de espíritu, su humildad, su obediencia, sus días claros y también sus noches oscuras. Y esto lo consigue, sin apartarse nunca de su espíritu crítico, especialmente por los documentos adjuntos que acompaña, bien sean del propio Manuel González o de otras personas cercanas que tienen autoridad legítima para aportar algo novedoso. De tal manera que, en muchos momentos, el lector se ve atraído por la dimensión más que humana de un personaje que entregó su vida a la causa de la Eucaristía.

Su noche oscura
Perfectamente demuestra el escritor que Manuel González fue un contemplativo en la acción. La experiencia en Palomares del Río fue el aldabonazo en su conciencia que tomaría forma a lo largo de los años. Toda su actividad como Arcipreste de Huelva, educativa, social, catequética, va acompasada por un contemplativo del Sagrario. Toda su obra posterior en Málaga, especialmente en torno al Seminario, y todo su afán fundador, de carácter seglar o religioso, esconden un alma iluminada por la Eucaristía.

Y como los grandes místicos, también tuvo su noche oscura. Una noche oscura que, como a santa Teresa de Calcuta, se le prolongó en el tiempo. Así nos lo hace ver Antonio Jesús Jiménez, desde la noche en que fue incendiado el Palacio Episcopal de Málaga, del que salió san Manuel González y al que nunca más pudo volver, y bien que a su pesar. Siempre la ceguera mística es por exceso de luz.

Maestro del símbolo
Con cuidadoso esmero igualmente nos demuestra el autor que san Manuel González fue un maestro de los símbolos, símbolo que no es solo representación de una realidad oculta, sino impulso para la auténtica acción vital. En este sentido podemos decir que la Eucaristía es su símbolo global o totalizador. Así es concebido el Seminario de Málaga, como un Sagrario majestuoso sobre la ciudad. Y desde esta perspectiva, y con detenimiento y pulcritud de orfebre, el autor nos desentraña el simbolismo manuelino, el que se circunscribe al propio seminario (la galería de la obediencia, el pastorcillo, las vidrieras, los colores, el Sagrario…) y el que se incrusta en toda su obra y en su vida: la puerta, la mirada, el corazón… el Corazón Eucarístico de Jesús.

Remata Antonio Jesús el libro con estas palabras: «No he terminado con don Manuel, ni don Manuel ha terminado conmigo. Me sospecho que este tema será el que me acompañará durante toda la vida y al cual le dedicaré otros estudios posteriores». Gracias por mi parte, y que así sea.

L. Serrano
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