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Resonancias en nuestra Iglesia de hoy (mayo 2017)

29 mayo 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de mayo de 2017.

Sentirnos llamados por la Iglesia para ser acogedores y escuchar

«Necesitamos santos modernos, santos del siglo XXI con una espiritualidad insertada en nuestro tiempo. Necesitamos santos comprometidos con los pobres y los necesarios cambios sociales» (papa Francisco, 23/7/2013).
Queridísimo D. Manuel: tú fuiste un santo del siglo XX que supiste responder a los retos que te planteaban las necesidades de tu tiempo. Experimentaste en tu ser la realidad de tu barro pero sentiste y creíste en el amor misericordioso de Dios. Gracias por ser con tu sencillez, alegría y profundidad un referente para los que vivimos en el siglo XXI. Nosotros queremos responder como tú a la llamada que Dios nos hace a la santidad. Entrevistamos hoy al P. Alejandro, asesor de la UNER en Barcelona.

P. Alejandro, todos estamos muy contentos después de la gracia grande que hemos recibido en la Familia Eucarística Reparadora: El reconocimiento por parte de la Iglesia de la santidad de nuestro Fundador, ya hoy S. Manuel González. ¿Cree Ud. que S. Manuel González puede ser un referente para los que sentimos hoy la llamada a la santidad?
Toda persona está llamada a la santidad. La santidad no es otra cosa, más que participar de la vida del único que es santo, Cristo. Por ello san Manuel, al señalar a Jesús Eucaristía, nos recuerda aquello que ya a lo largo de los siglos han descubierto tantos santos y que el mismo Jesús nos dice «sin mí no podéis hacer nada». En la Eucaristía, es decir en el encuentro con Cristo se adquiere la fuerza para vivir heroicamente la caridad.
Que la Iglesia haya canonizado a san Manuel y nos diga hoy nuevamente algo tan elemental como mirar el Sagrario y cuidar a Cristo que está solo y abandonado pone una alerta a las comunidades y a todos los católicos de que, quizás, sin darnos cuenta, hemos podido ir perdiendo el sentido de lo sagrado y la conciencia del gran misterio de la presencia real de Jesucristo en el pan y el vino de la Eucaristía

¿Qué destacaría de su espiritualidad y testimonio como especialmente válido para nuestro tiempo?
San Manuel nos recuerda ese anhelo más profundo del corazón de Jesús: «llamó a los que quiso para que estuvieran con Él». La Eucaristía nos ayuda a vivir en la presencia de Dios y a ser conscientes de que hemos de cuidar de la creación y de las personas que Dios nos encomienda.
Sin duda, si cuidamos bien de Cristo, la Palabra de Dios por quien todo fue hecho, y que murió por nosotros, también sabremos cuidar de aquellos a los que ama Cristo y por los que él permanece en el Sagrario.
Su obra y espiritualidad nos ayuda a que las parroquias sean comunidades vivas en las que cuidamos a Cristo.
Es el hermoso apostolado de permanecer con Cristo y señalarlo para que todos lo puedan encontrar. Al permanecer velando a Cristo, los templos permanecen abiertos facilitando que la gente pueda entrar atraída por ese Jesús que llama desde el Sagrario. Cuidando a Cristo, estamos llamados en nombre de la Iglesia, a ser acogedores y escuchar al que busca a Cristo, a quien se siente solo o desamparado, para poder señalarles donde esta Jesús, el único que realmente salva.

¿Que nos pediría a la FER para ser testigos creíbles de la presencia viva y vivificante de Jesús en la Eucaristía?
Simplemente, vivir bien la Eucaristía, ser conscientes de que él nos espera, que desea estar con nosotros, que quiere reunirnos en torno a él congregándonos en una sola familia para dirigirnos su palabra y animarnos a cuidarnos unos a otros. Es necesario vivir bien la Eucaristía.
No se puede vivir rutinariamente, accidentadamente, como algo más que hay que hacer. Debe ser el centro de nuestra vida y de nuestro día…Ayuda mucho, además, observar con cuánto amor algunas personas saludan a Jesús en el sagrario, cómo lo vienen a visitar, ver cómo se preparan para la Eucaristía, cómo se visten, a qué hora llegan, donde se sientan, cómo siguen las lecturas, escuchan, responden, aclaman, cantan, cómo lo reciben. Simplemente mirando esas actitudes, se puede notar cuál es el grado de amor y fe que esas personas tienen hacia Jesús. Sin palabras, solo con su amor, sus gestos, nos dicen que Jesús esta ahí, y es el centro de su vida.
Por ello, simplemente, vivamos bien cada encuentro con Jesús en el Sagrario y en la celebración de la Eucaristía. «Levantemos el corazón» y mantengámoslo levantado hacia el Señor. Solo así será cambiado nuestro propio corazón y, a continuación, el de los que nos rodean.

Mª del Carmen Ruiz, m.e.n
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