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Cordialmente, una carta para ti (junio 2017)

6 junio 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de junio de 2017.

Sufrir por hacer el bien

Apreciado lector: Ante todo quiero pedirte disculpas por no haber acudido a la cita que en estas mismas páginas tenía contigo el pasado mes de mayo; causas ajenas a mi voluntad me lo impidieron. Vuelvo a estar en contacto contigo para traer a tu memoria una célebre frase de Edmund Burke, político y escritor irlandés del siglo XVIII. Decía: «Todo lo que es necesario para el triunfo del mal es que los hombres de bien no hagan nada».


Una gran verdad que vemos confirmada con mucha frecuencia y que nos obliga a reflexionar. Cuando alguien hace o dice algo que está mal y nadie se lo reprocha, estamos favoreciendo que ese mal se vuelva a repetir. Pero no se trata solamente de reprochar a alguien lo que ha hecho o dicho y que está mal, sino que en todo momento deberemos defender la verdad, la justicia y, sobre todo, el derecho a la vida, el derecho a nacer. No hacerlo sería impropio de un buen cristiano.

Valioso en doble sentido

Cierto, estimado lector, que todo lo anterior entraña riesgos. A nadie le gusta que le llamen la atención, aunque sea con humildad y misericordia, que es como debe hacerlo un buen cristiano. Es probable que haya una mala reacción por parte del que actuó mal. Pero en cualquier caso, siempre nos quedará la satisfacción de haber hecho el bien y de haber contribuido a que no triunfe el mal, aunque ello haya representado algún sufrimiento, ya sea físico o psíquico. Posee un enorme valor el sufrir por hacer el bien. Y lo que es más, este valor es doble: el que tiene ante Dios y el que tiene ante los hombres.

Pensando en el valor que tiene ante Dios, que es el realmente meritorio, son oportunas las palabras pronunciadas por el papa Francisco, unos días antes de la pasada Semana Santa y ante numerosos fieles congregados en la Plaza de San Pedro, con motivo de una Audiencia General. El santo padre hizo alusión a la primera carta del apóstol Pedro, destacando que «consigue infundir gran consolación y paz, haciendo percibir cómo el Señor está siempre junto a nosotros y no nos abandona nunca, sobre todo en las fases más delicadas y difíciles de nuestra vida».

Hizo a continuación importantes consideraciones sobre la Pascua de Resurrección, debido a que estaba muy próxima en aquellas fechas. Habló de Cristo resucitado y puso de relieve que debe convertirse en nuestro modelo de vida, enseñándonos que «el mal no se vence con el mal, sino con la humildad, la misericordia y la docilidad». En este punto se refirió a los mafiosos, quienes creen que el mal se puede vencer con el mal, razón por la que desencadenan venganzas y hacen el mal… Grave error combatir el mal con el mal.

En comunión con el Señor
Y es ahora, apreciado lector, cuando el papa Francisco cita una de las frases más hermosas y cargadas de espíritu cristiano que escribiera el apóstol Pedro: «Más vale padecer por obrar el bien que padecer por obrar el mal» (3,17). Nos explica el papa que esta frase no significa que está bien sufrir, que debamos sufrir constantemente, sino que nos viene a decir esto otro: «cuando sufrimos por el bien, estamos en comunión con el Señor, el cual ha aceptado padecer y ser puesto en la cruz por nuestra salvación».

Las anteriores palabras nos recuerdan que ser cristiano es, en cierto modo, ser otro Cristo. ¿Cómo podríamos ser cristianos sin estar en comunión con Cristo? ¿Cómo podríamos ser cristianos si jamás aceptásemos sufrir por el bien? Por ello, tiene pleno sentido lo que seguidamente dijo el pontífice: «Cuando aceptamos sufrir por el bien, es como si esparciésemos en nuestro entorno semillas de resurrección, semillas de vida e hiciésemos resplandecer en la oscuridad la luz de la Pascua». ¡Poéticas y bellas palabras que nos animan a aceptar el sufrimiento por hacer el bien!

Por último, amigo lector, el papa Francisco quiso ayudar a la audiencia a que comprendiese por qué el apóstol Pedro nos llama «bienaventurados» cuando sufrimos por la justicia, por defender la justicia. A tal fin, dijo que «cada vez que nosotros tomamos la parte de los últimos y de los marginados o que no respondemos al mal con el mal, sino perdonando, sin venganza, perdonando y bendiciendo, cada vez que hacemos esto nosotros resplandecemos como signos vivos y luminosos de esperanza, convirtiéndonos así en instrumento de consolación y de paz según el corazón de Dios»… Por esta razón, el apóstol Pedro nos llama bienaventurados cuando sufrimos por haber defendido la justicia y por haber hecho el bien a todos. Cordialmente,

Manuel Ángel Puga
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