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Centros UNER en el mundo (Argentina)

20 junio 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de junio de 2017.

La UNER de Argentina en el Encuentro Nacional de Laicos

Con gran alegría y entusiasmo en nuestros corazones regresamos a nuestros hogares, luego de haber vivido, con intensidad, los días 20 y 21 de mayo, el Encuentro Nacional de Laicos en San Antonio de Arredondo (provincia de Córdoba). Se dieron cita más de 250 participantes, provenientes de 43 diócesis, más de 30 movimientos e instituciones de Iglesia presentes y una docena de Pastorales en servicio de las periferias geográficas y existenciales.


El encuentro, partiendo del texto evangélico «Como el Padre me envió, también yo los envío a ustedes» (Jn 20,21), tuvo como lema «Compartamos como Pueblo de Dios, la alegría del Evangelio», en sintonía con la invitación que el papa Francisco hace en Evangelii gaudium a una «nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría» (n. 1). En una cálida residencia franciscana pudimos compartir brevemente las experiencias de muchos miembros y dirigentes de movimientos eclesiales, descubriendo la riqueza que el Espíritu da a la Iglesia a través de los distintos carismas, y aportando nuestro granito de arena desde la Unión Eucarística Reparadora. Quisiera destacar dos aspectos, a modo de resonancia, que son un llamado de hoy para nosotros.

El primero, tener presente que una familia no es solamente de los padres, ni únicamente de los hijos; es de todos. Con la misma analogía debemos comprender que la Iglesia no es solamente de los pastores (padres). Como laicos (hijos), debemos acompañar a nuestros pastores, de modo que la Iglesia sea verdaderamente activa en todos sus miembros. Somos corresponsables con ellos de llevar a cabo esta nueva etapa evangelizadora, marcada por la alegría, a la que el papa Francisco nos invita. No cometamos el error de creer que únicamente por estar integrados a la Familia Eucarística Reparadora o a la parroquia somos laicos comprometidos. Como nos dice el santo padre, «no podemos reflexionar el tema del laicado ignorando una de las deformaciones más fuertes que América Latina tiene que enfrentar: el clericalismo. Esta actitud no solo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente. El clericalismo lleva a la funcionalización del laicado; tratándolo como mandaderos, coarta las distintas iniciativas, esfuerzos y hasta me animo a decir, osadías necesarias para poder llevar la Buena Nueva del Evangelio a todos los ámbitos del quehacer social y especialmente político. El clericalismo, lejos de impulsar los distintos aportes, propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos. El clericalismo se olvida que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenecen a todo el Pueblo de Dios y no solo a unos pocos elegidos e iluminados» (Carta al cardenal Marc Ouellet, presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, 19/3/2016).

Sembradores de alegría
Como laicos tenemos que tomar conciencia de nuestro rol, no podemos quedar encantados por el clericalismo. Existen muchas realidades a las cuales nuestros pastores no pueden llegar y hacia allí debemos encauzar nuestros esfuerzos. Debemos preguntarnos qué significa que los laicos estemos trabajando en la vida pública, qué estamos haciendo para compartir, como Pueblo de Dios, la alegría del Evangelio.

El segundo aspecto que quisiera destacar es que debemos tener presente que hay que llevar la alegría del Evangelio no sólo a las periferias geográficas (ej. villas, cárceles), sino también a las periferias existenciales (ej. adicciones, prostitución, homosexualidad). Estas últimas nos plantean todo un desafío como Iglesia y sentimos que tenemos escasa o nula preparación para llegar a quienes están en ellas. Seamos humildes, no creamos que somos nosotros los que tenemos a Dios y debemos llevarlo a ellos, debemos salir a buscar a Dios en ellos.

Como san Manuel
Estos dos aspectos están contenidos en la oración «¡Madre Inmaculada! ¡Que no nos cansemos!» de san Manuel González: «sonrientes siempre, con los ojos de la cara fijos en el prójimo y en sus necesidades, para socorrerlos, y con los ojos del alma fijos en el Corazón de Jesús que está en el Sagrario… ocupemos nuestro puesto, el que a cada uno nos ha señalado Dios». Pidamos al Corazón Eucarístico de Jesús que despierte en nosotros el celo apostólico que tuvo nuestro fundador para dar respuesta a nuestra realidad. Unidos en oración por la Obra y para gloria de Dios,

Marcos Araya (Presidente Equipo Nacional, UNER Argentina)
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