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Editorial (julio-agosto 2017)

30 julio 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2017.

Dios también se va de vacaciones

En el Hemisferio Norte he llegado el verano, tiempo de temperaturas más altas, tiempo de vacaciones. Muchas veces se ha dicho que en estos días parece que algunas personas unen descanso laboral con olvido de Dios. Es difícil y riesgoso hacer una valoración de las intenciones de las personas sin caer en juicios erróneos y las más de las veces, en prejuicios. Porque si bien es cierto que muchas parroquias de ciudad ven decaer llamativamente la asistencia a las Misas de domingo, más cierto aún es comprobar cómo los templos de pueblos rurales, costeros o, simplemente, zonas propicias para veranear, no tienen suficiente espacio para tantos fieles que se acercan a las Misas. No es extraño que, a veces, sea necesario celebrar fuera del templo, para que todos puedan participar de las celebraciones del Día del Señor.

Posiblemente sea mucho más cristiano intentar analizar qué hace Dios en este tiempo de vacaciones, porque quizá no es del todo cierto otra frase muy escuchada en estos meses: «Dios no se toma vacaciones».

¿No será más correcto decir que Dios no solo se va de vacaciones sino que acompaña en las vacaciones? ¿No será, quizás, que ese amor infinito y desmesurado por cada persona lo impele a ir de vacaciones allá donde cada uno de nosotros desee llegar? Incluso a aquellos lugares donde parece que no hay sitio para él.

Desde la primera Nochebuena de la historia Dios ha querido hacerse uno de nosotros no para juzgarnos sino para salvarnos, para acompañarnos. Si san Manuel González quiso entregar su vida y sus huesos después de muerto para dar y buscar compañía al Dios del Sagrario fue, sin lugar a dudas, por lo que descubrió aquel 2 de febrero en Palomares del Río: que Dios jamás le había negado su compañía y jamás se la negaría. Que no existe nada en la tierra o en el Cielo que pueda alejarlo de su criatura amada, aquella que en el último día de la creación vio que era muy buena (cf. Gn 1,31).

Ese Dios que clavó su mirada amorosa en aquel joven sacerdote sigue mirando con la misma ternura a todos sus hijos. Los miembros de la Familia Eucarística Reparadora no solo lo sabemos sino que lo hemos comprobado en primera persona. El carisma eucarístico reparador sigue vivo en cada uno de los miembros de la Obra fundada por san Manuel. Y hoy, en este mundo, en cada una de las situaciones que nos tocan vivir seguimos descubriendo la compañía amorosa de Dios por el hombre e intentamos, desde nuestra pobreza y libertad, darle y buscarle compañía.

Dios sigue siendo buscado y deseado. Sobre todo por quienes más alejados se dicen de él. Las vacaciones son, en este sentido, ocasión privilegiada para llevar a Dios a lugares nuevos y deseosos de él, aún sin saberlo.

¡Dios desea irse de vacaciones porque anhela estar cerca de sus hijos! Y quienes lo conocemos y lo buscamos y le hablamos y nos sabemos acompañados por él tenemos el gran tesoro en nuestras manos: «Servirle de pies para llevarlo a donde lo desean. De manos para dar limosna en su nombre aun a los que no lo quieren. De boca para hablar de Él y consolar por Él y gritar a favor de Él…» (OO.CC. I, n. 18). ¡Muy felices vacaciones! ¡Muy llenas de Dios, que siempre nos acompaña!«

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