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Palabras de santo (septiembre 2017). Partiendo el pan a los pequeñuelos

25 septiembre 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de septiembre de 2017.

¡Cuánto bien hace a los niños el encuentro con Jesús Eucaristía!

¿Cómo favorecer el encuentro de los niños con Jesús? Esta pregunta surge a menudo, especialmente entre quienes han recibido el don y la tarea de acompañar a los más pequeños en su itinerario de crecimiento en la fe. También san Manuel, que entre tantas otras facetas de su vida se ha destacado como un gran catequista, se plantea esta cuestión y, gracias a su fecunda pluma, nos ha dejado varios escritos en los que expresa sus experiencias y reflexiones sobre este tema. Partiendo el pan a los pequeñuelos es el primero de estos libros, publicado en 1923. Las citas que mencionamos en este artículo son de la 5ª edición, de 1964. [Ver en Google Books, Partiendo el pan a los pequeñuelos, 5ª edición (1937).


Para introducirnos en los escritos catequísticos de san Manuel nos iluminan las palabras de don Daniel Padilla en su ponencia «La formación cristiana: una urgencia catequética en el beato Manuel González», que tuvo lugar en Ávila, en mayo de 2015, en el marco del I Congreso Internacional Beato Manuel González.

Ideas centrales de Partiendo el pan a los pequeñuelos
Releyendo y profundizando en cada uno de estos temas podemos ver la actualidad del mensaje de san Manuel, su preocupación y trabajo constante para que todos, desde la infancia, se encuentren con el Señor, lo que constituye una urgencia pastoral también en nuestros días:

  • Hay que acabar con la ignorancia del catecismo entre los niños y los mayores.
  • La catequesis es el catequista. Destaca su importancia y su vocación. Manifiesta su preocupación por formar catequistas de verdad.
  • Para que los niños conozcan a Jesús, el catequista lo ha de conocer, querer e imitar.
  • Los niños han de asistir a la catequesis, no por premios o regalos, sino por atracción, que experimenten que son amados.
  • El catequista ha de enseñar a los niños, como niños que son: jugando, como lo hace el P. Andrés Manjón: cuentos representados, juegos pedagógicos, ejercicios, narraciones, anécdotas.
  • La doctrina cristiana ha de ser explicada de manera que los niños vean más y mejor lo que se les enseña. Las actividades han de concluir con reflexiones personales sobre lo aprendido.
  • Toda la catequesis ha de orientarse hacia el Sagrario.
  • Anima a los párrocos a establecer escuelas parroquiales, por los buenos resultados de Huelva.
  • Frente a la guerra al catecismo ambiental de nuestros días, la respuesta habría de ser propaganda, enseñanza y otros muchos aspectos más pequeños, pero no por ello menos importantes (cf. Daniel Padilla, Libro de Actas del Congreso Internacional Beato Manuel González, Ávila 2015, pp. 171-172).

En ella afirmaba que «con relación a la enseñanza y a la catequesis, D. Manuel nos ofrece un pensamiento muy rico. A través de esos textos se expresa la urgencia por la educación humana y cristiana, especialmente de los niños. Partiendo el pan a los pequeñuelos es una recopilación de los artículos escritos sobre catequesis en la revista El Granito de Arena. El libro es fruto de la experiencia catequística de don Manuel quien, con ejemplos y observaciones, muestra lo que es la catequesis de niños. Toda la obra tiene también un fin eucarístico: por el conocimiento del catecismo, desea llevar a los niños a querer a Jesús, presente en el Sagrario.

Partir el pan a los pequeños
Con el título «De mi Catecismo» dedicaba don Manuel una sección a la catequesis de niños en la revista El Granito de Arena. Muchos de aquellos artículos luego fueron recopilados en el libro Partiendo el pan a los pequeñuelos, que tiene como subtítulo: «modos de llevar a los niños al conocimiento, amor e imitación del Corazón de Jesús que vive en el Sagrario». En esta presentación nos propone todo un programa de formación eucarística, que brota como respuesta a las palabras de Jesús en el Evangelio: «Dejad que los niños se acerquen a mí» (Mc 10, 14). Estos artículos no son meras teorías o ideas abstractas de don Manuel, sino que surgen de sus encuentros cotidianos con los niños, de sus diálogos, de sus ingeniosas ocurrencias, en contextos concretos.
En sus relatos vemos su esfuerzo constante por partir el pan de la doctrina cristiana en pequeñas partículas, de modo que llegue a todos. ¡Que nadie se quede sin el alimento del Pan y la Palabra de la vida! ¡Que nadie se quede sin Jesús!
Así, tanto el autor como sus pequeños amigos, con mucha chispa y alegría, nos transmiten una fe luminosa y sencilla, abierta a la presencia de Dios que viene a nuestro encuentro en el día a día. Y de manera privilegiada, este encuentro se realiza en la Eucaristía. «Para que en la catequesis se realice el encuentro dichoso y el reconocimiento mutuo de Jesús y sus niños, el resorte maravilloso, el secreto de los secretos, la vara mágica que lo produce es la eucaristización del catecismo» (p. 217). «¡Qué bien le sientan al Sagrario las visitas de los niños y qué bien les sienta a éstos el roce con aquél!» (p. 245). «¡Quiera el Amo bendito que estos modos míos despierten y sugieran… dar pan partido de catecismo que produzca en los alimentados aumentos incesantes de conocimiento, amor e imitación del Amigo que tienen los niños en el Sagrario!» («Prólogo», p. XIX).

Nada sin la Eucaristía
En su estructura, luego de las palabras preliminares de cada edición y el prólogo, el libro consta de seis capítulos: 1. El principio («La catequesis es el catequista»); los tres capítulos siguientes son la explicación de tres refranes: 2. «Nadie da lo que no tiene», 3. «No hay que pedir peras al olmo» y 4. «Ojos que no ven, corazón que no quiebran»; el capítulo 5 se titula «El gran secreto», y finalmente, el capítulo 6, «Propósitos».
Con este simpático texto se anunciaba la aparición del libro en las páginas de El Granito de 1923: «Ya salió! El libro tantas veces y de tantas maneras pedido a nuestro Sr. Obispo por párrocos, catequistas, maestros y personas de celo, ¡ya salió! Partiendo el pan a los pequeñuelos. En el que se enseñan modos y se meten ganas de llevar a los niños al conocimiento, amor e imitación del Corazón de Jesús que vive en el Sagrario, por medio del catecismo bien enseñado, digerido, asimilado y convertido en vida y carácter. Es un libro de primorosa portada y de 280 páginas vivas, amenas, que enseñan y deleitan, hacen llorar y reír, abre extensos horizontes al celo y empuja y mete ganas al más desalentado y desabrido. Con el fin de que corra de mano en mano y pueda ser adquirido por muchos se vende al precio de 1 peseta. En la Administración del Granito de Arena Málaga y librerías católicas» (El Granito de Arena, 20/12/1923, p. 741).
Agotada la primera edición siguieron otras, hasta llegar a ocho (1923, 1924, 1931, 1933, 1937, 1946, 1956 y 1964). Hasta la quinta edición, don Manuel agrega en cada una de ellas unas palabras preliminares. Estas breves introducciones muestran también la persecución sufrida, ya que relata cómo muchos ejemplares de varias de sus ediciones fueron incendiados, y cómo él mismo padeció el destierro y la incomprensión de los suyos. Así lo narra, con dolor y arraigada esperanza, alejado de su diócesis, desde Gibraltar (noviembre 1931) y Madrid (1933). Pero los sufrimientos y las dificultades no le borran a don Manuel su apacible sonrisa y su creatividad pastoral. Se dice de él que fue un catequista vitalicio y también, de por vida, maestro de catequistas. De sus primeros años sacerdotales data el anecdotario catequético más rico y chispeante que se conozca. Toda su vida estuvo centrada en Cristo Eucaristía, y eso se trasluce también en este ámbito pastoral. En pocas palabras, «nada sin la Eucaristía» sería el centro del pensamiento y de la acción catequética de nuestro autor.

Catequizar es…
Como resumen del libro, don Manuel define lo que es catequizar: «catequizar es enseñar gradualmente la letra del catecismo, viviendo su espíritu y haciéndolo vivir, con gracia sobrenatural y natural, de estos cuatro modos: orando y haciendo orar; narrando y haciendo narrar; representando y haciendo representar; y practicando por la piedad y la liturgia y haciendo practicar» (pp. 280-281). El apartado con el que finaliza dichas páginas es una cita del Cardenal Mercier con la que nuestro autor expresa su gran deseo: «Os declaro, hermanos míos, que compareceré, lleno de confianza, delante del Juez supremo para darle cuenta de mi episcopado si logro que en cada parroquia de la Diócesis se diga una Misa con participación frecuente o cotidiana de niños pequeñitos a la Santa Comunión…» (p. 281). Con este anhelo don Manuel, a ejemplo de Jesús, Buen Maestro y Pastor, trabajó incansablemente durante toda su vida para acercar a todos, y de modo especial a los niños, a Jesús Eucaristía: en las familias, en las parroquias, en las escuelas. Que el testimonio de san Manuel, catequista y maestro de catequistas, nos aliente y acompañe en la labor que a cada uno hoy se nos encomienda, para que nadie se quede sin conocer la buena noticia del Emmanuel, el Dios con nosotros.

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
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