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Cordialmente, una carta para ti (septiembre 2017)

30 septiembre 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de septiembre de 2017.

EUCARISTÍA: Sacramento de la memoria

Estimado lector: Hace ya tiempo un buen amigo mío, al que me unía una gran confianza, me hizo una pregunta que me dejó pensativo. Después de haber oído Misa los dos juntos, y ya paseando por la calle, me dijo: «Contéstame con sinceridad, ¿por qué has comulgado?, ¿cuál es la principal razón por la que te has acercado a la Eucaristía?».


La verdad es que me quedé un tanto desconcertado, porque no me esperaba tal pregunta. Después de recapacitar un momento, le contesté: «Mira, es difícil responder a tu pregunta porque son muchas las razones por las que me acerco a la Eucaristía, pero hay una razón principal. Yo soy de los que tiene muy presente aquella petición que Cristo nos hizo durante la última Cena: “Haced esto en memoria mía”. Sí, amigo mío, me acerco a comulgar por muchas razones, pero esta es la más importante».

Recordé ahora aquella lejana conversación, apreciado lector, porque en la pasada festividad del Corpus Christi el papa Francisco llamó a la Eucaristía «el sacramento de la memoria». Lo dijo en la homilía de la Misa oficiada en el atrio de la Basílica de San Juan de Letrán. Señaló que en la solemnidad del Corpus Christi aparece una y otra vez el tema de la memoria. Hizo alusión a varias citas del Antiguo Testamento, pero destacó aquellas divinas palabras de la última Cena: «Haced esto en memoria mía» (1Cor 11,24; Lc 22,19). Y añadió: «La Eucaristía es el sacramento de la memoria que nos recuerda, de manera real y tangible, la historia del amor de Dios por nosotros».

La Eucaristía es recuerdo, es memoria. Y como dijo el papa, la memoria es una facultad importante porque nos permite permanecer en el amor de Dios, nos permite no olvidar que Él nos ama y que, por tal motivo, nosotros estamos llamados a amar. La Eucaristía, pues, nos recuerda el amor que Dios siente por nosotros, pero también nos recuerda que nosotros debemos amar. Amar a Dios y al prójimo por amor de Dios. ¡Qué valioso es el mensaje que encierra la Eucaristía! ¡Qué gran mensaje de amor y de entrega!

Memoria viva
A continuación, el santo padre hizo una bonita referencia a la Eucaristía, memoria viva de Jesús. Dijo: «En la Eucaristía está todo el gusto de las palabras y de los gestos de Jesús, el sabor de la Pascua, la fragancia de su Espíritu. Recibiéndola, se imprime en nuestro corazón la certeza de ser amados por Él». ¿Quién podrá negar la trascendencia que tiene el dar cumplimiento al deseo de Cristo: «Haced esto en memoria mía»? Cumpliendo su petición, atendiendo a su ruego, tendremos la certeza absoluta, estimado lector, de que seremos amados por Él. Y no cabe la menor duda de que quien se siente amado por Jesús tendrá las fuerzas necesarias para superar las dificultades del camino, porque sabe que no se encuentra solo, porque sabe que, en medio de todas las adversidades que puedan surgir, Él está a su lado. ¡Qué valioso regalo nos hizo el Señor al haberse quedado con nosotros en la Eucaristía!

Por último, concluyó su homilía el pontífice poniendo de manifiesto un aspecto muy importante de la Eucaristía: es el sacramento de la unidad. En efecto, si de una parte la Eucaristía es el sacramento que nos recuerda el amor que Dios siente por nosotros, de otra parte es el sacramento que nos recuerda la unidad que existe entre todos nosotros. Los seguidores de Cristo no estamos separados unos de otros, sino que formamos un solo cuerpo: «La Eucaristía –dijo– nos recuerda además que no somos individuos, sino un cuerpo. Como el pueblo en el desierto recogía el maná caído del cielo y lo compartía en familia (cf. Ex 16), así Jesús, Pan del cielo, nos convoca para recibirlo, recibirlo juntos y compartirlo entre nosotros. La Eucaristía no es un sacramento para mí, sino que es el sacramento de muchos que forman un solo cuerpo, el santo pueblo fiel de Dios». Vemos que la Eucaristía entraña unidad.

Y aún añadió el papa una expresión que bien merece una mención aparte: «La Eucaristía es el sacramento de la unidad. Quien la recibe se convierte necesariamente en artífice de unidad, porque nace en él, en su ADN espiritual, la construcción de la unidad». Palabras que requieren una seria reflexión.

Con el deseo de que hayas disfrutado, amigo lector, de un verano feliz y recuperador te saluda cordialmente,

Manuel Ángel Puga
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