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El Evangelio a la lámpara del Sagrario (octubre 2017)

17 octubre 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de octubre de 2017.

«Corazón de mi Jesús, paga, paga Tú»

Al comenzar un nuevo curso pastoral el devenir del ciclo litúrgico nos vuelve a ayudar a vivir nuestro carisma eucarístico reparador con renovado entusiasmo. Las fiestas de la Exaltación de la Santa Cruz y la Virgen de los Dolores nos recuerdan que estamos llamados a reproducir en nuestra vida y en el seno de la comunidad aquello que María y Juan experimentaron al pie de la cruz.

Hace justo un año teníamos los ojos puestos en Roma. Un gran día nos esperaba. El 16 de octubre de 2016 es una fecha que tenemos en el corazón. No todos pudieron viajar a la ciudad eterna, pero sí que todos los miembros de la Familia Eucarística Reparadora participamos con enorme entusiasmo de la canonización del apóstol de la Eucaristía y nos unimos espiritualmente.

Un año después os invito a recordar, es decir, a volver a traer al corazón aquella experiencia que, a buen seguro, ha marcado nuestra vivencia del carisma que hemos recibido a través de san Manuel González.

Eclesialidad e imitación
Recordar supone revivir algo en lo que hemos participado en primera persona. Algo que nos ha marcado y que por eso lo guardamos en nuestro interior. La memoria es muy selectiva y hay muchas cosas que se nos van olvidando con el paso del tiempo, pero hay otras que, lejos de borrarse, se van posando más en nuestra experiencia vital. La canonización de don Manuel González es una de esas vivencias que al ser recordadas están llamadas a hacernos profundizar en los mismos sentimientos de gratitud, eclesialidad e imitación que en su día experimentamos.

Decimos que es de bien nacidos el ser agradecidos y para todos nosotros la santidad de Manuel González es un motivo para dar profundas gracias a Dios. En palabras del obispo del Sagrario abandonado, al dar gracias a Dios por permitirle realizar su sueño pastoral, es decir la construcción del seminario de Málaga, podemos dar gracias por la obra a la que el Señor nos ha llamado, una Obra de amor a Jesús Eucaristía: «Deuda ante todo de gratitud y de alabanza sin fin para con el Corazón Eucarístico de Jesús, porque todo lo dio Él, todo lo allanó, todo lo sostiene y dirige» (OO.CC. II, n. 1925). Acción de gracias al Señor que se transforma en compromiso perenne de perpetuar para siempre la misión encomendada: «Deuda de gratitud también perenne mía y de cuantos de esta obra se benefician y se beneficiarán» (OO.CC. II, n. 1925).

La canonización de don Manuel supuso para toda la Familia Eucarística Reparadora un baño de eclesialidad y de universalidad. Siempre nos viene muy bien salir de nuestra realidad, de nuestros grupos y entornos para descubrir que el horizonte de la misión y de la Iglesia es enorme y que va más allá de lo que nosotros podemos alcanzar. Esta visión de la grandeza de la fe nos hace estar abiertos y nos hace ser audaces sabiendo que muchos como nosotros están trabajando por la construcción del Reino.

Universalidad
La universalidad y eclesialidad de la canonización la visibilizamos en la figura del santo padre, el papa, pero no solamente en él, sino en todos los rostros, banderas, países, acentos e idiomas que hace un año llenaban la bella urbe romana. De alguna manera nosotros experimentamos en Roma lo mismo que experimentó nuestro padre, cuando recibió del papa san Pío X el «sí» para la Obra de las Marías: «Corazón de mi Jesús, paga, paga Tú, que ni tus Marías, ni yo sabemos pagar aquel sí de tu Vicario!» (OO.CC. I, n. 110).

Este sí recibido por san Manuel es el mismo sí que nosotros recibimos al ser testigos de la canonización. Un sí que nos invita a perpetuar con nuestra vida y misión lo que por gracia pudimos experimentar en la ciudad de las siete colinas. Participar de la santidad de la Iglesia pasa por imitar a aquellos que la Iglesia nos propone como modelos e intercesores. Imitar es reproducir en nuestro caminar los mismos sentimientos de los que por su plena configuración con Cristo son modelos de vida cristiana. Imitar a san Manuel es imitar lo que a él le cautivó, dar compañía al abandonado: «Yo no quiero ser más que el Obispo del Sagrario abandonado» (OO.CC. I, n. 120). Imitar a los santos es imitar a Jesús mismo, seguirle, amarle y darle a conocer: «Seguir o andar el camino de Jesucristo, y entrar por la puerta de Él, es imitarlo… Porque fuera de la imitación de Jesucristo, no hay imagen ni ejemplo perfecto que imitar, ni camino seguro que seguir, ni fuerza eficaz que ayude, ni autoridad que lo imponga» (OO.CC. I, n. 222).

Acción de gracias, universalidad e imitación, un modo de estar, un modo de ser, un modo de eucaristizar. Gracias Señor por san Manuel González, paga, paga Tú… Nosotros no sabemos…

Sergio Pérez Baena, Pbro.
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