Skip to content

Con mirada eucarística (octubre 2017)

26 octubre 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de octubre de 2017.

El rosario de Julita

Octubre, otoño. Las hojas de los árboles se han convertido en mariposas amarillas que bajan hasta el suelo la decadencia del calor. Anuncian lluvias y frío. También anuncian una suerte de oración entrañable y conocida. Octubre es el mes del Rosario, el mes de la Virgen del Rosario.

Y en esta melancolía contenida, llena de hechizos y zozobra, nos viene al recuerdo la imagen de Julita que provocan las cuentas desgastadas de un rosario, desvaídas de color, pero que huelen a aroma de dedos silenciosos y que tomamos fervorosamente entre las manos.

Venas de gracias
Julia decidió un día hacerse monja de clausura. En este tiempo de relatividad y laicismo pueden resultar un anacronismo los monasterios que acogen a hombres y mujeres que se han atrevido, cada cual a su manera, a dedicar su vida a Dios. Así puede observarse desde fuera, pero si el viajero se atreve a pasar al interior podrá comprobar que el convento es siempre fuente de sorpresa y novedad. Fuente del asombro que el ser humano necesita para encontrarse consigo y responder a sus porqués.

Julita tenía de todo lo que se puede tener en esta vida, según costumbre. Era guapa y elegante, vestía con dignidad, ocupaba un puesto relevante en la administración, dominaba las técnicas de comunicación más avanzadas, era admirada y considerada… tenía todo. Pero estaba chiflada por el Carmelo. Julita, la entrañable Julita, quiso llamarse Julia del Amor. Siempre el rosario termina en el amor de una cruz que une como una gargantilla.

Cuando un día le preguntamos por qué, ella nos respondió que era porque la necesitaban los demás, que había escogido el camino de la oración, de orar por los demás, porque las oraciones de las monjas de clausura son las venas por donde la gracia de Dios se derrama a los hombres.

Las cuentas de la alegría
Cuando la visitábamos en el convento, Julia del Amor estiraba de oreja a oreja una sonrisa interminable, serena, profunda. Sabíamos, y no precisamente por ella, que mucha gente se cercaba para consultarla, para explayarse, para dialogar, sencillamente para hablar de la soledad y la angustia propia del vivir que invade a la persona. Y junto a la sonrisa tenía la frase esperada, el consejo conveniente, con palabra sosegada, amena, dulce. Teresa tuvo con ella una larga e intensa correspondencia llena de cariño, por carta y después por correo electrónico. Teresa conoció a Julita cuando adolescente, cuando se juntaban en las tareas compartidas de las entonces llamadas Hermandades del Trabajo.

Si alguien cree que la clausura es algo alejado del mundo, que da la espalda a la vida, que abandona al semejante, se está equivocando de parte a parte. Jamás hemos visto a una monja de clausura más conocedora de la realidad, más atenta a los acontecimientos de dentro y de fuera, más comunicada con el entorno, más atenta a lo que le sucede a su prójimo. No nos extraña que personalidades importantes acudieran a su convento para encontrar alegría a sus penas, sosiego a sus preocupaciones, luz a su ceguera.

Porque Julia era la alegría personificada. Seguramente sacaba esa alegría casi alarmante de las cuentas del rosario que siempre llevaba consigo, que nos hacía rezar, y que recorría con sus dedos ahora dedicados a las labores del huerto y del bordado. Incluso cuando murió en brazos de Teresa, su cara no abandonó el semblante propio de la felicidad. La felicidad que, sin nada a cambio, intentaba dar a los demás.

Siempre desprenderse
Julia conocía perfectamente los escritos de santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz. El apego a un abanico, que es el ejemplo que ella ponía, es de igual naturaleza que el apego al bien más costoso y caro. Solo Dios basta. Todo es accesorio, cualquier pertenencia nos impide escuchar la verdadera voz del agua: Qué bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche. Hay que desprenderse hasta de las hojas, como hacen los árboles en este otoño en el que buscan la propia desnudez de sus ramas. Julia no tenía nada, solo el hábito que vestía y el rosario para rezar a la Virgen del Carmen.

Cuando salía del convento para ir al hospital, siempre pasaba por casa. En alguna ocasión hizo noche. Muy al final nos enteramos de la gravedad de su enfermedad. Amorosamente reservaba para ella su cruz. No en balde se había impuesto a sí misma el apellido «del Amor». Sus conversaciones eran enternecedoras, muy entretenidas, siempre con sustancia, preguntaba por todos, se ocupaba de todos. Se ocupaba de todos menos de ella.

La noche de su muerte fue muy especial. Estábamos con ella una monja acompañante, Teresa, Lucrecio y el conductor del féretro. Así nos presentamos en el convento, entramos en la zona de clausura, allí quedó Julita al pie de un altarcillo con su Sagrario reluciente. Nunca recibimos abrazos más sinceros. Los cánticos inundaban el espacio como si fuera una lluvia de chispas de colores. Es increíble que cupiera en tan poco espacio tanta paz, tanto sosiego, tanta ternura, tanta dicha, tanta gratitud. Y es que Julia del Amor no había muerto, había resucitado. Nunca vimos en tan poco sitio tantísima fe.

La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) había consumido su cuerpo con dolor, del que Julia no se quejó nunca. Al final comía, lo poco que comía, a través de una sonda y perdió toda posibilidad de comunicación. Pero nunca perdió la sonrisa. Junto a ella estaba igual que siempre el altar con su Sagrario. Todavía resuenan en nuestros oídos los cánticos armoniosos de alabanza a Dios.

Qué curioso, Julia del Amor, Julita, dejó por escrito su testamento en el que repartía sus posesiones: El hábito para una monja de su convento; el rosario para su amiga Teresa. Es el rosario que cuelga con su Cristo en la cabecera de nuestra cama.

Teresa y Lucrecio, matrimonio UNER
Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: