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¡NUEVA SECCIÓN!: Historias de familia (noviembre 2017)

16 noviembre 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de noviembre de 2017.

Las 30.000 Marías de Santander

Situémonos por un momento en el año 1911. A los católicos españoles del s. XXI puede parecernos que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero la celebración aquel año en Madrid del que sería el XXII Congreso Eucarístico Internacional no estuvo exento de tensiones y de polémicas.


El gobierno de Canalejas intentaba entonces poner en marcha una ley que impediría el establecimiento en España de nuevas congregaciones religiosas, una ley que entendió necesaria en tanto que en nuestro país se refugiaban entonces muchas de las congregaciones francesas que huían de la ley de separación promulgada en Francia en 1905.

Sin embargo, el rey Alfonso XIII desafió el mandato del Jefe de Gobierno y finalmente apareció en la Iglesia de San Francisco el Grande en el momento de la clausura del Congreso Eucarístico, una acción esta del monarca que fue muy comentada y criticada por la prensa. La Sede de Pedro la ocupaba el papa Pío X, el papa eucarístico como se le conoció y como en ocasiones le llamó san Manuel González.

El papa eucarístico
Pío X había promulgado en 1905, tras las consideraciones de la Sagrada Congregación del Concilio, el decreto Sacra Tridentina Synodus por el que se facilitaba la Comunión diaria de todos los fieles. Hasta entonces había habido en la Iglesia muchas restricciones para recibir la Eucaristía, hasta el punto de que no era para nada habitual recibirla con frecuencia. Este mismo pontífice, mediante el decreto Quam singulari el 8 de agosto de 1910, estableció la edad del uso de razón, los siete años, como la suficiente para recibir la Comunión. L’Osservatore Romano al rememorar en su número del 8 de agosto de 2010 el centenario de este decreto hablaba de una verdadera «revolución eucarística», esta que puso en marcha san Pío X.

Roma y Huelva no están cerca, sin embargo, la gracia del Espíritu hizo que un buen párroco que había comprobado el abandono de la Eucaristía y también la acción benefactora del sacramento en los fieles, promoviera, a la vez que lo hacían las disposiciones de las Congregaciones romanas promulgadas por el pontífice, la devoción por la Eucaristía buscando en los pueblos españoles el remedio a su abandono.

Todas estas circunstancias se viven el aquellos meses de 1911, en los que se prepara en Madrid el Congreso Eucarístico, en el que se estrenará un cántico todavía hoy muy popular: Cantemos al amor de los amores; en el que los seises de la catedral de Sevilla estuvieron ante el Santísimo, pero en la plaza de Cibeles y no en el patio de la Armería del Palacio Real, tal como lo anunciaba la prensa (cf. ABC, 17 de junio de 1911). Don Manuel Siurot escribiría para el Congreso tres Memorias que publicará en El Granito sobre la Comunión frecuente y la Comunión de los niños. Don Manuel González no faltó a este acontecimiento: «El Granito de Arena, representado por su Director, su Redacción y su Administración en pleno, también va a Madrid, a ver, a oír, a hablar, a aplaudir, a aprender, a alegrase, a echar remiendos de alientos e inspiraciones a su vida y a tomar inhalaciones de buenos ejemplos y de optimismos saludables» (El Granito de Arena, n. 87, 20/06/1911, p. 1). Sospechamos cierta guasa andaluza en este anuncio, pues ¿quién era el director, la redacción y la administración de El Granito sino él mismo?

Las Marías en Santander
Pues bien, en aquel momento, en 1911, la iniciativa del arcipreste de Huelva se extenderá hacia la otra punta de España, y la Obra de las Marías de los Sagrarios pondrá en marcha su acción reparadora en una provincia muy alejada de Huelva, Santander, donde encontró un arraigo muy especial. Serían muchas las almas piadosas y los buenos sacerdotes montañeses que siguieran la cadena de acompañamiento a Jesús sacramentado. Don Anselmo Bracho había sido profesor del seminario de Sevilla, donde tuvo un alumno brillante, piadoso y con una «ardiente devoción a la Sagrada Eucaristía y a la Inmaculada», Manuel González.

Don Anselmo sería después párroco en varios pueblos montañeses. Este sacerdote, preocupado también por la cuestión social y por la educación, será el encargado de poner en marcha la Obra de las Marías en Puente Viesgo, precisamente en los meses anteriores a la celebración del XXII Congreso Eucarístico Internacional. Una carta al director de El Granito de Arena, que se publicaba en esta revista (cf. 5/8/1911, pp. 8-11) firmada por una de aquellas primeras Marías santanderinas, nos da detalles de cómo don Anselmo se dio cuenta de la necesidad de establecer en aquella provincia esta Obra y cómo poco después el arcipreste de Huelva, aprovechando su viaje al Congreso de Madrid, se desplazaría hasta Santander donde, además de dar alguna conferencia sobre la acción social cristiana (El Granito de Arena, n. 89, 20/7/1911, pp. 7-11), celebraría la función inaugural de la Obra de las Marías en la Iglesia de San Francisco el 9 de julio de 1911, pocos meses después de que hubieran recibido, el 11 de abril de 1911, el plácet para su constitución del obispo de Santander, D. Vicente Santiago Sánchez de Castro.

En los anales de la historia
Precisamente del libro de Santiago Díez Llama, La situación socio-religiosa de Santander y el obispo Sánchez de Castro (1844-1920), he podido extraer datos de interés para abordar este tema. Por ejemplo, a través de esta obra he tenido noticia de un acto multitudinario organizado por las Marías de Santander ha hecho ahora justo un siglo, en octubre de 1917 y en el que participó el Sr. obispo de la diócesis. Estando la Guerra Mundial en aquel momento en plena efervescencia y habiendo solicitado el santo padre oraciones con el fin de que esta cesara, las Marías de Santander organizaron una peregrinación al Santuario de Soto en Iruz que tuvo muchos seguidores, hasta allí se dirigieron pidiendo paz para esa Europa en guerra. En El Granito quedó constancia de ello (El Granito de Arena, n. 243, 5/11/1917, p. 491).

Pues bien, en el texto publicado en El Granito dando cuenta del establecimiento en Santander de la Obra, se menciona una particularidad con la que nacen las Marías montañesas, la intención de constituir coros de diez personas con la finalidad de obtener fondos para arreglar los muchos Sagrarios abandonados de aquella región. En este punto se menciona la cifra de 3.000 miembros, toda vez que cada una de las 300 que se habían asociado iba a conseguir formar un coro de otras diez.

Aquella optimista María que escribía la nota para El Granito, no tenía duda de que era una cifra que podría alcanzar en poco tiempo. ¿Trescientas, tres mil…? Seguramente en aquel momento no tenía demasiada importancia, pero lo cierto es que antes de concluir su visita a Santander y tal como el mismo D. Manuel siendo ya obispo, recordará en 1919, el arcipreste de Huelva prometió a aquellas mujeres volver a visitar la ciudad cuando, añadiendo dos ceros a la cifra de 300, las Marías de los Sagrarios llegasen allí a ser 30.000.

La cifra se alcanzó y aquellas Marías solicitaron al ya entonces obispo de Olimpo el cumplimiento de la promesa, sin dudar de que D. Manuel acudiría. Enseguida comenzaron a preparar una Velada–Asamblea que conmemorase el haber llegado a ese número tras solo ocho años desde su establecimiento en Santander. «La fiesta de las 30.000 o historia de dos ceros», se llamará la reseña que D. Manuel escribirá narrando todas estas circunstancias y dando a los lectores «la razón de un título un tantico raro» (El Granito de Arena, n. 287, 5/9/1919, p. 389). Como queriendo restar importancia a aquel acontecimiento, la crónica en El Granito de esta Velada de las 30.000 no fue demasiado extensa, pero la imprenta de La Propaganda Católica editaría un opúsculo que narra los actos que tuvieron lugar en aquella fiesta conmemorativa cuyo tema central fue, como no podía ser otro, la Eucaristía. El Diario Montañés también se hacía eco de esta reunión en la portada de su edición del día 21 de septiembre de 1919, donde narra los pormenores de las intervenciones y de los actos que tuvieron lugar.

El boletín de la Obra en Santander
Las Marías de los Sagrarios santanderinas tuvieron desde su establecimiento un boletín muy activo y en el que se da cuenta del número de miembros de la Obra y de las actividades que fueron desarrollando. Eran 17.643 Marías al finalizar 1915, y 25.386 al acabar 1918. La última estadística que nos proporciona Dña. Pura Rubayo Serna, era de agosto de 1919 y se sumaban entonces 29.127 Marías, con 311 Discípulos de San Juan. Rozaban las 30.000 y se habían extendido por 352 pueblos. Los coros habían recaudado más de 100.000 pesetas invertidas en reparar objetos de culto. D. Manuel no podía dejar de visitarlas y de ser consecuente con aquella promesa. Debía también agradecimiento a aquel querido profesor del Seminario, D. Anselmo Bracho, al que llamará en su crónica «meteganas de buenas obras», que dirigiría a las Marías de Santander durante 35 años, hasta su muerte en 1946.

Ilustres personalidades participaron en aquellas jornadas en septiembre de 1919, personas vinculadas con la acción social católica como D. Rafael de la Vega Lamera, que años después sería alcalde de Santander, o D. Santiago Fuentes Pilas, abogado, que sería diputado a Cortes durante la II República; sacerdotes que compusieron algunas poesías para la ocasión, sin olvidar el testimonio de Joaquina Arce Rueda, María de los Sagrarios delegada de Corvera.

¿Y cuál fue el mensaje de D. Manuel a aquellas entusiastas y eficaces hijas que con tanto celo habían sabido desagraviar el abandono de los Sagrarios de las tierras Montañesas? Seguramente, arrepentido quizás por haberles puesto un número como meta, les señaló ahora otro reto más profundo y quizás más difícil de alcanzar. Les dijo: «a mí no me importaría ya que dejarais de “crecer hacia fuera”; aunque en esto de buscar compañía al Divino Abandonado no se puede decir nunca basta, á El y á sus Sagrarios y á vosotras, tendría más cuenta que os dedicarais á “crecer hacia dentro” ¿Me explico? Crecer hacia dentro es comulgar más y con fervor creciente, es visitar más y con sentimientos de compasión cada vez más hondos, es perfumar más el Sagrario propio con aromas de virtudes eucarísticas y ejemplos de vida cristiana, es ahorrar pecados propios, aun los más leves, para desagraviar mejor los ajenos, es desalentarse y quejarse y aburrirse menos ante el poco ó ningún fruto, ante los malos caminos, las malas caras y todas las cosas malas que se oponen a vuestro oficio, en una palabra ser “sólo” y “siempre” y “en todo, esto: Una María”. O mejor aun: “UNA MARÍA”».

Aurora Mª López Medina

¡Una nueva sección!
Son muchas las pequeñas anécdotas que conocemos de la vida de san Manuel González. Como en cualquier familia, en la Familia Eucarística Reparadora se cuentan y repiten historias que con frecuencia ya hemos oído pero que nos sugieren cada vez que las escuchamos una sonrisa, un recuerdo, un pensamiento…
El archivo de la revista El Granito de Arena guarda entre sus carpetas muchos testimonios que nos acercan a estas pequeñas anécdotas que gracias a estos fondos podemos ahora documentar para colocarlas en un momento histórico determinado, reunirlas en torno a un tema, etc.
La finalidad de esta sección no es otra que la de aprovechar todos estos materiales no solo para recomponer la historia de las diversas ramas de la FER sino también para ayudar a sus miembros y a quienes se acercan a ella, en suma a los lectores de El Granito, a profundizar sobre el carisma de las iniciativas que san Manuel puso en marcha, siempre con la misma intención, la que condujo toda su vida desde febrero de 1902 en Palomares del Río: poner a la Eucaristía en el centro de la vida de todos los cristianos.

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