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Palabras de santo (noviembre 2017). El Corazón de Jesús al corazón del sacerdote

4 diciembre 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de octubre de 2017.

Compartir con Jesús penas y alegrías sacerdotales

San Manuel vivió con profunda alegría y gratitud el don de la vocación sacerdotal, y una de las notas características de su ministerio es que no se guardó para sí este tesoro, sino que buscó incansablemente anunciarlo, promoverlo y colaborar para que otros jóvenes puedan descubrir este regalo de Dios. Ver en Google Books, El Corazón de Jesús al corazón del sacerdote (5ª edición, 1939).


Siempre se preocupó por acompañar, ayudar y sostener tanto a los seminaristas durante su tiempo de formación como a sus hermanos sacerdotes. Uno de los medios fue su pluma, y con ella les dedicó diversos artículos y publicaciones.

Escritos de espiritualidad sacerdotal
En la sección «Desde el Sagrario» de la revista El Granito de Arena, a finales del año 1917, san Manuel comienza a publicar algunas reflexiones de espiritualidad sacerdotal con el título «El Corazón de Jesús al corazón del sacerdote». Luego se reunieron en un folleto, publicado en 1925, que tuvo diez reediciones. En 1931 se unió al libro Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario. Actualmente se ha hecho una nueva edición del folleto por separado (2015), a fin de facilitar su uso, y con el mismo fin que se había propuesto don Manuel: que sus reflexiones puedan ayudar a los sacerdotes a vivir, como sugiere el subtítulo: «Ratos de Sagrario en tiempo de retiro». Esta es la oración que propone para iniciar cada uno de esos momentos: «Corazón de Jesús Sacramentado: Con mucha pena de ser como soy y con muchas ganas de ser como Tú quieres que sea, vengo a tener contigo este rato de conversación afectuosa para tu mayor gloria, honor de mi Madre Inmaculada y provecho de mi alma. Ángel de mi Guarda y san José: Enseñadme a oír y a hablar a Jesús» (OO.CC. I, n. 560).

Al año siguiente de su publicación, aparece una estadística de los libros vendidos durante 1925, y la cantidad mencionada para este folleto es de 20.000 (El Granito de Arena, 5/6/1926, p. 343), por lo que vemos su amplia y rápida difusión.

También encontramos en El Granito un comentario que realiza la Revista Eucarística (de los Padres del Santísimo Sacramento) acerca de este folleto: «Son diez conversaciones sentidas y afectuosas entre el Corazón de Jesús Sacramentado y el corazón del sacerdote. Coloquios eminentemente eucarísticos: “Los diez, doce o catorce años de Seminario, ¿qué otro fin tenían sino enseñar por todos los medios y modos ese saber y sabor de lo que es mi Sagrario?” Coloquios también muy prácticos. Véase por ejemplo este trocito final: “Sacerdote amigo, ¿quieres triunfos para Mí y para ti? Aprende y toma fuerzas en el Altar de tu Misa para ser sacerdote en cruz y conseguirás que la Iglesia, las almas y el ángel de tu Guarda cuenten tu vida a mi Padre celestial cantando: Regnavit a ligno…” Tiene el venerable autor de este opúsculo el don de hacer saltar chispas finas, ardientes y originales del pedernal de un texto evangélico corriente» (El Granito de Arena, 5/12/1925, p. 731).

Un método de oración
Don Manuel, que como el discípulo amado se ha acercado tantas veces al Corazón sacerdotal de Cristo y conoce sus latidos, toma la pluma para transmitir esas experiencias a sus hermanos sacerdotes, quienes, como él, necesitan también encontrarse con su Maestro para compartir tanto las penas y alegrías como los anhelos y las dificultades que encuentran en el camino de su ministerio. Lo hace con el don de la escritura, que gratuitamente ha recibido y no duda en poner gratuitamente al servicio de sus hermanos.

El punto de partida para sus reflexiones es el Evangelio. De allí selecciona algunos versículos, frases o palabras que puedan iluminar, fortalecer, animar al orante, su vocación y misión. En este pequeño libro los temas que elige son el conocimiento, la amistad y el seguimiento del Señor; la fe, la disponibilidad y la confianza en su proyecto; la aceptación de la cruz y la esperanza en la resurrección. Para finalizar el momento de oración, el autor propone responder a las gracias recibidas con la meditación de un salmo. En estas reflexiones sugiere la lectura orante de los salmos 1-4, 18, 30, 41, 83, 109 y 112. El modo o método de oración que propone don Manuel se basa por tanto en la Palabra de Dios, pero sin olvidarnos de otra dimensión esencial de su espiritualidad: la Eucaristía. Es decir, son textos escritos en presencia de Jesús Sacramentado, a la luz de la lámpara del Sagrario, y de esta misma manera se espera que sean meditados: «¿Quieres, sacerdote mío, que echemos un rato de conversación aquí en mi Sagrario? De Corazón a corazón. ¡Nos hace tanta falta a los dos ese rato! A ti, para fortalecerte, orientarte y hacerte más bueno; a Mí, para endulzar mis horas de abandono, para gozarme en hacerte bien y por ti a muchos hijos tuyos y míos, y a los dos para desahogarnos y consolarnos mutuamente…» (OO.CC. I, n. 561).

Traducción al italiano
En la versión italiana (Edizioni Il tesoro eucaristico, Siena 1996), este folleto se incorporó al libro Lui ama così (Así ama Él). Con este título se integraron los dos textos de don Manuel relacionados por un tema central: el Corazón de Jesús; Il Cuore di Gesù nel Vangelo e nell’Eucaristia (Así ama Él) e Il Cuore di Gesù al cuore del sacerdote (El Corazón de Jesús al corazón del sacerdote). La traducción al italiano fue realizada en base al texto español de la VII edición (Palencia, 1959) por las monjas Benedictinas de la Abadía de Santa María de Rosano, que se encuentra en la provincia italiana de Florencia. En su portada se aprecia «El lavatorio de los pies» de Aleardo Paolucci. El libro forma parte de una colección de Cuadernos de Espiritualidad Eucarística (es el número 54), preparada por los religiosos Franciscanos Menores Conventuales, custodios del Santuario de las Sagradas Partículas de Siena, donde se realizó y aún hoy puede contemplarse un milagro eucarístico.

Haremos un paréntesis para comentar este milagro, citando un artículo publicado en El Granito de Arena de 1984: «El milagro eucarístico permanente de Siena se manifiesta en la prodigiosa conservación contra toda ley física, química o biológica de 223 hostias frágiles, consagradas el 14 de agosto de 1730 en la basílica de San Francisco de Siena y en la misma noche, sacrílegamente profanadas por ladrones desconocidos, ávidos del sagrado vaso de plata que las guardaba. Gracias a la diligentísima búsqueda realizada por las autoridades religiosas y civiles, las sagradas Partículas fueron encontradas, casualmente, la mañana del 17 de agosto en el vecino santuario de Santa María de Provenzano (…) El milagro eucarístico permanente de Siena, para el cual el tiempo se ha parado, ofrece a todos desde el más escéptico al más distraído la posibilidad de ver con los propios ojos y de tocar con las manos una de las más grandes maravillas de Cristo sobre la tierra, ante la cual la ciencia ha doblado la frente.

El milagro que continúa, suscita en todos los hijos de Dios un deseo más ardiente del Pan vivo bajado del Cielo y un mayor amor hacia Aquel que se ha hecho nuestro compañero de viaje hasta la consumación de los siglos: por el hombre, por la vida y por la salvación del mundo» (El Granito de Arena, octubre 1984, p. 27). Pensando en milagros, y también en palabras que le inspira el Jesús de su Sagrario, san Manuel escribe serenamente a los sacerdotes: «Detén tu pensamiento unos instantes ante ese milagro mío de engrandecimiento de lo chico (…) Cosa chica es una lágrima, una gota de sudor, una moneda de cinco céntimos, una crucecita de un minuto, un suspiro… ¡Chico es todo eso, es verdad! Pero si esa gota de lágrima es la que asoma a los ojos de alguien que me visita en mis soledades de Sagrario; si esa gota de sudor y esa palabra es del sacerdote apóstol, quizás de gentes que no quieren oírle; si esa moneda es la limosna callada de una pobre viuda; si esa crucecita es la cruz de la abnegación anónima o la pena silenciosamente sufrida del vencimiento interior de las almas en cruz, entonces ¡viene el milagro!, ¡la semilla mínima pasa a ser árbol grande! (…) Sacerdote mío, ¡a sembrar tu granito!, entre muchos o entre pocos, con éxito pronto, tardío o nulo! Lo demás… Yo» (OO.CC. I, nn. 595-596).

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
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