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Iglesia hoy (diciembre 2017)

12 diciembre 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de diciembre de 2017.

Adviento con María de Nazaret

En la liturgia de Adviento la virgen María destaca como figura principal sin ocultar al Señor que viene a nuestro encuentro a través de ella. Como todo el Año litúrgico, es un tiempo cristológico, pero particularmente envuelto por el manto mariano.

El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia nos indica cómo es la presencia de María de Nazaret durante este período: «Durante el tiempo de Adviento, la Liturgia celebra con frecuencia y de modo ejemplar a la virgen María: recuerda algunas mujeres de la Antigua Alianza, que eran figura y profecía de su misión; exalta la actitud de fe y de humildad con que María de Nazaret se adhirió, total e inmediatamente, al proyecto salvífico de Dios; subraya su presencia en los acontecimientos de gracia que precedieron el nacimiento del Salvador. También la piedad popular dedica, en el tiempo de Adviento, una atención particular a santa María; lo atestiguan de manera inequívoca diversos ejercicios de piedad, y sobre todo las novenas de la Inmaculada y de la Navidad» (n. 101).

«La solemnidad de la Inmaculada (8 de diciembre), profundamente sentida por los fieles, da lugar a muchas manifestaciones de piedad popular, cuya expresión principal es la novena de la Inmaculada. No hay duda de que el contenido de la fiesta de la Concepción purísima y sin mancha de María, en cuanto preparación fontal al nacimiento de Jesús, se armoniza bien con algunos temas principales del Adviento: nos remite a la larga espera mesiánica y recuerda profecías y símbolos del Antiguo Testamento. Se deberían destacar los textos proféticos que partiendo del vaticinio de Génesis 3,15, desembocan en el saludo de Gabriel a la «llena de gracia» (Lc 1,28) y en el anuncio del nacimiento del Salvador (cf. Lc 1,31-33).

Acompañada por múltiples manifestaciones populares, en el continente americano se celebra, al acercarse la Navidad, la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe (12 de diciembre), que acrecienta en buena medida la disposición para recibir al Salvador: María «unida íntimamente al nacimiento de la Iglesia en América, fue la Estrella radiante que iluminó el anunció de Cristo Salvador a los hijos de estos pueblos» (n. 102).

Sobriedad y solidaridad
«La piedad popular, a causa de su comprensión intuitiva del misterio cristiano, puede contribuir eficazmente a salvaguardar algunos de los valores del Adviento, amenazados por la costumbre de convertir la preparación a la Navidad en una operación comercial, llena de propuestas vacías, procedentes de una sociedad consumista.

La piedad popular percibe que no se puede celebrar el Nacimiento del Señor si no es en un clima de sobriedad y de sencillez alegre, y con una actitud de solidaridad para con los pobres y marginados; la espera del nacimiento del Salvador la hace sensible al valor de la vida y al deber de respetarla y protegerla desde su concepción; intuye también que no se puede celebrar con coherencia el nacimiento del que “salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21) sin un esfuerzo para eliminar de sí el mal, viviendo en la vigilante espera del que volverá al final de los tiempos» (n. 105).

Con toda la Iglesia
Cada año, el papa Francisco celebra solemnemente con toda la Iglesia las dos fiestas marianas más relevantes del tiempo de Adviento: la Inmaculada Concepción de la Virgen María y Nuestra Señora de Guadalupe.

El día 8 acude a la romana Plaza de España, donde se yergue la columna dedicada a la Inmaculada, y junto a miles de fieles dirige su plegaria a santa María virgen. El día 12, en el Vaticano, preside la Eucaristía con ocasión de la fiesta guadalupana. Evocamos a continuación su reflexión mariana del 12 de diciembre de 2016.

«Celebrar a María es, en primer lugar, hacer memoria de la Madre, hacer memoria de que no somos ni seremos nunca un pueblo huérfano. ¡Tenemos Madre! Y donde está la Madre hay siempre presencia y sabor a hogar. Donde está la Madre, los hermanos se podrán pelear pero siempre triunfará el sentido de unidad. Donde está la Madre, no faltará la lucha a favor de la fraternidad.

Siempre me ha impresionado ver, en distintos pueblos de América Latina, esas madres luchadoras que, a menudo ellas solas, logran sacar adelante a sus hijos. Así es María. Así es María con nosotros; somos sus hijos: Mujer luchadora frente a la sociedad de la desconfianza y de la ceguera, frente a la sociedad de la desidia y la dispersión. Mujer que lucha para potenciar la alegría del Evangelio; lucha para darle carne al Evangelio. Mirar la Guadalupana es recordar que la visita del Señor pasa siempre por medio de aquellos que logran hacer carne su Palabra, que buscan encarnar la vida de Dios en sus entrañas, volviéndose signos vivos de su misericordia.

Sentido de esperanza
Celebrar la memoria de María es afirmar contra todo pronóstico que “en el corazón y en la vida de nuestros pueblos late un fuerte sentido de esperanza, no obstante las condiciones de vida que parecen ofuscar toda esperanza” (Doc. de Aparecida, 536).

María, porque creyó, amó; porque es sierva del Señor y sierva de sus hermanos. Celebrar la memoria de María es celebrar que nosotros, al igual que ella, estamos invitados a salir e ir al encuentro de los demás con su misma mirada, con sus mismas entrañas de misericordia, con sus mismos gestos. Contemplarla es sentir la fuerte invitación a imitar su fe. Su presencia nos lleva a la reconciliación, dándonos fuerza para generar lazos en nuestra bendita tierra latinoamericana, diciéndole “sí” a la vida y “no” a todo tipo de indiferencia, de exclusión, de descarte de pueblos o personas.

No tengamos miedo de salir a mirar a los demás con su misma mirada. Una mirada que nos hace hermanos. Lo hacemos porque, al igual que Juan Diego, sabemos que aquí está nuestra Madre, sabemos que estamos bajo su sombra y su resguardo, que es la fuente de nuestra alegría, que estamos en el cruce de sus brazos (cf. Nicam Mopohua, 119: «¿No estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?» (papa Francisco, Homilía, 12/12/2016).

Ana Mª Fernández, m.e.n.
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