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La liturgia, encuentro con Cristo (diciembre 2017)

16 diciembre 2017

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de diciembre de 2017.

Orar con el prefacio V de Adviento: Un Salvador para los pobres

El papa Francisco en la Carta apostólica Misericordia et misera, clausurando el Año de la Misericordia, anunciaba la institución de una Jornada Mundial de los Pobres. Este día, penúltimo domingo del Año Litúrgico, sería «la preparación más adecuada para vivir la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el cual se ha identificado con los pequeños y los pobres, y nos juzgará a partir de las obras de misericordia» (cf. Mt 25).

Las antífonas mayores

  • 17 de diciembre: Oh, Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín, y ordenándolo todo con firmeza y suavidad: ¡Ven y muéstranos el camino de la salvación! (cf. Is 11, 2-3; Sab 8, 1; Pr 9, 1).
  • 18 de diciembre: Oh, Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley: ¡Ven a librarnos con el poder de tu brazo! (cf. Ex 3, 1-8 y 20, 1-20; Dt 26, 5-9).
  • 19 de diciembre: Oh, Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos; ante quien los reyes enmudecen, y cuyo auxilio imploran las naciones: ¡Ven a librarnos, no tardes más! (cf. Is 11, 1-4; 45, 23 y 52, 13; Lc 1, 32-33).
  • 20 de diciembre: Oh, Llave de David y cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar; cierras y nadie puede abrir: ¡Ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombras de muerte! (cf. Is 22, 22 y 42, 6-7; Lc 4, 17-19).
  • 21 de diciembre: Oh, Sol que naces de lo alto, Resplandor de la luz eterna y Sol de justicia: ¡Ven a iluminar a los que yacen en sombras de muerte! (cf. Mal 3, 20; Is 9, 1; Sal 107, 14).
  • 22 de diciembre: Oh, Rey de las naciones, Deseado de los pueblos y Piedra angular de la Iglesia. Tú, que haces de dos pueblos uno solo: ¡Ven y salva al hombre, que formaste del barro de la tierra! (cf. Is 28, 16; Gén 2, 7; Mt 21, 42; 1 Pe 2, 4-5).
  • 23 de diciembre: Oh, Emmanuel, Rey y Legislador nuestro, Esperanza de las naciones y Salvador de los pueblos: ¡Ven a salvarnos, Señor Dios nuestro! (cf. Is 7, 14; Mal 3, 1; Mt 1, 21-23).

Por su importancia, en el Oficio Divino se han dotado de antífonas propias los salmos de los días centrales del año litúrgico así como las ferias privilegiadas o los días comprendidos entre el 17 y el 24 de diciembre. En estas jornadas hacia la Navidad, el cántico evangélico del Oficio de Vísperas (Magnificat) posee unas peculiares antífonas.

Las ferias privilegiadas del tiempo de Adviento
Si en la primera parte del Adviento los textos litúrgicos apuntan principalmente hacia la segunda venida del Señor (espera escatológica), en las ferias del 17 al 24 de diciembre todo señala la inminencia de la Navidad desde una perspectiva histórico-profética: la celebración del nacimiento del Redentor acentúa la esperanza última de la Iglesia.

La vida litúrgica en España, ya desde el siglo IV, ha subrayado este tiempo de manera peculiar. Así, el concilio de Zaragoza (380) decretaba: «Ninguno falte a la iglesia en los días que hay entre el 17 de diciembre hasta la Epifanía» (c. 4). En el año 656, el concilio X de Toledo instituiría en nuestro país la solemnidad de Santa María, celebrada ocho días antes del Nacimiento del Señor, comenzando con sus Vísperas la tarde del 17 de diciembre. Es esta la gran fiesta mariana del Adviento en la Iglesia visigótica, que perdurará en la liturgia de los mozárabes (Ntra. Sra. de la O / Virgen de la Esperanza).

Las antífonas de las ferias mayores
Los siete días anteriores a Navidad se distinguen por unas características antífonas del Oficio vespertino denominadas «¡Oh!». Son textos que enmarcan el cántico Magnificat y que comienzan por la interjección que les ha dado el nombre. Se las ha calificado como «gritos ardientes» ante el Mesías esperado (1Cor 16, 22; Ap 22, 17. 20). Estas piezas están compuestas siguiendo un idéntico esquema:

  • a. La invocación al Señor Jesús designándole con un título mesiánico.
  • b. El desarrollo memorial del título en una frase bíblica veterotestamentaria.
  • c. La conclusión es un apremiante «¡Ven!» seguido de una petición concreta.

Diálogo de Dios con su pueblo en la celebración de la Iglesia
Estas antífonas, relacionadas directamente con el gran acontecimiento, presentan diversos títulos cristológicos –son los apelativos dados al Mesías por los profetas– acentuando aspectos de la misión divina del que ha de venir: «Sabiduría, Adonai y Pastor, Renuevo del tronco de Jesé, Llave de David y Cetro de la casa de Israel, Sol y Resplandor de la luz eterna, Rey de las naciones, Deseado de los pueblos y Piedra angular de la Iglesia, Enmanuel, Rey y legislador, Esperanza de las naciones y Salvador de los pueblos».

Las letras iniciales de estos títulos del Señor –en su lengua original latina: Emmanuel, Rex gentium, Oriens, Clavis David, Radix Iesse, Adonai, Sapientia– leídas desde los días 23 al 17, forman el acróstico ERO CRAS. Estas palabras (ero cras = estaré mañana) se interpretan como la respuesta del Mesías al ruego de los fieles que imploran insistentemente su venida (cf. Ap 22, 20).

A estas siete antífonas se añadió una antífona más para honrar a María (O Virgo virginum) el 18 de diciembre: «Oh, Virgen de vírgenes, ¿cómo ha de ser esto? / Ya que nunca antes hubo una como vos, ni la volverá a haber. / Hijas de Jerusalem, ¿por qué os maravilláis de mí? / Lo que vosotros admiráis es un misterio Divino».

Honorio de Autun intentó poner de manifiesto el aspecto pneumatológico de la presencia del Verbo en la realidad de nuestra carne; para ello, relacionó cada título mesiánico de las antífonas con uno de los siete dones del Espíritu Santo:

  • 17 de diciembre: O Sapientia (Oh Sabiduría); don de sabiduría.
  • 18 de diciembre: O Adonai (Oh Adonai); don de inteligencia.
  • 19 de diciembre: O Radix Jesse (Oh Raíz de Jesé); don de consejo.
  • 20 de diciembre: O Clavis David (Oh Llave de David); don de fortaleza.
  • 21 de diciembre: O Oriens (O Amanecer /Sol); don de ciencia.
  • 22 de diciembre: O Rex Gentium (Oh Rey de las naciones); don de piedad.
  • 23 de diciembre: O Emmanuel (Oh Emmanuel); don de temor divino.

De esta manera alabando al Padre, contemplamos al Señor Jesús y pedimos su Espíritu septiforme. En algunos monasterios, parroquias y catedrales, el canto de estas antífonas se acompaña de diversas costumbres populares y, sobre todo, de una particular solemnidad (entonación por ministros especiales, ofrenda del incienso, sonido de campanas, luminarias, ornamentos festivos, reiteración, etc…).

Expresividad celebrativa
Hoy, además, encontramos resumidos estos textos en la celebración de la Eucaristía de las ferias mayores, como aclamación al Evangelio de la Misa (cf. Leccionario de Adviento).

Las siete antífonas mayores proclaman con elocuencia y belleza la espera de la humanidad en la salvación de Dios. Navidad hace referencia a Pascua, el octavo día, en el que Dios cumplió las promesas al pueblo de Israel y colmó de manera insospechada la esperanza de los otros pueblos.

A través de ellas entramos en el espíritu de la liturgia de la Iglesia, que se dirige a su Esposo (cfr. Ap 22, 17) y en ella seguimos celebrando la venida del Señor: el recuerdo de su presencia dando cumplimiento a las profecías de Israel y su presencia continua en la Iglesia hasta que venga glorioso desde el cielo.

Manuel Glez. López-Corps, Pbro.
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