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El Evangelio a la lámpara del Sagrario (enero 2018)

8 enero 2018

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de enero de 2018.

Lección de silencio

En una publicación hecha en la red social Twitter el 23 de diciembre de 2013, el papa Francisco afirmó: «La Navidad suele ser una fiesta ruidosa: nos vendría bien estar un poco en silencio, para oír la voz del Amor». Este mensaje tan actual, en su forma y en su contenido, conviene rescatarlo pasadas las fiestas navideñas y pararnos a pensar si realmente hemos estado en silencio y si hemos oído la voz del Amor.


Solo si hemos estado en silencio podremos, ahora, ser testigos del gran acontecimiento ocurrido en Belén. Solo si hemos oído la voz del amor podremos anunciar y vivir nuestra fe dando razón de nuestra esperanza. Como nos dice san Juan: «Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó» (1 Jn 1,2).

Desde este reconocimiento del silencio como punto de partida para nuestra vida de testigos, os invito a comenzar el Tiempo Ordinario en el que la vida pública de Jesús se nos presenta como una gran oportunidad para seguirle e imitarle. Pero igualmente quiero que nos detengamos en la vida de Jesús oculto en Nazaret en donde se preparó, también desde el silencio, para su vida pública.

Nosotros, los miembros de la Familia Eucarística Reparadora, fieles a la finura del espíritu presente en la vida y ministerio de san Manuel González, hemos de buscar en todo reproducir la vida de Nazaret, que marcó a Jesús en los años previos a su ministerio público.

Necesitados de enseñanza
El silencio es una de las grandes lecciones que nos da Jesús en Belén pero también en Nazaret, y también en el Sagrario, lección de silencio de la que siempre estamos necesitados como afirmó Pablo VI en su visita a Nazaret en 1964: «Lección de silencio. Renazca en nosotros la valorización del silencio, de esta estupenda e indispensable condición del espíritu; en nosotros, aturdidos por tantos ruidos, tantos estrépitos, tantas voces de nuestra ruidosa e hipersensibilizada vida moderna. Silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento, la interioridad, la aptitud de prestar oídos a las buenas inspiraciones y palabras de los verdaderos maestros; enséñanos la necesidad y el valor de la preparación, del estudio, de la meditación, de la vida personal e interior, de la oración que Dios solo ve secretamente».

El silencio tan buscado por algunos, pero tan denostado por tantos en una sociedad ruidosa, es medio para hacer presente al Señor que ha nacido en Belén y que en Nazaret, viviendo una vida familiar y de trabajo, se prepara para la misión.

Como Marías y Discípulos de San Juan, que descubrimos en el silencio la presencia de Dios, podemos atraer a muchos haciendo que nuestro silencio hable, haciendo que nuestra compañía al Señor callado del Sagrario hable a la gente: «reparadores silenciosos de esos abandonos de que las gentes no se dan cuenta, ayudadme a descubrir ese mundo de tristezas sin consuelo del Sagrario, conocido a medias y a introducir en él a muchos, muchos cristianos» (OO.CC. I, n. 131).

Nuestra misión de eucaristizar al modo de don Manuel pasa por tomarnos en serio el bien que podemos hacer en nuestras parroquias o comunidades sabiendo estar en silencio ante el que permanece callado por nuestra salvación. Ese es nuestro ministerio y por ahí pasa nuestra vocación eucarística reparadora. Que nuestro silencio hable de Él, que nuestro silencio remita a Él, al que permanece en silencio por nuestra salvación: «¡Siempre Cordero y siempre callado! Ése es el Salvador en silencio» (OO.CC. I, n. 1455).

La escuela del Sagrario
El silencio es la mejor escuela para entrar en intimidad con Jesús, para hablar de Él y estar con Él callando, imitándole a Él que permanece callado en el Sagrario, en el silencio, pero hablando porque Él es el maestro del arte de hablar callando: «Un solo Maestro de ese arte ha conocido la historia de los hombres y ese Maestro se llama Jesús» (OO.CC. I, n. 1439).

Vayamos, por tanto, al Sagrario para aprender de Jesús, para estar en silencio, para prepararnos para la misión, como el mismo Jesús en Nazaret porque «¿os enteráis? En el Sagrario hay tiempo de hablar y tiempo de callar. Hablad cuanto queráis; pero después callad cuanto podáis; en silencio exterior e interior esperad; ya recibiréis la respuesta, ya oiréis» (OO.CC. I, n. 493). Vayamos al Sagrario y permanezcamos con Él, no tengamos prisa en hablar de Él ni en hacer cosas en su nombre, vayamos a Él, aprendamos la gran lección de silencio que nos da en Belén y en el Sagrario: «¡Está tan callado y tan quieto el Señor en el Sagrario que parece que en él no pide otro homenaje que el de nuestra adoración en silencio!» (OO.CC. I, n. 388).

Pidámosle a María que nos adentre en el misterio del silencio para ser más fieles testigos de su Hijo: «Madre Inmaculada, Tú que conservaste en tu corazón las palabras que oías de tu Jesús y que veneraste en profunda adoración los silencios de sus horas de sueño y de trabajo callado, enséñanos a amar, adorar y paladear el silencio de la Hostia» (OO.CC. I, n. 1451).

Sergio Pérez Baena, Pbro.
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