Skip to content

Historias de familia (enero 2018)

12 enero 2018

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de enero de 2018.

La piadosa calaverada de juventud
Peregrinación obrera a Roma 1894

En las primeras páginas de la biografía que escribiera Campos Giles, El Obispo del Sagrario Abandonado, se hace referencia al viaje que el joven seminarista Manuel González hizo a Roma allá por 1894. Fue una aventura que vivió a sus 17 años y que él mismo calificaría como una piadosa calaverada de su juventud. Varias veces volvería a Roma, pero seguramente los recuerdos de aquel primer viaje le arrancarían durante el resto de su vida no pocas sonrisas.

El periodo que va desde 1870 a 1929 resultó especialmente difícil para la Iglesia católica. La desaparición de hecho de los Estados Pontificios desde que las tropas del Rey Victor Manuel II ocuparan la ciudad de Roma y el Lacio, concluyendo con ello la reunificación italiana, había convertido al papa en un preso en el Vaticano. Y en efecto así fue, pues durante los casi cincuenta años de este periodo, los pontífices no saldrían nunca de este territorio. Esta situación, que se conoce en la historia contemporánea europea como «la cuestión romana», solo se solucionará en 1929, momento en el que, tras un pacto con el gobierno de Italia, se crearía el Estado Ciudad del Vaticano tal como actualmente lo conocemos.

Polémicas y discusiones
En los países católicos, como era el caso de España, este tema daba lugar a encendidas polémicas, pues mantener relación con la Santa Sede y con el Reino de Italia, mediando entre ellos este conflicto, era una cuestión diplomática delicada y no faltaban discusiones entre progresistas y conservadores en relación con las soluciones que se preveían en torno al futuro del Papado y su sede en Roma.

Las peregrinaciones que en este periodo se organizaron a Roma desde nuestro país suponían un apoyo popular a esos papas, Pío IX y León XIII, que vivieron en esta conflictiva e incómoda situación. Estas manifestaciones públicas de adhesión al santo padre no eran bien acogidas por muchos. Se realizarían en 1876, 1877, 1882 y esta que nos ocupa prevista para el 1893, pero que tuvo lugar en 1894. León XIII ha pasado a la historia como el papa de la cuestión social. Su encíclica Rerum Novarum es todo un hito en la historia social europea. Muchos empresarios de nuestro país así lo comprendieron y pusieron en marcha los postulados que en ella se presentaban. De ellos y de los obreros que conocieron las ideas de León XIII brotó un sentimiento de agradecimiento y el deseo de llevarlo ante el papa, a su «cárcel» del Vaticano. A la vista de la situación y de la finalidad de esta peregrinación, no es de extrañar que quienes no entendían (ni querían entender) la postura del papa en pro de la dignidad de los trabajadores, se mostraran muy molestos con esta peregrinación e hicieran lo posible por boicotearla.

Más que una travesura
Aunque con gracia don Manuel González siempre se referirá a su participación en este viaje como una pequeña travesura, hay muchos datos que nos pueden llevar a pensar que en aquellos días de peregrinación prendería en él su interés por la cuestión social que, junto con la Eucaristía y la catequesis, se convertirá en uno de los temas a los que más páginas dedicaría en sus escritos y horas en su labor de párroco y de obispo.

El pasaje en tercera clase desde Sevilla costaba 100 pesetas e incluía el viaje de ida y vuelta en ferrocarril desde cualquiera de las estaciones de la provincia al puerto de embarque, viaje por mar y manutención durante la travesía, ferrocarril de ida y vuelta desde Civita-Vecchia a Roma, hospedaje y manutención durante los cuatro días de estancia en Roma. Quizás sea interesante el dato del precio en primera clase que era de 302 pesetas. Como todos los andaluces, aquel joven Manuel González viajó en el vapor Buenos Aires, construido en 1887, con capacidad para 843 pasajeros, de los que 760 viajaban en sollados, o como diría Don Manuel, en la «tercerola del barco».

«El embarque de los peregrinos que hacen el viaje por mar tomado el vapor en Cádiz tendrá lugar el 8 de abril a las 8 de la noche. Los que deseen pasar la noche a bordo saldrán de Sevilla en el tren mixto el día 7 a las siete de la mañana embarcando aquella tarde. Los peregrinos ganarán indulgencia plenaria debiendo haber hecho durante nueve días el rezo de una tercera parte del Santo Rosario y oraciones por las intenciones de Su Santidad». Estos eran los anuncios que recogía en marzo de 1894 la Revista Católica que se editaba en Sevilla; al mismo tiempo que anunciaba que los peregrinos estaban dispensados de ayuno y abstinencia durante el viaje. En los números de febrero, marzo y abril de la Revista Católica he podido encontrar los datos de aquella expedición sevillana en la peregrinación obrera de 1894.

Puede pensarse que el viaje se habría preparado con mucha antelación, pero no fue así. Muchos peregrinos se inscribieron en los últimos días de marzo, y realmente la organización había empezado en febrero de aquel año. Se trataba de una idea nacida en el Congreso Eucarístico Nacional celebrado en Sevilla en 1892. No fue posible celebrarlo en mayo de 1893, como se había previsto, y solo tras el siguiente Congreso, celebrado en Valencia en noviembre de 1893, se puso en marcha el proyecto, es decir, la peregrinación obrera.

Inicio del viaje
Los sevillanos en la madrugada del 7 de abril asistieron a la santa Misa en la parroquia de Santa Cruz, cercana a la estación de Cádiz, ciudad a la que se dirigían. Portaban cuatro estandartes realizados en Sevilla y que mostraban a la Inmaculada, a san José, patrón de los obreros, el símbolo del apostolado de la oración y a la Virgen del Perpetuo Socorro. Al día siguiente el vapor los llevaría hasta Valencia, punto de arranque de la peregrinación, ya el día 11. No en vano el arzobispo Sancha de Valencia, que sería creado cardenal poco más tarde, era el alma de aquella gran peregrinación. Junto al prelado algunos notables empresarios españoles, entre los que destaca D. Claudio López Bru, II Marqués de Comillas y propietario de la Compañía Trasatlántica, un hombre empeñado además en poner en práctica las enseñanzas sociales del León XIII. Fue él quien puso a disposición de la organización los seis barcos que transportarían hasta Roma a los peregrinos.

Verdaderamente para el joven seminarista Manuel González aquella era la oportunidad de ir a Roma de balde, pues siguiendo las recomendaciones de la Circular del cardenal arzobispo de Sevilla, D. Benito Sanz y Fores, de 27 de febrero de aquel año, se dieron muchas oportunidades para que algunos pudiesen viajar gratis

¿Y para lo demás? Sabemos que aquel muchacho llevaba 25 pesetas para los gastos de un viaje que se prolongó hasta el 28 de abril y sabemos que se llevó una sorpresa con el cambio. Seguramente no había podido leer los avisos que recomendaban antes de salir de España cambiar la moneda a francos franceses u otros valores europeos en oro o plata, a riesgo sino de perder de un 20 a un 22 % de su valor. Seguro que aquellas 25 pesetas quedaron muy menguadas.

Silbatos y pedradas
Nuestro peregrino tendría otra sorpresa al llegar a Valencia, pues allí vivió, por primera vez, una situación de violencia provocada por el odio que desgraciadamente volvería a conocer. La noche del día 10, ante la llegada de los barcos que trasportaban a los sencillos peregrinos, se repartieron por la ciudad cientos de silbatos con los que estos fueron recibidos. No quedó ahí la cosa, y en el momento de acceder al barco algunos clérigos fueron alcanzados por las piedras que arrojaban los enemigos de aquella manifestación católica. Mucho se ha escrito sobre la importancia de aquella peregrinación para el desarrollo de la doctrina social en España. No faltaron quienes quisieron obtener réditos políticos pero seguramente, atento sobre todo a las palabras del anciano pontífice, Manuel González pudo escuchar entonces que las relaciones entre pobres y ricos debían regularse entre los deberes y los derechos mutuos, esto es, desde la justicia, y que las clases trabajadoras hallarían siempre en la Iglesia una «madre solícita de su bien». ¡Quién le iba a decir que años después tendría él oportunidad de hablar y escribir sobre el profundo significado cristiano de la justicia y de la caridad!

La peregrinación se organizó en dos turnos: el primero, en el que se encontraban los sevillanos, el de los que embarcaron en Valencia, llegó el día 14 y abandonó Roma el 18 de abril, después el segundo, el de los que embarcaron en Barcelona, llegaría el 21 y estaría hasta el 25 de abril.

Ceremonias especiales
El papa tuvo la deferencia de aprovechar la estancia de los peregrinos españoles en Roma para que tuviesen lugar dos ceremonias muy especiales: la beatificación de los andaluces Juan de Ávila y el capuchino Fray Diego José de Cádiz. La del primero fue en el Vaticano en la tarde del 15 de abril. Al día siguiente, los peregrinos tuvieron a primera hora de la mañana misa en Santa María la Mayor y después pudieron visitar Roma. El día 17 la Misa fue en San Lorenzo, la basílica en la que recibió sepultura Pío IX. A mediodía y mientras comían en el Vaticano, los peregrinos recibieron la visita del Embajador del España ante la Santa Sede, el Sr. Merry del Val. Su hijo Rafael haría de intérprete al día siguiente trasladando a los españoles las cariñosas palabras que les dedicara León XIII tras la Misa que él celebró. Con el tiempo sería cardenal, Secretario de Estado y además el enlace del arcipreste de Huelva con el papa Pío X. Tan feliz parecía el papa con los peregrinos que la prensa recogía una significativa anécdota que sucedió contestando a un cardenal que le planteaba determinados problemas. Dijo el papa: «Addesso non mi parlate di negozzi, son io questi giorni degli spagnuoli» (no me hable de asuntos, estos días estoy para los españoles). Contaban los periódicos también los detalles que León XIII tuvo con los peregrinos, preocupándose de que visitaran los museos y la biblioteca, alojando incluso a dos mil peregrinos en el Vaticano a sus expensas. Siendo del primer turno D. Manuel no estaría en la mañana del 22 de abril en la beatificación de Diego José de Cádiz. Ni en la misa de despedida que el martes 24 puso fin a la estancia en Roma de aquellos casi 8000 españoles.

El Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Sevilla publicaba que en la tarde del sábado 28 de abril regresaron en tren desde Cádiz los peregrinos sevillanos. Como habían hecho a la salida, también se dirigieron a la Iglesia de Santa Cruz donde se expuso el Santísimo y se entonó un Te Deum.

Santas coincidencias
En aquel viaje D. Manuel González coincidió, quizás por primera vez, con personas que más tarde serían importantes en su vida. Ya me he referido a D. Rafael Merry del Val, pero también se trasladaron a Roma en aquel abril de 1894 don Marcelo Spínola, entonces obispo de Málaga; el padre Vincent y, especialmente invitada por el arzobispo de Sevilla, sor Ángela de la Cruz. La madre Angelita viajaba acompañando a la madre Adelaida, que por la intercesión de Diego de Cádiz había curado la tuberculosis que sufría. No se encontró cómoda siendo agasajada y dijo «mis hermanos los obreros, que con tanto trabajo estaban para ver algo, y yo obrera como ellos, y cómo me favorecían las circunstancias» (ABC, edición de Sevilla, 5/11/1982, p. 21).

Ciertamente la prensa se preocupaba más por realzar la grandeza del Vaticano que por transmitir las palabras del León XIII. No podemos saber qué significó aquel viaje para el joven Manuel González, pero es fácil imaginar que esta experiencia estuviera presente cuando escribió: «He estado muchas veces entre obreros y he conseguido estrechar sus manos con las mías, meter mi mirada en sus ojos, mi pan en su estómago y hasta mi cariño en su corazón. Pero, ¡qué pena he sentido al ver que no podía meter a Cristo en su inteligencia y en su corazón! Y ¿quién es capaz de medir la distancia que hay entre un alma con Cristo y otra sin Cristo? Y si del obrero-individuo pasamos al obrero-masa, ¡Dios mío, qué ausencias tan espantosas de Cristo, qué distancias tan horribles!» (OO.CC. II, n. 1886).

Aurora Mª López Medina
Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: