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Encuentro FER de familias

29 enero 2018

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de enero de 2018.

Con Dios, ¡y en familia!

¡Hola, a todos! Nerviosa y emocionada. Así me encuentro en estos momentos, cuando tengo que redactar estas pocas líneas. Relatar lo vivido durante el Puente de la Inmaculada en el Encuentro de Familias, celebrado en Ibros (Jaén), junto a las hermanas de la UNER y varias familias cristianas, no me resulta sencillo porque son muchas las experiencias, mucho lo compartido y enorme lo recibido.


Para mí, creedme, supone un verdadero reto poder trasladaros dicha experiencia y lo gratificante que ha sido. Y pienso que no falto a la verdad cuando afirmo que todos los que hemos asistido, bajo la amable dirección del padre Argimiro Martín, que nos acompañó durante estos días, hemos regresado a casa siendo mejores cristianos, mejores padres, madres, hijos e hijas, en definitiva, mejores personas. Junto a Jesús Eucaristía se aprende a ser mejor porque se aprende a amar más.

Y eso que, al principio, no las tenía todas conmigo: pensaba que no podría ir. Pero se ve que la providencia hizo bien su trabajo y allá pude acudir con mi marido Isabelo y mis tres hijos, Luis (10 años), Juan Manuel (8) e Isabelo (5), para beneficio de todos.

Mi experiencia en Ibros ha sido tremendamente satisfactoria desde todos los puntos de vista, como puede ser el hecho de compartir con otras familias mi fe, hacer diferentes actividades en familia, junto a mis hijos, recibir las enseñanzas del sacerdote, poder reconciliarme con Dios por el Sacramento de la Penitencia. Pero lo más importante que me llevo en mi corazón ha sido ese encuentro con Jesús Eucaristía en el Sagrario. Una noche me desperté y caí en la cuenta de que estaba bajo el mismo techo que el Señor Jesús. Mi habitación estaba muy cerca de la capilla, algo nuevo y especial para mí. Él estaba allí, presente con nosotros, compartiendo con todos nuestras dudas y nuestras emociones, las dinámicas que hacíamos en familia, la comida en común. Éramos una verdadera comunidad cristiana, una Asamblea (¡sí, con mayúsculas!) que inspiraba a los niños y que reconfortaba a los mayores. Desde por la mañana hasta por la noche, bajo el manto del Señor y de su Madre.

No puedo extenderme más. Sí querría concluir con las enseñanzas recibidas. He comprendido mejor que en un matrimonio siempre existen diferencias, pero con amor, respeto y perdón, todo pasa y todo se supera. Siempre, por supuesto, junto a Dios, que es quien nos da la fuerza para poder seguir adelante a pesar de las dificultades. Familia que participa unida en la Eucaristía, es igual a familia unida para siempre por Jesús.

Espero haber resumido bien todas mis vivencias en Ibros y que os haya gustado y que haya sabido transmitir lo importante que es tener a Dios presente en nuestras vidas.

Marisa Senín Campillo (UNER Sevilla)
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